— Agencias 09/07/2026
La higiene de las brochas de maquillaje es un aspecto clave para el cuidado de la piel. Cuando no se limpian con frecuencia, acumulan restos de cosméticos, grasa, células muertas y microorganismos que pueden favorecer la aparición de acné, irritaciones cutáneas e incluso algunas infecciones.
Tanto la Academia Americana de Dermatología (AAD) como especialistas consultados por Glamour UK coinciden en que una limpieza periódica disminuye estos riesgos y, además, prolonga la vida útil de los aplicadores.
De acuerdo con la Clínica Mayo, las brochas contaminadas pueden facilitar la transmisión de bacterias capaces de provocar infecciones en la piel, como las producidas por estafilococos. A su vez, expertos de la Cleveland Clinic advierten que estos microorganismos pueden ingresar a través de pequeñas lesiones cutáneas, aumentando la probabilidad de desarrollar problemas como celulitis o foliculitis, especialmente en personas con piel sensible o con tendencia al acné.
Cómo lavar correctamente las brochas
La Academia Americana de Dermatología recomienda limpiar únicamente las cerdas con agua tibia, evitando mojar el mango o la base del cabezal para no deteriorar el adhesivo que mantiene unidas las piezas. Posteriormente, se debe utilizar un champú suave o clarificante, frotar delicadamente hasta generar espuma y enjuagar tantas veces como sea necesario hasta que el agua salga completamente limpia. Finalmente, las brochas deben dejarse secar en posición horizontal.
Como recomendación general, la AAD aconseja realizar esta limpieza cada 7 a 10 días. Sin embargo, Glamour UK señala que las brochas utilizadas para productos líquidos, como bases o correctores, deberían lavarse entre dos y tres veces por semana, mientras que las destinadas a polvos pueden limpiarse aproximadamente una vez por semana.
Riesgos de utilizar brochas sucias
La AAD explica que las brochas sin higiene acumulan maquillaje, grasa y suciedad, creando un ambiente propicio para la proliferación de bacterias. Como consecuencia, pueden favorecer brotes de acné, erupciones cutáneas e infecciones provocadas por hongos, Escherichia coli o estafilococos.
La maquilladora Caroline Barnes explicó que la mezcla de grasa natural de la piel, pigmentos cosméticos y células muertas convierte estos utensilios en un foco ideal para el crecimiento bacteriano. En la misma línea, la científica cosmética Lynne Sanders, fundadora de Cosmetics à La Carte, señaló que quienes presentan manchas o irritaciones persistentes deberían prestar atención no solo a los productos que utilizan, sino también a las herramientas con las que los aplican.
Además, Glamour UK advierte que compartir brochas o esponjas contaminadas puede facilitar la transmisión de afecciones como herpes labial o conjuntivitis. Una encuesta realizada por Cosmetify mostró que el 37 % de las personas limpia sus brochas apenas una vez cada seis meses, mientras que un 26 % reconoce no lavarlas nunca.
La dermatóloga Stefanie Williams aclaró que actualmente no existen estudios que demuestren que las brochas sucias aceleren el envejecimiento de la piel. No obstante, considera que esa posibilidad podría existir desde un punto de vista teórico, aunque aún no cuenta con respaldo científico.
Frecuencia recomendada de limpieza
La AAD mantiene como pauta general lavar los pinceles cada 7 a 10 días, mientras que la frecuencia puede aumentar dependiendo del tipo de cosmético utilizado.
Un estudio publicado en el Journal of Hospital Infection encontró que tanto brochas como esponjas de maquillaje pueden albergar bacterias resistentes, entre ellas Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa, cuando no se higienizan de manera adecuada. Los investigadores destacaron que una limpieza constante reduce el riesgo de contaminación, especialmente porque los aplicadores húmedos favorecen el crecimiento de estos microorganismos.
Según Lynne Sanders, las brochas utilizadas con productos líquidos requieren una limpieza de dos a tres veces por semana, mientras que aquellas destinadas a polvos pueden lavarse semanalmente.
Williams añadió que bacterias y hongos proliferan con mayor facilidad en ambientes húmedos, razón por la cual las brochas de base suelen acumular microorganismos más rápidamente que las empleadas para maquillaje en polvo.
Pasos para limpiarlas sin dañarlas
La AAD recomienda comenzar enjuagando únicamente las puntas bajo agua tibia para retirar el exceso de maquillaje. Después, se debe preparar un recipiente con agua tibia y una cucharada de champú suave o clarificante, introducir las cerdas y masajearlas suavemente sobre la palma de la mano hasta formar espuma.
Caroline Barnes aconseja utilizar jabón antibacteriano o champú para bebé sin siliconas, mientras que la maquilladora Christabel Draffin recomienda lavar cada brocha individualmente, frotando suavemente las cerdas durante algunos minutos.
Tras el lavado, es importante enjuagar hasta eliminar completamente el jabón, retirar el exceso de agua con una toalla limpia y dejar secar las brochas extendidas de forma horizontal.
Errores que conviene evitar
Uno de los principales errores consiste en secar las brochas con las cerdas hacia arriba dentro de un recipiente. Según la AAD, esta posición permite que el agua se deslice hacia el mango y debilite el pegamento que sostiene el cabezal.
Sanders también recomienda guardar las brochas en un lugar fresco y seco, preferentemente dentro de un estuche, evitando ambientes cálidos y húmedos como el baño, donde bacterias y hongos encuentran condiciones favorables para multiplicarse.
Respecto a las esponjas de maquillaje, Glamour UK recuerda que también deben limpiarse con frecuencia y sustituirse aproximadamente cada tres meses. Barnes incluso señala que prefiere no utilizarlas debido a que su estructura porosa retiene con facilidad grasa y residuos cosméticos.
Otro error frecuente es intentar lavarlas en la lavadora. El calor puede deteriorar el adhesivo que une el mango con las cerdas, reduciendo considerablemente la vida útil del aplicador.
Como medida adicional, los especialistas recomiendan evitar compartir brochas y mantener una rutina de limpieza constante para proteger tanto la salud de la piel como el buen estado de las herramientas de maquillaje.
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