— Agencias 05/07/2026
Conseguir que los niños acepten las verduras suele requerir paciencia, pero diversos estudios recopilados por la BBC indican que pequeños cambios en la forma de ofrecer estos alimentos pueden mejorar su aceptación a largo plazo. La clave no está en obligarlos a comer, sino en la exposición repetida, el ejemplo familiar y una presentación atractiva.
La primera infancia es una etapa clave
La profesora Marion Hetherington, de la Universidad de Leeds, señala que los primeros años de vida representan una ventana especialmente importante para desarrollar el gusto por las verduras.
Aunque nunca es imposible cambiar los hábitos alimentarios, introducir una amplia variedad de vegetales antes de los cinco años suele facilitar su aceptación.
La repetición funciona
Es normal que un niño rechace una verdura la primera vez que la prueba.
Las investigaciones muestran que muchos niños necesitan entre 5 y 15 exposiciones antes de aceptar un alimento nuevo. Por ello, si un niño rechaza el brócoli o la espinaca una vez, no significa que nunca le gustarán.
La recomendación es seguir ofreciéndolos en diferentes momentos y preparaciones, sin presionar ni castigar.
El ejemplo de los adultos importa
Los niños aprenden observando.
Cuando padres, madres y otros cuidadores consumen verduras con naturalidad y disfrute, aumenta la probabilidad de que los niños también quieran probarlas.
Crear un ambiente positivo durante las comidas suele ser más efectivo que insistir o negociar constantemente.
Servir las verduras primero
Una estrategia respaldada por estudios consiste en ofrecer las verduras al inicio de la comida, cuando el niño tiene más apetito.
Si primero consume alimentos que le resultan más atractivos, como pasta, arroz o carne, es más probable que deje las verduras para el final o no las coma.
Evitar centrarse solo en que son "saludables"
Las investigaciones sugieren que decir a un niño que un alimento es "muy saludable" no siempre aumenta su interés.
En muchos casos funciona mejor describirlo como:
sabroso; crujiente; dulce; colorido; divertido.
Relacionar los alimentos con experiencias agradables suele favorecer una actitud más positiva.
Aumentar la variedad
Ofrecer varias verduras diferentes en una misma comida puede incrementar el consumo.
Además, incorporar vegetales en distintas preparaciones ayuda a que el niño se familiarice con sabores y texturas diferentes, por ejemplo:
zanahoria rallada en salsa de tomate; calabacín en tortillas; espinaca en huevos revueltos; verduras en sopas o cremas; pepino, tomate o pimientos como acompañamiento.
Las verduras también pueden formar parte del desayuno
Aunque no sea una costumbre en muchos hogares, algunos estudios muestran que incluir verduras en el desayuno es una forma sencilla de aumentar su consumo diario.
Algunas opciones son:
tortilla con espinaca o champiñones; muffins caseros con calabacín o zanahoria; tomate o aguacate como acompañamiento.
Una alimentación variada beneficia el desarrollo
Consumir suficientes frutas y verduras aporta vitaminas, minerales y fibra necesarios para el crecimiento y puede contribuir a una mejor salud general.
Una alimentación equilibrada durante la infancia también se asocia con un adecuado desarrollo físico y cognitivo y ayuda a establecer hábitos saludables para la vida adulta.
Lo más importante
Los especialistas coinciden en que la mejor estrategia consiste en combinar varios enfoques:
ofrecer verduras de forma repetida y sin presión; dar ejemplo consumiéndolas en familia; presentarlas de forma atractiva; ofrecer variedad; incluirlas en distintas comidas del día; mantener un ambiente positivo durante las comidas.
Más que buscar resultados inmediatos, el objetivo es construir una relación saludable con los alimentos. La constancia y la paciencia suelen ser mucho más efectivas que insistir u obligar al niño a comer verduras.
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