— Agencias 13/07/2026
Existe una medida simple y accesible que puede contribuir a prevenir el aumento de grasa corporal y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de desarrollar diversas enfermedades crónicas: dormir lo suficiente cada noche.
Más allá de la alimentación y la actividad física, mantener un horario regular de descanso se ha convertido en un factor esencial para conservar un buen estado de salud. Cada vez más estudios demuestran que la calidad y la duración del sueño influyen directamente en el peso, el metabolismo y el funcionamiento general del organismo.
Dormir poco, aunque sea ligeramente, puede favorecer el aumento de peso
Durante años, la mayoría de las investigaciones sobre la falta de sueño se enfocaron en personas que descansaban apenas cuatro horas por noche. Sin embargo, la realidad de gran parte de la población es distinta: muchas personas reducen su tiempo de sueño de forma moderada, pero constante.
Actualmente, se estima que cerca del 30 % de los adultos presenta este tipo de déficit de descanso. Para evaluar sus efectos, un estudio clínico reclutó a personas con hábitos saludables que normalmente dormían entre siete y ocho horas diarias. Como parte del experimento, únicamente se les pidió retrasar su hora habitual de dormir 90 minutos.
Una hora y media menos de sueño puede reflejarse en la báscula
Los resultados mostraron que, aunque los participantes seguían durmiendo entre cinco y seis horas por noche —una cantidad común en muchas personas con jornadas laborales exigentes—, registraron un aumento promedio de medio kilogramo después de solo seis semanas.
Faris Zuraikat, profesor asistente de Medicina Nutricional en la Universidad de Columbia y autor del estudio, señaló que, si esta tendencia se mantiene durante un año, dormir una hora y media menos cada noche podría traducirse en un aumento de aproximadamente cuatro kilogramos de peso corporal, aun sin realizar cambios importantes en la alimentación.
Dormir menos también favorece el sedentarismo
Los investigadores observaron que la falta de sueño no solo afecta el metabolismo, sino también el comportamiento diario.
Las personas que descansaban menos mostraron menor disposición para realizar actividad física y pasaban más tiempo inactivas.
En términos generales, los participantes permanecieron alrededor de 17 minutos adicionales al día realizando actividades sedentarias.
En grupos considerados más vulnerables, como los hombres mayores y las mujeres posmenopáusicas, el impacto fue aún mayor, alcanzando cerca de 30 minutos diarios adicionales de inactividad.
Zuraikat explicó que, aunque quienes dormían menos permanecían despiertos durante más tiempo, ese tiempo extra no se destinaba a actividades físicas, sino a permanecer sentados o con muy poco movimiento, una conducta asociada con un mayor riesgo de enfermedades crónicas.
Además, la fatiga favoreció un incremento en el consumo de alimentos ricos en grasas, azúcares y carbohidratos, ya que el organismo busca obtener energía de forma rápida.
El corazón y el metabolismo también resienten la falta de descanso
Las consecuencias de dormir poco van más allá del aumento de peso.
Dormir menos de las siete horas recomendadas mantiene al organismo en un estado de alerta constante que favorece la inflamación y el aumento de la presión arterial.
Durante un sueño adecuado, la presión disminuye de forma natural, permitiendo que el sistema cardiovascular descanse. Cuando este proceso se interrumpe de manera habitual, el corazón trabaja bajo una mayor carga, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
El metabolismo también resulta afectado.
La falta prolongada de sueño puede elevar los niveles de glucosa en sangre y favorecer la aparición de resistencia a la insulina, una condición considerada el principal antecedente de la diabetes tipo 2.
Diversas investigaciones indican que este riesgo puede incrementarse entre un 40 % y un 80 %, dificultando que el organismo procese correctamente la glucosa y favoreciendo su almacenamiento en forma de grasa.
Dormir bien también protege al cerebro
El descanso nocturno es igualmente esencial para la salud cerebral.
Estudios recientes han relacionado dormir menos de siete horas con un mayor riesgo de desarrollar lesiones cerebrales vinculadas con enfermedades neurodegenerativas, como la demencia y el Alzheimer.
Durante las fases profundas del sueño, el cerebro realiza procesos fundamentales para su funcionamiento, entre ellos:
Reparar células nerviosas. Consolidar los recuerdos y favorecer el aprendizaje. Eliminar toxinas y desechos metabólicos acumulados durante el día.
Cuando el sueño se interrumpe de manera frecuente debido al insomnio, ronquidos intensos, apnea del sueño, siestas prolongadas o despertares constantes, estos mecanismos naturales de mantenimiento cerebral no se completan adecuadamente.
Mejorar el descanso también puede formar parte del tratamiento
La relación entre el sueño y la salud funciona en ambos sentidos.
Así como dormir poco favorece el aumento de peso, perder peso también puede mejorar la calidad del descanso.
Reducir el exceso de peso ayuda a disminuir el dolor articular, la inflamación y la obstrucción de las vías respiratorias, factores que suelen alterar el sueño y aumentar el riesgo de padecer apnea.
Por ello, los especialistas consideran que priorizar un descanso adecuado no debe verse como un lujo, sino como una necesidad para preservar la salud. Acostarse a una hora regular y dormir al menos siete horas cada noche puede convertirse en una de las medidas más sencillas y efectivas para mantener un peso saludable, proteger el corazón, cuidar el cerebro y reducir el riesgo de enfermedades crónicas a largo plazo.
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