— Agencias 18/07/2026
Una innovadora interfaz cerebro-computadora podría devolver el sentido del tacto a las manos de personas que lo han perdido como consecuencia de una lesión en la médula espinal, según los resultados de una investigación reciente.
Los científicos informaron que esta tecnología de microestimulación cerebral ha permitido que cinco participantes vuelvan a percibir sensaciones táctiles cada vez que utilizan el dispositivo, y que ese beneficio se ha mantenido durante periodos de hasta diez años.
El autor principal del estudio, Robert Gaunt, profesor asociado de Medicina Física y Rehabilitación de la Universidad de Pittsburgh, afirmó que estos resultados representan un paso importante para demostrar que las interfaces cerebro-computadora pueden utilizarse de forma segura y eficaz tanto en entornos clínicos como, en el futuro, en los hogares de los pacientes.
El investigador destacó que uno de los aspectos más importantes del estudio fue comprobar que la tecnología continúa funcionando de manera confiable a lo largo de los años, ya que este tipo de dispositivos solo tendrá un impacto significativo en la calidad de vida de las personas si mantiene su eficacia y seguridad durante largos periodos.
Los hallazgos fueron publicados el 15 de julio en la revista Science Translational Medicine.
Las interfaces cerebro-computadora comenzaron a desarrollarse a principios de la década de 2010. Estos sistemas utilizan electrodos implantados en el cerebro para registrar la actividad neuronal y, mediante algoritmos informáticos, interpretar la intención del usuario. Esa información puede emplearse para controlar computadoras, prótesis robóticas u otros dispositivos de asistencia.
Desde 2015, investigadores de la Universidad de Pittsburgh comenzaron a explorar la posibilidad de utilizar esta tecnología para restaurar el sentido del tacto en personas con lesiones medulares.
Cinco años después, en 2020, implantaron los primeros electrodos en las áreas motora y sensorial del cerebro de un participante.
Sin embargo, aún era necesario responder una pregunta fundamental: si la tecnología podría seguir siendo segura y efectiva después de muchos años de uso.
Para responderla, cinco voluntarios con pérdida del sentido del tacto debido a lesiones en la médula espinal participaron en un seguimiento que se ha extendido por hasta una década.
Todos recibieron implantes cerebrales capaces de enviar pequeños impulsos eléctricos hacia la región de la corteza somatosensorial responsable de procesar las sensaciones provenientes de las manos. Esta zona del cerebro se encarga de interpretar estímulos como el tacto, la temperatura y el dolor.
A lo largo del estudio, los participantes recibieron en conjunto aproximadamente 168 millones de pulsos de estimulación cerebral para generar la percepción del tacto.
Los investigadores observaron que la microestimulación intracortical permaneció estable y segura durante todo el periodo de seguimiento. Además, las sensaciones continuaron localizándose en las manos y no se desplazaron hacia otras partes del cuerpo, incluso después de diez años con los implantes.
Como era de esperarse, las sensaciones desaparecían poco tiempo después de desactivar la estimulación eléctrica, por lo que el efecto solo se mantiene mientras el dispositivo está funcionando.
Con el paso del tiempo también se registró una disminución gradual en la sensibilidad de los electrodos implantados. En promedio, estos conservaron alrededor del 64 % de su funcionalidad varios años después de la cirugía.
A pesar de ello, los investigadores consideran que los resultados son alentadores. Charles Greenspon, autor principal del estudio y profesor adjunto de Neurocirugía de la Universidad de Chicago, señaló que estos hallazgos demuestran que la tecnología tiene el potencial de convertirse en una solución duradera y no solo en una herramienta utilizada en laboratorios de investigación.
Actualmente, el equipo continúa perfeccionando el sistema con el objetivo de que las sensaciones táctiles sean cada vez más naturales y de ofrecer a los usuarios un control más preciso y fluido del dispositivo en tiempo real.
Los investigadores también creen que esta tecnología podría tener aplicaciones futuras más allá de la restauración del tacto, ya que, en el futuro, podría contribuir a recuperar otros sentidos perdidos, como la audición o la visión.
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