Los 9 errores que debes evitar para proteger tu salud cardiovascular

— Agencias 13/07/2026

La demencia constituye uno de los principales retos para la salud pública debido al envejecimiento de la población. Aunque la edad continúa siendo el factor de riesgo más importante, cada vez existe más evidencia de que ciertos hábitos cotidianos pueden contribuir a proteger el cerebro y retrasar el deterioro cognitivo.

Especialistas en neurología destacan que la prevención debe comenzar mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. Mantener un estilo de vida saludable, controlar las enfermedades crónicas y estimular constantemente la mente son estrategias que han demostrado favorecer la conservación de las funciones cognitivas a lo largo del tiempo.

El neurólogo Juan B. Toledo Atucha, del Hospital Houston Methodist, explica que muchos factores asociados con la demencia pueden modificarse y que sus efectos se acumulan durante toda la vida. Por ello, adoptar hábitos saludables desde edades tempranas ayuda a desarrollar una mayor reserva cerebral para afrontar mejor los cambios propios del envejecimiento.

La demencia engloba distintos trastornos

Aunque suele hablarse de la demencia como si fuera una sola enfermedad, en realidad se trata de un conjunto de trastornos que deterioran progresivamente la memoria, el lenguaje, el razonamiento, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más frecuente, seguida por la demencia vascular y la demencia por cuerpos de Lewy. En muchos pacientes pueden coexistir varios tipos de alteraciones cerebrales, lo que hace más complejo su diagnóstico y tratamiento.

Los avances científicos también han permitido desarrollar biomarcadores capaces de detectar cambios cerebrales entre 10 y 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas, lo que abre la posibilidad de intervenir de manera más temprana.

Factores que no pueden modificarse

La edad sigue siendo el principal factor de riesgo para desarrollar demencia. Después de los 65 años, la probabilidad aumenta considerablemente y, en el caso del Alzheimer, prácticamente se duplica cada cinco años. Entre las personas mayores de 85 años, aproximadamente una de cada tres puede vivir con esta enfermedad.

La genética también influye, aunque los especialistas aclaran que los casos causados por una única mutación genética representan menos del 1 % del total. En la mayoría de las personas, el riesgo depende de la interacción entre múltiples variantes genéticas y factores relacionados con el ambiente y el estilo de vida.

Asimismo, algunas variantes genéticas, como APOE-ε4, pueden modificar el riesgo de manera distinta según la ascendencia y el origen genético de cada población.

La salud cardiovascular también protege al cerebro

Diversas investigaciones han demostrado que el buen funcionamiento del corazón, los vasos sanguíneos y los pulmones es esencial para mantener un cerebro saludable.

Cuando el sistema cardiovascular funciona adecuadamente, el cerebro recibe el oxígeno y los nutrientes necesarios para desempeñar sus funciones normales. Por el contrario, enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la obesidad y el colesterol LDL elevado incrementan el riesgo de deterioro cognitivo.

Controlar estos padecimientos no solo disminuye la probabilidad de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares, sino que también ayuda a preservar la memoria y otras capacidades mentales durante el envejecimiento.

La reserva cognitiva: una defensa natural del cerebro

Los neurólogos utilizan el concepto de reserva cognitiva para describir la capacidad del cerebro de compensar parcialmente los daños ocasionados por enfermedades neurodegenerativas.

En términos sencillos, un cerebro que ha permanecido activo durante años desarrolla una mayor cantidad de conexiones neuronales y mecanismos de adaptación que le permiten resistir mejor el deterioro.

Esta reserva se construye a lo largo de toda la vida mediante el aprendizaje continuo, la actividad física, las relaciones sociales, una alimentación saludable y el adecuado control de la salud.

Cinco hábitos que ayudan a cuidar el cerebro

Mantener la mente en constante aprendizaje

Aprender un nuevo idioma, leer con frecuencia, resolver crucigramas o Sudoku, tocar un instrumento musical o desarrollar un pasatiempo nuevo son actividades que estimulan distintas áreas del cerebro.

Diversos estudios indican que el aprendizaje permanente fortalece las conexiones neuronales y puede aumentar la resistencia frente al deterioro cognitivo. Incluso el nivel educativo y la participación en actividades intelectuales parecen ejercer un efecto protector durante la vejez.

Conservar una vida social activa

Las relaciones con familiares, amigos y grupos comunitarios también favorecen la salud cerebral.

Conversar, compartir experiencias y participar en actividades sociales obliga al cerebro a interpretar información, comprender emociones y responder de manera constante.

Además, el aislamiento social se ha relacionado con un mayor riesgo de depresión, condición que también puede aumentar la probabilidad de desarrollar demencia.

Participar en talleres, realizar voluntariado o integrarse a grupos recreativos son opciones para mantener esta dimensión de la salud.

Corregir problemas de visión y audición

La pérdida de la audición y las alteraciones visuales no deben considerarse simplemente una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Las investigaciones sugieren que una parte importante de los casos de demencia podría estar relacionada con la pérdida auditiva no tratada durante la mediana edad.

Utilizar auxiliares auditivos cuando son necesarios, actualizar la graduación de los lentes o tratar enfermedades como las cataratas puede mejorar la comunicación, reducir el aislamiento y mantener una mayor estimulación cerebral.

Dormir lo suficiente

Durante el sueño, el cerebro organiza la información adquirida durante el día y consolida los recuerdos.

Dormir pocas horas o padecer trastornos como el insomnio crónico o la apnea obstructiva del sueño puede afectar la memoria, la concentración y otras funciones cognitivas.

Los especialistas recomiendan acudir al médico cuando existen ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño o cansancio persistente al despertar.

Proteger la cabeza de lesiones

Los traumatismos craneales también representan un factor de riesgo para el deterioro cerebral.

El uso del cinturón de seguridad, del casco durante actividades deportivas o al conducir motocicletas, así como la prevención de caídas en personas mayores, ayuda a disminuir el riesgo de lesiones cuyos efectos pueden acumularse con el paso del tiempo.

¿Cuándo es recomendable acudir al médico?

Olvidar ocasionalmente dónde se dejaron las llaves o el nombre de una persona no significa necesariamente que exista una enfermedad.

Sin embargo, es importante solicitar una valoración médica cuando los problemas de memoria comienzan a interferir con las actividades diarias o aparecen dificultades para realizar tareas habituales.

También conviene prestar atención a señales como:

Perderse en lugares conocidos. Confusión respecto al tiempo o al lugar. Cambios importantes en la capacidad de juicio. Olvidar conversaciones recientes de forma repetitiva. Cambios bruscos en el estado de ánimo o la personalidad.

Una evaluación temprana puede ayudar a identificar causas tratables, iniciar intervenciones oportunas y establecer estrategias para retrasar la progresión del deterioro cognitivo.

Cuidar el cerebro es una inversión para el futuro

La evidencia científica muestra que, aunque la edad y la genética influyen en el desarrollo de la demencia, muchos factores relacionados con el estilo de vida pueden modificarse.

Mantener una alimentación equilibrada, controlar enfermedades como la hipertensión y la diabetes, realizar actividad física de manera regular, estimular la mente, conservar una vida social activa, dormir bien y proteger la cabeza frente a lesiones son medidas que fortalecen la reserva cognitiva y favorecen un envejecimiento cerebral más saludable.

Los especialistas coinciden en que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para comenzar a cuidar el cerebro. Cada hábito saludable incorporado hoy puede contribuir a preservar la memoria, la autonomía y la calidad de vida durante los próximos años.

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