— Daniela Cordova 17/07/2026
El abrazo que esperaron posiblemente por años por fin llegó; los menores dejaron las casas hogar Galilea y Alba Moreira para comenzar una nueva vida rodeados de amor, esperanza y familia.
La espera terminó. Este viernes 17 de julio, ocho niñas y niños que durante años vivieron en casas hogar de Monclova cerraron definitivamente uno de los capítulos más difíciles de sus vidas para comenzar otro lleno de esperanza. Después del anuncio realizado la semana pasada sobre la conclusión de sus procesos de adopción, la titular de la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (PRONNIF), Martha Herrera, confirmó que los menores finalmente fueron entregados de manera oficial a sus nuevas familias, quienes desde hoy los reciben como hijos, con el compromiso de brindarles el amor, la protección y la estabilidad que durante mucho tiempo esperaron.
La funcionaria destacó que con este paso no solo concluye un trámite legal, sino que se hace realidad el derecho de ocho pequeños a crecer dentro de un hogar. Detrás de cada adopción hay historias de espera, de incertidumbre y de un anhelo silencioso por pertenecer a una familia que hoy, finalmente, dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad.
El comienzo de una nueva historia
Los menores, cuyas edades oscilan entre los 3 y los 12 años, algunos de ellos pertenecientes a grupos de hermanos, permanecían bajo el resguardo de las casas hogar Alba Moreira y Galilea, donde recibieron atención integral mientras su situación jurídica era resuelta. Durante ese tiempo fueron acompañados por especialistas que no solo velaron por su bienestar, sino también por preparar el momento en que pudieran integrarse a una familia definitiva. Cada uno cargaba una historia distinta, pero compartían el mismo deseo: encontrar un lugar al que pudieran llamar hogar.
Un vínculo construido con paciencia y cariño
Martha Herrera recordó que estas adopciones fueron posibles después de concluir satisfactoriamente el proceso de convivencias preadoptivas, una etapa en la que las familias y los menores tuvieron la oportunidad de conocerse poco a poco, construir confianza y desarrollar un vínculo afectivo antes de formalizar la integración. Ese tiempo permitió que el encuentro entre padres e hijos ocurriera de manera natural, reduciendo los temores y fortaleciendo los lazos emocionales que hoy comienzan a escribirse fuera de las paredes de un centro de asistencia social.
Más familias abren su corazón
La titular de PRONNIF resaltó que cada vez son más las familias dispuestas a adoptar no solo bebés, sino también niños de mayor edad, menores con discapacidad e incluso grupos de hermanos, lo que representa un avance significativo para garantizar el derecho de más niñas y niños a vivir en familia. A pesar de esta noticia que llena de esperanza, aún permanecen siete menores con su situación jurídica resuelta esperando que alguien decida abrirles las puertas de su hogar.
Para ellos, la historia todavía continúa. Mientras ocho pequeños hoy comienzan una vida completamente distinta, otros siguen esperando que un abrazo, una mesa compartida y unas palabras sencillas como "bienvenido a casa" también lleguen algún día para cambiar su destino para siempre.

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