¿El peso de los padres influye en el de sus hijos? Estudio revela el papel de la genética

— Agencias 09/07/2026

Durante mucho tiempo se ha considerado que el peso corporal de madres y padres puede influir en la posibilidad de que sus hijos desarrollen obesidad.

La explicación tradicional suele centrarse en factores como la alimentación durante el embarazo, los hábitos familiares o el estilo de vida del hogar. Sin embargo, un nuevo análisis basado en información de más de 85 mil niños en Noruega plantea que una parte importante de esta relación podría estar determinada por factores genéticos.

La investigación utilizó datos de la Cohorte de Madres, Padres e Hijos de Noruega para evaluar si el índice de masa corporal (IMC) de los padres alrededor del embarazo estaba relacionado con diferentes aspectos del desarrollo infantil, como el peso al nacer, el IMC de los hijos hasta los 8 años y algunos patrones de conducta alimentaria durante la infancia.

Los investigadores buscaron responder una pregunta fundamental: cuando un niño presenta un peso similar al de sus padres, ¿esto ocurre porque el peso materno o paterno afecta directamente su desarrollo, o porque existe una transmisión genética que influye en esa característica?

¿Qué reveló el estudio sobre la relación entre el IMC de padres e hijos?

Para analizar esta relación, los científicos compararon el IMC de la madre antes del embarazo y el del padre durante la gestación con diferentes indicadores de salud de los niños.

Los análisis de regresión incluyeron información de hasta 85 mil 866 menores, mientras que los modelos de ecuaciones estructurales utilizaron datos de hasta 50 mil 999 participantes.

Uno de los resultados más relevantes fue que el IMC materno mostró una asociación más fuerte con el peso del bebé al nacer en comparación con el IMC paterno. Esto podría indicar que el entorno dentro del útero tiene influencia durante las primeras etapas del desarrollo fetal.

Sin embargo, esta diferencia entre madres y padres disminuyó cuando los investigadores observaron el peso de los niños después del nacimiento.

Desde los 6 meses de edad hasta los 8 años, la relación entre el IMC de los padres y el de los hijos parecía estar explicada principalmente por la herencia genética.

En los niños de 8 años, el modelo estadístico estimó que los factores genéticos explicaban aproximadamente el 79% de la relación entre el IMC materno y el infantil, mientras que en el caso del IMC paterno la influencia genética alcanzaba cerca del 94%.

La genética influye, pero no determina el destino

Aunque el estudio destaca el papel de la genética, esto no significa que la obesidad infantil sea inevitable ni que los hábitos saludables carezcan de importancia.

Los propios investigadores señalan que los resultados deben interpretarse con precaución, ya que el análisis se realizó únicamente con una población específica: niños noruegos nacidos entre 1999 y 2009.

Además, el estudio reconoce algunas limitaciones, como la selección de participantes, la pérdida de seguimiento de algunos niños y la posibilidad de que los resultados no sean exactamente iguales en países con diferentes condiciones sociales, económicas o tasas de obesidad.

Uno de los planteamientos principales del trabajo es que disminuir el IMC de los padres no necesariamente provocaría por sí solo una reducción directa del IMC de los hijos.

Esta conclusión cuestiona la idea de que el peso de la madre antes o durante el embarazo tenga un efecto causal fuerte y exclusivo sobre la acumulación de grasa corporal en los niños.

También analizaron los hábitos alimentarios infantiles

La investigación no se limitó al peso corporal. Los científicos también estudiaron ciertos comportamientos relacionados con la alimentación mediante el Cuestionario de Comportamiento Alimentario Infantil aplicado a los 8 años.

Los resultados mostraron que un mayor IMC parental estaba relacionado con conductas alimentarias asociadas con mayor riesgo de obesidad en los hijos.

No obstante, los investigadores encontraron que esta relación también podría estar influenciada por factores heredados y no únicamente por el ambiente familiar o los hábitos aprendidos en casa.

Este hallazgo resulta relevante porque muchas veces la conducta alimentaria infantil se atribuye exclusivamente a la educación nutricional recibida en el hogar. El estudio plantea que aspectos como la sensación de hambre, la respuesta ante los alimentos o ciertas preferencias alimentarias también pueden tener una base biológica.

¿Qué implica esto para las familias?

La investigación no elimina la importancia de factores como una alimentación equilibrada, la actividad física regular, un buen descanso y un entorno saludable durante la infancia.

Más bien, propone una visión más amplia: el peso infantil es resultado de múltiples factores y no puede atribuirse únicamente a las decisiones de los padres.

Este enfoque también puede ayudar a disminuir el estigma asociado con la obesidad. Si una parte considerable de la relación entre el peso de padres e hijos está relacionada con la genética, entonces la obesidad infantil debe entenderse como una condición compleja y no como una falta de disciplina, esfuerzo o responsabilidad familiar.

El estudio concluye que las similitudes entre el IMC de padres e hijos parecen estar explicadas principalmente por componentes genéticos. Sin embargo, esto no significa que la prevención sea imposible.

Por el contrario, indica que las estrategias para combatir la obesidad infantil deben integrar la biología, los hábitos de vida, el entorno social y las condiciones económicas, evitando reducir el problema únicamente a la fuerza de voluntad o a la culpa.

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