— Agencias 09/07/2026
Hace más de seis décadas, Estados Unidos detonó una bomba nuclear en el espacio que alteró la radiación terrestre y cambió las reglas internacionales.
El 9 de julio de 1962, Estados Unidos realizó el experimento Starfish Prime, una detonación nuclear en el espacio que generó auroras visibles en zonas como Hawái, Tonga y Samoa, además de provocar alteraciones en el entorno espacial que llevaron a nuevas restricciones internacionales sobre pruebas atómicas.
Starfish Prime: una explosión nuclear fuera de la Tierra
El proyecto consistió en lanzar y detonar una cabeza nuclear de 1.44 megatones en la órbita terrestre baja, una potencia cercana a 100 veces la bomba utilizada en Hiroshima.
El objetivo del experimento era modificar el cinturón de Van Allen, una región que rodea la Tierra y contiene partículas cargadas de alta energía atrapadas por el campo magnético del planeta.
Los científicos estadounidenses buscaban conocer si una alteración de esta zona podría servir como una barrera contra posibles misiles soviéticos durante la Guerra Fría. Sin embargo, aunque lograron modificar el entorno de radiación, las consecuencias fueron mayores a las esperadas.
Daños en satélites y sistemas eléctricos
La detonación incrementó temporalmente los niveles de radiación alrededor de la Tierra y afectó diversos sistemas tecnológicos.
El experimento provocó fallas en satélites, interrupciones en comunicaciones y apagones registrados a más de 1,000 kilómetros de distancia del punto de detonación.
Además, el aumento de radiación generó preocupación por futuras misiones espaciales, incluida la posibilidad de afectar a los astronautas del programa Apolo, que años después viajarían hacia la Luna.
Tratados limitaron pruebas nucleares
Las consecuencias de Starfish Prime impulsaron acuerdos internacionales para restringir este tipo de experimentos.
En 1963, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Prohibición Limitada de Ensayos Nucleares, que prohibió pruebas atómicas en la atmósfera, el espacio exterior y el fondo marino.
Posteriormente, en 1967, entró en vigor el Tratado del Espacio Exterior, que estableció principios para la exploración y uso del espacio ultraterrestre.
Desde entonces, no existe registro público de nuevos lanzamientos de armas nucleares al espacio.
Científicos buscan detectar posibles riesgos
A pesar de los acuerdos internacionales, algunos investigadores mantienen preocupación ante la posibilidad de que algún país desarrolle sistemas espaciales con tecnología nuclear.
Uno de ellos es Areg Danagoulian, científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien propuso utilizar un método basado en la espalación de neutrones para detectar posibles dispositivos nucleares en satélites.
La idea consiste en aprovechar las partículas de alta energía del cinturón de Van Allen para identificar señales asociadas con materiales como el uranio.
El investigador realizó un estudio de viabilidad y concluyó que la tecnología necesaria existe, aunque todavía enfrenta desafíos técnicos, como diferenciar señales nucleares de otros tipos de radiación presentes en el espacio.
Una lección de la era espacial
Starfish Prime demostró que una liberación artificial de energía en el entorno espacial puede tener efectos de largo alcance.
Más de 60 años después, el experimento continúa siendo estudiado como un ejemplo de los riesgos de modificar el equilibrio natural del espacio cercano a la Tierra y de la importancia de contar con sistemas de vigilancia tecnológica.
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