— Agencias 04/07/2026
Más de la mitad de las calorías que consumen los niños pequeños en Estados Unidos provienen de alimentos ultraprocesados, una tendencia que podría tener efectos sobre el desarrollo del cerebro, según una investigación reciente.
El estudio señala que productos como cereales con alto contenido de azúcar, botanas industrializadas, comida rápida y carnes procesadas podrían estar asociados con cambios detectables en la estructura cerebral de los niños al llegar a los 6 años de edad.
Para llevar a cabo la investigación, especialistas del Hospital Infantil de Los Ángeles dieron seguimiento a 144 parejas de madres e hijos de origen latino e hispano desde los primeros años de vida hasta que los menores cumplieron seis años. Durante ese periodo evaluaron sus hábitos alimenticios y realizaron resonancias magnéticas para analizar el desarrollo del cerebro.
Los resultados mostraron que por cada incremento del 10 % en el consumo de alimentos ultraprocesados, el volumen cerebral disminuía cerca de un 2 % en regiones relacionadas con la recompensa, las emociones y la motivación.
A pesar de estos hallazgos, los investigadores no encontraron evidencia de que una mayor ingesta de alimentos ultraprocesados estuviera asociada con un peor desempeño en pruebas cognitivas.
Sin embargo, los autores del estudio explicaron que las alteraciones en la estructura del cerebro pueden manifestarse antes de que aparezcan cambios en funciones como la memoria, el aprendizaje, el razonamiento o la conducta.
"Nuestros resultados sugieren que la alimentación durante los primeros años de vida puede influir en el desarrollo cerebral de maneras que apenas comenzamos a comprender", señaló Michael Goran, autor principal del estudio y director del Programa de Nutrición y Obesidad del Instituto de Investigación Saban del Hospital Infantil de Los Ángeles. "Aunque no observamos diferencias en el rendimiento cognitivo, sí detectamos cambios medibles en la estructura del cerebro".
Los investigadores subrayaron que aún se requieren más estudios para determinar qué implicaciones podrían tener estas diferencias estructurales en la salud y el funcionamiento cerebral a largo plazo.
"Todavía queda mucho por descubrir sobre la forma en que la alimentación durante la infancia influye en el desarrollo del cerebro", concluyó Goran.
Los hallazgos fueron publicados recientemente en The American Journal of Clinical Nutrition.
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