Cinco decisiones al despertar que podrían influir en el intestino, el estrés y la respuesta inmune

— Agencias 04/07/2026

El dramático triunfo de Argentina por 3-2 sobre Cabo Verde en el Mundial 2026 no solo mantuvo a millones de aficionados al límite de la tensión, sino que también desencadenó una intensa respuesta biológica.

En los instantes finales, cuando el empate parecía inminente y el desenlace era incierto, el organismo reaccionó de manera automática: la respiración se volvió contenida, el corazón aceleró su ritmo y la adrenalina invadió el cuerpo. Para la ciencia, estos momentos representan mucho más que una simple emoción deportiva, ya que activan mecanismos cerebrales profundamente relacionados con la supervivencia y el sentido de pertenencia.

Especialistas consultados por Infobae señalan que, durante un partido de alta intensidad, el cerebro integra procesos emocionales, cognitivos y fisiológicos que explican por qué un gol puede generar una reacción tan poderosa y compartida entre millones de personas.

Un gol activa múltiples regiones del cerebro

El neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), explica que una anotación de la selección nacional trasciende el ámbito deportivo. El cerebro procesa simultáneamente la información visual, la expectativa por el desenlace, la sorpresa y la sensación de recompensa, mientras fortalece el vínculo emocional con el equipo.

Según el especialista, los aficionados no viven el partido como observadores imparciales, sino como protagonistas emocionales. Al identificarse con el equipo y con el país, se activan circuitos cerebrales relacionados con la emoción, el placer y la identidad colectiva, provocando respuestas físicas como el aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y la necesidad de celebrar junto a otros.

Escenas comunes durante los encuentros lo reflejan claramente: familias que saltan frente al televisor tras un gol o desconocidos que se abrazan espontáneamente en un restaurante o un bar. Estas reacciones son prácticamente universales y responden a mecanismos automáticos del cerebro.

La tensión previa hace que la celebración sea más intensa

La fuerza con la que se vive un gol depende, en buena medida, de la expectativa acumulada durante la jugada. Mientras el balón se acerca al arco, el cerebro permanece en constante vigilancia, anticipando diferentes posibilidades y preparando al organismo para responder.

Cuando finalmente llega la anotación, toda esa tensión se libera de golpe, produciendo una intensa sensación de alivio y satisfacción. Andersson explica que cuanto mayor es la incertidumbre previa, más intensa resulta la respuesta emocional posterior. Esa es una de las razones por las que goles decisivos permanecen grabados durante años en la memoria de los aficionados.

Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) respaldan esta explicación al señalar que el fútbol desencadena una compleja respuesta neurobiológica. Durante las jugadas de mayor tensión aumentan los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés, mientras que después del gol el cerebro libera sustancias vinculadas con el placer y la recompensa.

Las sustancias químicas detrás de la euforia

La ciencia ha demostrado que no existe una única "hormona de la felicidad". En realidad, durante la celebración intervienen varios neurotransmisores que trabajan de manera coordinada.

La dopamina participa en los mecanismos de recompensa y motivación; la noradrenalina incrementa el estado de alerta y prepara al organismo para reaccionar; las endorfinas producen una sensación de bienestar, y la oxitocina fortalece los vínculos sociales que se generan durante los abrazos y las celebraciones colectivas.

Antes del gol predominan la tensión y la incertidumbre; después aparecen el alivio, la alegría y el sentimiento de unión con quienes comparten la misma pasión.

El fútbol fortalece la conexión entre las personas

Estudios desarrollados por la Universidad de Oxford muestran que las anotaciones activan los circuitos cerebrales de recompensa y favorecen la liberación de dopamina y otras sustancias asociadas con el placer. Además, observar un partido acompañado potencia estas respuestas, sincronizando las emociones entre los aficionados y reforzando el sentido de pertenencia.

Por otra parte, investigaciones dirigidas por el doctor Francisco Zamorano, de la Universidad San Sebastián de Chile, mediante técnicas de resonancia magnética funcional, comprobaron que un gol del equipo favorito provoca una intensa activación del sistema de recompensa cerebral, comparable con la respuesta generada por otros estímulos altamente gratificantes.

Cuando el rival tiene una carga histórica o emocional importante, esa activación puede ser aún mayor, ayudando a explicar la intensidad con la que se vive el fanatismo deportivo.

Las neuronas espejo también participan

Los especialistas destacan además el papel de las neuronas espejo, células cerebrales que permiten reproducir internamente las acciones observadas. Gracias a este mecanismo, muchos aficionados reaccionan físicamente antes incluso de que finalice la jugada: aprietan los puños, se levantan del asiento o gritan anticipando el desenlace.

Este fenómeno hace que el espectador experimente el partido como si participara activamente en él, reforzando aún más la conexión emocional con el juego.

Mucho más que un espectáculo deportivo

La evidencia científica indica que compartir la emoción del fútbol también aporta beneficios psicológicos y sociales. Las celebraciones colectivas fortalecen el sentido de identidad, favorecen la cohesión entre las personas y generan recuerdos que permanecen durante muchos años.

Por ello, un partido de alta tensión, especialmente en una Copa del Mundo, trasciende el resultado deportivo. Cada gol representa una experiencia donde la emoción, la biología y el sentimiento de pertenencia convergen para crear una de las manifestaciones más intensas de la conducta humana.

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