Los pacientes indisciplinados estresan al personal de urgencias y socavan la atención

— Agencias 15/07/2026

La muerte no ocurre de forma instantánea, sino que constituye un proceso biológico gradual en el que los distintos órganos y sistemas del cuerpo dejan de funcionar de manera progresiva.

Según especialistas en medicina crítica, cuidados paliativos y fisiología humana, el orden en que esto sucede puede variar dependiendo de factores como la causa del fallecimiento, la edad y las condiciones de salud de cada persona. No obstante, la evidencia médica ha identificado una serie de patrones que suelen repetirse con frecuencia.

Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Sociedad Europea de Medicina Intensiva y diversas asociaciones dedicadas a los cuidados paliativos señalan que, cuando una persona entra en la etapa final de la vida, varios sistemas del organismo comienzan a perder gradualmente su capacidad para sostener las funciones vitales. A continuación, se describen algunos de los órganos y sistemas que habitualmente muestran cambios durante este proceso.

Riñones: los primeros en reducir su funcionamiento

Los riñones suelen ser de los primeros órganos en evidenciar el deterioro propio de la fase final de la vida. A medida que disminuye el flujo sanguíneo, también se reduce la cantidad de sangre que filtran, provocando una marcada disminución en la producción de orina.

Como resultado, la persona orina cada vez menos e incluso puede dejar de hacerlo por completo durante las últimas horas o días. Los especialistas consideran este fenómeno un signo de que el organismo está redirigiendo la circulación hacia los órganos más importantes para mantener sus funciones esenciales.

Sistema digestivo: disminuye la necesidad de alimentarse

Conforme avanza el proceso de morir, el sistema digestivo reduce considerablemente su actividad. Al disminuir el metabolismo, el cuerpo necesita menos energía para mantenerse, por lo que el apetito y la sensación de sed suelen desaparecer de manera natural.

Asimismo, la digestión se vuelve más lenta y disminuye el movimiento del tracto gastrointestinal. Los expertos en cuidados paliativos destacan que esta pérdida de apetito forma parte del proceso normal y, por lo general, no representa una fuente de sufrimiento para el paciente.

Intestinos: el tránsito intestinal se hace más lento

El funcionamiento de los intestinos también se reduce progresivamente. La ralentización del tránsito intestinal favorece la aparición de estreñimiento y, en muchos casos, el cese completo de las evacuaciones durante los últimos días de vida.

Los médicos atribuyen estos cambios a la disminución del metabolismo, la escasa movilidad y la reducción en el consumo de alimentos y líquidos. En el entorno hospitalario, el manejo de esta situación suele enfocarse en proporcionar la mayor comodidad posible al paciente.

Hígado: disminuye su capacidad metabólica

Aunque el hígado continúa desempeñando sus funciones durante buena parte del proceso, la reducción del flujo sanguíneo hace que gradualmente pierda eficacia para metabolizar medicamentos y eliminar sustancias de desecho.

Los especialistas indican que esta disminución puede alterar el equilibrio metabólico del organismo y modificar la respuesta a ciertos tratamientos, razón por la cual los equipos médicos ajustan la atención durante la etapa terminal.

Pulmones: aparecen cambios en la respiración

En las fases finales de la vida es habitual observar alteraciones importantes en el patrón respiratorio. Los pulmones funcionan con menor eficiencia y la respiración puede volverse irregular, con pausas cada vez más prolongadas.

Uno de los patrones más conocidos es la respiración de Cheyne-Stokes, caracterizada por la alternancia entre respiraciones profundas y periodos sin respiración. Los especialistas señalan que este fenómeno es frecuente en pacientes que se encuentran en situación terminal.

Corazón: disminuye la fuerza del bombeo

Aunque el corazón continúa latiendo hasta las últimas etapas, su capacidad para impulsar la sangre va disminuyendo conforme el organismo pierde fuerza.

Esta reducción provoca un descenso de la presión arterial y hace que las manos, los pies y otras extremidades se sientan frías, debido a que la circulación se concentra en órganos fundamentales como el cerebro y el propio corazón. Se trata de una respuesta fisiológica esperada durante el proceso de muerte.

Cerebro: disminuye el nivel de conciencia

El cerebro también experimenta cambios importantes al reducirse el aporte de oxígeno y de sangre. Como consecuencia, la persona permanece dormida durante más tiempo y responde cada vez menos a los estímulos del entorno.

Los especialistas indican que muchas personas pasan largos periodos inconscientes antes del fallecimiento. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que la capacidad para percibir sonidos podría mantenerse durante más tiempo, por lo que recomiendan seguir hablándole al paciente de manera serena y respetuosa.

Piel: evidencia los cambios en la circulación

La piel suele reflejar de forma visible las modificaciones que experimenta la circulación sanguínea. Es frecuente que adopte una coloración pálida, azulada o con manchas irregulares, especialmente en manos, pies y piernas.

Los expertos explican que estas alteraciones no necesariamente indican dolor, sino que responden a la redistribución de la sangre hacia los órganos que aún requieren un mayor aporte para mantenerse activos.

Sistema nervioso: cesa la coordinación de las funciones vitales

En la etapa final, el sistema nervioso pierde progresivamente la capacidad de coordinar las funciones esenciales del organismo. Los reflejos desaparecen y los distintos órganos dejan de recibir el control necesario para mantener su funcionamiento normal.

Cuando la actividad cerebral y la circulación sanguínea cesan de manera irreversible, los médicos certifican la muerte conforme a los criterios clínicos establecidos. Aunque el orden en que fallan los órganos puede variar según cada caso, los especialistas coinciden en que la muerte representa un proceso gradual en el que múltiples sistemas dejan de funcionar progresivamente.

¿Todos los órganos dejan de funcionar siguiendo el mismo orden?

Los expertos aclaran que no existe una secuencia idéntica para todas las personas. Factores como la enfermedad que provoca el fallecimiento, lesiones traumáticas, padecimientos previos o la edad influyen en el momento en que cada órgano pierde su función.

Por ello, los cambios descritos deben entenderse como tendencias observadas con frecuencia en la práctica médica y no como una regla universal. Cada persona experimenta un proceso diferente, por lo que la atención médica y los cuidados paliativos deben adaptarse de forma individual para ofrecer el mayor bienestar posible durante la etapa final de la vida.

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