— Edith Gámez 14/07/2026
Familiares confesaron que anhelaban verla por última vez, acariciar su rostro y decirle adiós, pero las condiciones en que fue entregado el cuerpo hicieron imposible cumplir ese deseo.
El silencio que envolvió la Funeraria Latinoamericana de Monclova solo era interrumpido por el llanto de una familia destrozada. El último adiós a Silvia Araceli, víctima de un presunto feminicidio, estuvo marcado por el dolor de no poder verla una vez más. Su féretro permaneció completamente cerrado debido al estado en que fue entregado su cuerpo tras las investigaciones ministeriales, una imagen que profundizó la tristeza de quienes solo querían despedirse de ella. Sin misa y con el corazón hecho pedazos, sus seres queridos la acompañaron este martes hasta el panteón Estancias de Santa Ana, donde descansará mientras ellos continúan una sola batalla: exigir justicia.
Un adiós que jamás imaginaron vivir
El tío de Silvia Araceli, Martín Rodríguez García, relató que la familia recibió el cuerpo este lunes, luego de que concluyeran las diligencias de la Fiscalía. Explicó que entre la madrugada en que ocurrió el crimen y el momento en que fue localizada transcurrieron entre 12 y 16 horas, situación que, junto con las lesiones sufridas, provocó que el cuerpo llegara en condiciones que impidieron abrir el ataúd. La familia tomó la difícil decisión de sepultarla sin una misa previa, resignándose a no poder contemplar por última vez el rostro de la mujer que recordarán como hija, madre, hermana y sobrina.

El dolor de una familia que asegura haber visto venir la tragedia
Mientras recibía abrazos y palabras de consuelo, Martín confesó que durante años presenciaron episodios de violencia contra Silvia Araceli. Contó que le insistieron en repetidas ocasiones que se alejara de quien, aseguran, la agredía física y emocionalmente. Recordó que existió una orden de restricción y que incluso él llegó a enfrentar al presunto responsable para defender a su sobrina. Hoy, con la impotencia reflejada en el rostro, lamenta que aquellas advertencias no fueran suficientes para evitar un desenlace que considera devastador para toda la familia.

Una madre que cambió los abrazos por una exigencia de justicia
Entre lágrimas, Juanita Ramos, madre de Silvia Araceli, apenas encontraba fuerzas para hablar. Su voz se quebraba al recordar a la hija que, dijo, era una mujer trabajadora, dedicada a sacar adelante a sus hijas y siempre responsable en su empleo. Expresó que ya no espera milagros; solo desea que el presunto responsable sea encontrado y enfrente las consecuencias de sus actos. Para ella, el dolor no desaparecerá, pero confía en que la justicia pueda darle algo de paz a una familia que perdió a una de sus integrantes de la forma más cruel.

Un hermano que nunca dejó de defenderla
El hermano de la víctima, Miguel Ochoa, aseguró que las agresiones eran constantes y que en varias ocasiones intervino para proteger a Silvia. Recordó al hombre señalado como una persona violenta y afirmó que intentó localizarlo después de los hechos, aunque sin éxito. Su mensaje fue directo: pidió que deje de esconderse y se entregue a las autoridades. Para Miguel, cada día que permanece prófugo representa una nueva herida para quienes aún no asimilan la ausencia de su hermana.

El féretro cerrado se convirtió en el símbolo del dolor
La imagen que más marcó la despedida fue la de un ataúd que nadie pudo abrir. Familiares confesaron que anhelaban verla por última vez, acariciar su rostro y decirle adiós, pero las condiciones en que fue entregado el cuerpo hicieron imposible cumplir ese deseo. El féretro sellado terminó convirtiéndose en el reflejo del sufrimiento que vive la familia, que no solo enfrenta la pérdida de Silvia Araceli, sino también la imposibilidad de despedirse como hubieran querido.

Justicia, el único consuelo que hoy mantiene unida a la familia
Cuando el cortejo fúnebre salió rumbo al panteón Estancias de Santa Ana, las lágrimas acompañaron cada paso. No hubo misa, tampoco largas ceremonias. Solo el abrazo entre familiares, amigos y conocidos que compartían la misma esperanza: que el presunto responsable sea localizado y llevado ante la justicia. Mientras Silvia Araceli recibía el último adiós, su familia dejó claro que su historia no terminará con la sepultura.

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