No solo la sequía mata a los árboles: descubren en Europa el efecto letal de las primaveras favorables

— Agencias 09/07/2026

Un estudio realizado en bosques de Francia reveló que la muerte prematura de los árboles no depende únicamente de sequías extremas. Los investigadores descubrieron que las primaveras inusualmente cálidas o húmedas, pese a favorecer inicialmente el crecimiento, pueden incrementar la probabilidad de que los árboles mueran en los años posteriores.

La investigación analizó información del Inventario Forestal Nacional de Francia recopilada entre 2015 y 2023, incluyendo alrededor de 500.000 árboles pertenecientes a 52 especies diferentes. Gracias a la amplitud de la muestra, los científicos pudieron identificar patrones consistentes que podrían ser aplicables a otros bosques europeos.

El trabajo fue dirigido conjuntamente por el Laboratorio de Ciencias del Clima y el Medio Ambiente y el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje (WSL), y sus resultados fueron publicados en la revista Nature Communications. Los autores concluyen que la mortalidad forestal responde a la interacción de distintas anomalías climáticas estacionales, más que a un único fenómeno extremo.

Cuando una buena primavera puede convertirse en un problema

Aunque las primaveras cálidas y húmedas suelen favorecer el crecimiento de los árboles, este beneficio tiene un costo.

Según explicó Pascal Schneider, autor principal del estudio e investigador del WSL, durante estas condiciones los árboles desarrollan una actividad fisiológica más intensa, lo que incrementa considerablemente su consumo de agua desde comienzos del año.

Como consecuencia, si posteriormente llega un verano seco, las reservas de humedad del suelo ya se encuentran parcialmente agotadas y el estrés hídrico aparece con mayor rapidez.

El estudio mostró que especies de gran tamaño, como el abeto plateado, registraron mayores tasas de mortalidad después de experimentar este tipo de primaveras especialmente favorables para el crecimiento.

El efecto combinado de varios factores climáticos

Los investigadores destacan que el problema no radica únicamente en una sequía estival, sino en la sucesión de varios eventos climáticos anómalos.

Las primaveras húmedas también pueden favorecer la proliferación de hongos y otros patógenos, aumentando la presión sobre árboles que posteriormente deberán enfrentar condiciones de escasez de agua.

Además, los inviernos más templados permiten que sobrevivan más insectos y plagas, mientras que las primaveras cálidas adelantan la brotación de hojas, haciéndolas más vulnerables a las heladas tardías.

De acuerdo con Schneider, el impacto sobre los árboles depende de la combinación de estos factores y de la especie analizada. En algunos casos, un período prolongado de déficit hídrico moderado resulta más perjudicial que una sequía intensa de corta duración, mientras que en otras especies ocurre lo contrario.

Esta perspectiva modifica la idea tradicional de que los bosques mueren únicamente por eventos climáticos extremos aislados. En realidad, el deterioro puede ser consecuencia de una acumulación de anomalías estacionales que, en conjunto, debilitan progresivamente a los árboles.

Cómo se realizó la investigación

Para identificar estos patrones, el equipo utilizó modelos estadísticos combinados con técnicas de aprendizaje automático.

Estas herramientas permitieron comparar diferentes conjuntos de datos del inventario forestal y evaluar cómo las variaciones respecto al clima habitual de cada estación influían en la probabilidad de muerte de los árboles.

Gracias a este enfoque fue posible detectar relaciones que no serían evidentes al analizar únicamente episodios individuales de sequía o calor extremo.

Recomendaciones para el manejo forestal

Los resultados también ofrecen orientaciones para la gestión de los bosques frente al cambio climático.

Los investigadores proponen:

Favorecer la plantación de árboles y poblaciones genéticas con mayor tolerancia a la sequía, especialmente aquellas procedentes de regiones más cálidas del sur de Europa. Diversificar las especies utilizadas en programas de reforestación para aumentar la resiliencia de los ecosistemas. Realizar aclareos forestales, eliminando algunos árboles para reducir la competencia por el agua disponible. Considerar una extracción más temprana de los árboles de mayor tamaño, ya que consumen grandes cantidades de agua y pueden limitar los recursos disponibles para el resto del bosque durante los veranos secos.

Según los autores, estas estrategias pueden ayudar a que los árboles restantes dispongan de suficiente agua en períodos críticos, mejorando la capacidad de adaptación de los bosques ante un clima cada vez más variable.

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