— Agencias 04/07/2026
Los riñones cumplen funciones esenciales para el organismo las 24 horas del día. Filtran cerca de 180 litros de sangre diariamente, eliminan sustancias de desecho, regulan el equilibrio de líquidos, contribuyen al control de la presión arterial y participan en la producción de hormonas importantes. Sin embargo, algunos hábitos cotidianos pueden aumentar su carga de trabajo, sobre todo cuando se mantienen durante largos periodos.
Especialistas de la Fundación Nacional del Riñón (National Kidney Foundation), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y diversas organizaciones de nefrología señalan que ninguna bebida perjudica por sí sola a los riñones en personas sanas si se consume de forma ocasional. El verdadero riesgo aparece con el consumo excesivo, la deshidratación y la presencia de enfermedades como diabetes, hipertensión u obesidad. Estas son algunas de las bebidas cuyo consumo conviene moderar.
Refrescos: una de las principales preocupaciones de los especialistas
Las bebidas gaseosas con azúcar se encuentran entre los hábitos más relacionados con un mayor riesgo de enfermedad renal a largo plazo.
Generalmente contienen grandes cantidades de azúcar añadida o jarabe de maíz de alta fructosa, ingredientes que favorecen el aumento de peso, la resistencia a la insulina y el desarrollo de diabetes tipo 2, una de las principales causas de enfermedad renal crónica.
Además, algunos refrescos de cola contienen ácido fosfórico, un aditivo que continúa siendo estudiado por su posible relación con alteraciones renales cuando se consume en exceso durante largos periodos. Por ello, los expertos aconsejan limitar su consumo y elegir agua como bebida principal.
Bebidas energéticas: estimulantes que requieren moderación
Las bebidas energéticas son populares entre estudiantes, trabajadores y deportistas, pero los especialistas recomiendan consumirlas con precaución.
Muchas contienen altas cantidades de cafeína, azúcar y otros estimulantes que pueden elevar temporalmente la presión arterial y acelerar el ritmo cardíaco.
En personas con hipertensión, enfermedad renal o problemas cardiovasculares, el consumo excesivo puede representar un riesgo adicional. Además, utilizarlas como sustituto del descanso o de una adecuada hidratación puede aumentar el impacto negativo sobre el organismo.
Alcohol: el exceso también afecta la función renal
Aunque suele relacionarse principalmente con el hígado, el alcohol también puede influir en la salud de los riñones.
Su consumo excesivo favorece la deshidratación, altera el equilibrio hormonal relacionado con los líquidos corporales y puede aumentar la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo para el deterioro renal.
Asimismo, el abuso prolongado de alcohol puede afectar tanto al hígado como al sistema cardiovascular, órganos estrechamente vinculados con el buen funcionamiento de los riñones. Por ello, las recomendaciones internacionales sugieren consumirlo únicamente con moderación.
Jugos industrializados: no siempre son una opción saludable
Muchas personas creen que cualquier bebida elaborada con fruta es beneficiosa, pero no siempre es así.
Numerosos jugos procesados contienen grandes cantidades de azúcar añadida y muy poca fibra, ya que durante su fabricación se elimina buena parte de la pulpa de la fruta.
Esto favorece una rápida absorción de azúcares, lo que puede contribuir al desarrollo de trastornos metabólicos relacionados con el daño renal. Los especialistas aconsejan preferir la fruta entera o jugos sin azúcar añadida y consumirlos en cantidades moderadas.
Café: el consumo moderado puede ser seguro
El café suele generar dudas respecto a su impacto sobre los riñones.
La evidencia científica indica que, para la mayoría de los adultos sanos, un consumo moderado puede formar parte de una alimentación equilibrada e incluso asociarse con algunos beneficios cardiovasculares.
No obstante, el problema surge cuando se consume en exceso o acompañado de grandes cantidades de azúcar, crema, jarabes o mezclado con bebidas energéticas. Las personas con enfermedad renal avanzada o hipertensión no controlada deben consultar con su médico cuál es la cantidad más adecuada para su situación.
Batidos y malteadas comerciales: atención al contenido calórico
Las malteadas y batidos que se venden en cafeterías y restaurantes de comida rápida pueden aportar entre 500 y más de 1,000 calorías por porción.
Además de su elevado contenido de azúcar, muchas preparaciones contienen importantes cantidades de grasas saturadas y sodio.
Aunque consumirlas ocasionalmente no suele representar un problema para la mayoría de las personas, hacerlo de forma habitual puede favorecer el aumento de peso, un factor estrechamente relacionado con la diabetes, la hipertensión y la enfermedad renal crónica. Como alternativa, los especialistas recomiendan preparar versiones caseras con fruta, yogur natural y cantidades moderadas de ingredientes.
Té embotellado: conviene revisar la etiqueta
Los expertos también llaman la atención sobre muchos tés listos para beber que se comercializan en supermercados.
Diversas presentaciones contienen incluso más azúcar que una taza de té preparada de forma tradicional y, además, incluyen saborizantes, colorantes y otros aditivos que incrementan el contenido calórico sin aportar beneficios nutricionales.
Revisar la información nutricional permite conocer la cantidad real de azúcar que contiene cada botella. En muchos casos, preparar té en casa resulta una alternativa más saludable y económica.
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