Las olas de calor durante el embarazo podrían afectar al desarrollo cerebral del bebé

— Agencias 18/07/2026

El aumento de las temperaturas asociado al cambio climático podría representar un riesgo para el desarrollo cerebral de los niños, según sugiere una investigación reciente.

El estudio encontró que la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo podría estar relacionada con cambios en el desarrollo del cerebro que persisten durante la infancia e incluso la adolescencia.

Los investigadores observaron que estas alteraciones se producían en el tálamo, una estructura cerebral fundamental para procesar la información sensorial y regular funciones como el sueño, el estado de alerta y la conciencia.

La coautora del estudio, Esmée Essers, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, señaló que futuras investigaciones deberán analizar si la exposición al calor durante las primeras etapas de la vida contribuye al desarrollo de trastornos del neurodesarrollo y si las alteraciones en el tálamo podrían explicar esa posible relación.

La investigación incluyó a 3,251 niños de los Países Bajos que participan en un estudio de seguimiento iniciado en 2002, el cual evalúa su crecimiento, estado de salud y desarrollo desde el embarazo hasta la edad adulta.

La autora principal, Laura Granés, también investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, explicó que el objetivo fue determinar si la exposición al calor o al frío desde la concepción hasta los 8.5 años de edad se asociaba con cambios en el desarrollo cerebral durante la niñez tardía y la adolescencia, además de identificar las etapas en las que el cerebro resulta más vulnerable.

Para ello, los científicos utilizaron un modelo climático que reconstruyó las temperaturas ambientales registradas cada semana durante el embarazo de cada participante y calculó las temperaturas promedio mensuales durante la infancia hasta los 8.5 años de edad.

Posteriormente, compararon esos datos con los cambios observados en 11 regiones del cerebro mediante resonancias magnéticas realizadas cuando los participantes tenían 10 y 14 años.

Los resultados mostraron que únicamente el volumen del tálamo se relacionó con la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros años de vida.

Los investigadores explicaron que esta estructura cerebral comienza a desarrollarse muy temprano durante la gestación y requiere un abundante suministro de sangre, lo que podría hacerla especialmente sensible a las altas temperaturas. Además, el calor puede alterar el flujo sanguíneo hacia la placenta y el feto.

En concreto, los niños que durante la etapa fetal y los primeros meses de vida estuvieron expuestos a temperaturas promedio mensuales cercanas a los 20.5 °C mostraron un crecimiento más lento del tálamo entre los 9 y los 15 años de edad, en comparación con quienes estuvieron expuestos a temperaturas promedio de aproximadamente 12.5 °C durante esos mismos periodos del desarrollo.

Los autores plantean varias posibles explicaciones para esta asociación. Una de ellas es que el calor podría aumentar los niveles de hormonas relacionadas con el estrés en la madre, al mismo tiempo que disminuiría la capacidad de la placenta para proteger al feto frente a esos cambios hormonales.

Asimismo, las altas temperaturas podrían alterar la actividad de la serotonina, un neurotransmisor que desempeña un papel esencial en la formación de las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral durante el desarrollo.

Según los investigadores, estas modificaciones podrían tener repercusiones años después, ya que un crecimiento más lento del tálamo se ha asociado previamente con una mayor presencia de problemas de conducta durante la adolescencia, como comportamientos agresivos o el incumplimiento de normas.

No obstante, el estudio no encontró evidencia de que el menor crecimiento del tálamo estuviera relacionado con un peor rendimiento cognitivo.

Los autores consideran que estos hallazgos adquieren especial relevancia en un contexto de cambio climático, caracterizado por olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

La coordinadora del estudio, Mònica Guxens, profesora e investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, señaló que reducir la exposición al calor durante el embarazo y los primeros años de vida podría convertirse en una medida importante para proteger el desarrollo cerebral de los niños conforme continúan aumentando las temperaturas a nivel mundial.

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