— Agencias 12/07/2026
Ninguna bebida, por sí sola, provoca o evita el desarrollo del cáncer. Sin embargo, la evidencia científica indica que el consumo habitual de ciertas bebidas puede favorecer factores relacionados con un mayor riesgo, como el aumento de peso, la inflamación crónica, el consumo elevado de alcohol o la exposición constante a sustancias potencialmente perjudiciales.
Por esta razón, instituciones como la Sociedad Americana del Cáncer (ACS), el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (AICR) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan moderar el consumo de determinadas bebidas dentro de un estilo de vida enfocado en la prevención de enfermedades.
La recomendación no implica necesariamente eliminarlas por completo en todos los casos, sino comprender cuáles pueden representar un riesgo cuando se consumen con frecuencia o en exceso. Estas son algunas de las bebidas que los especialistas en oncología y prevención suelen aconsejar limitar.
Bebidas alcohólicas
El consumo de alcohol mantiene una relación comprobada con un mayor riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer, entre ellos cáncer de mama, hígado, colon y recto, esófago y cavidad oral.
La Organización Mundial de la Salud señala que no existe una cantidad totalmente libre de riesgo cuando se analiza la relación entre alcohol y cáncer. Por ello, la reducción del consumo representa una medida importante para disminuir la exposición a este factor de riesgo.
Refrescos y bebidas con alto contenido de azúcar
Las bebidas azucaradas, como los refrescos, aportan grandes cantidades de azúcares añadidos y pueden contribuir al aumento de peso y la obesidad. La obesidad está asociada con un incremento del riesgo de desarrollar múltiples tipos de cáncer.
Optar por agua natural o bebidas sin azúcar puede favorecer un mejor control del peso corporal y beneficiar la salud metabólica.
Bebidas energéticas
Las bebidas energéticas suelen contener elevadas cantidades de azúcar, cafeína y otros estimulantes. Aunque no existe evidencia que las relacione directamente con la aparición de cáncer, su consumo frecuente puede favorecer un exceso de calorías y afectar aspectos como la salud cardiovascular y metabólica.
Los expertos recomiendan limitar especialmente su consumo en adolescentes, personas con enfermedades crónicas o quienes presentan factores de riesgo relacionados con el corazón y el metabolismo.
Café consumido a temperaturas muy altas
El café, como bebida, no ha demostrado aumentar el riesgo de cáncer; incluso algunas investigaciones han encontrado posibles beneficios asociados a su consumo moderado.
El principal problema está relacionado con la temperatura. La Organización Mundial de la Salud advierte que ingerir bebidas extremadamente calientes, superiores aproximadamente a 65 °C, puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago debido al daño repetitivo que generan en los tejidos.
Tés e infusiones servidos demasiado calientes
Al igual que ocurre con el café, el riesgo no se encuentra necesariamente en la bebida, sino en consumirla a temperaturas excesivamente elevadas.
Permitir que el té, las infusiones u otras bebidas calientes se enfríen durante algunos minutos antes de beberlas puede disminuir la irritación repetida del revestimiento del esófago y reducir posibles daños asociados.
Malteadas y bebidas con gran cantidad de azúcar añadido
Algunas bebidas como malteadas, frappés y cafés preparados con jarabes, cremas y azúcares añadidos pueden contener una cantidad elevada de calorías.
Su consumo frecuente puede favorecer el aumento de peso, un factor que la Sociedad Americana del Cáncer considera modificable para reducir la probabilidad de desarrollar diferentes enfermedades relacionadas con el cáncer.
Jugos procesados con azúcares añadidos
Aunque algunos jugos industrializados contienen derivados de frutas, muchos aportan grandes cantidades de azúcar libre y tienen poca fibra en comparación con la fruta entera.
Los especialistas recomiendan priorizar el consumo de frutas completas, ya que proporcionan fibra y nutrientes esenciales, mientras que los jugos procesados deberían reservarse para ocasiones ocasionales dentro de una alimentación equilibrada.
En conclusión, la prevención del cáncer depende de múltiples factores relacionados con el estilo de vida, la genética y el ambiente. Reducir el consumo frecuente de bebidas con exceso de alcohol, azúcar o temperaturas extremas puede formar parte de una estrategia integral para disminuir riesgos y favorecer una mejor salud a largo plazo.
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