¿Duermes menos de 7 horas después de los 60?

— Agencias 02/07/2026

Muchas personas creen que, al cumplir 60 años o más, es normal dormir cada vez menos. Sin embargo, los especialistas señalan que esta es una de las ideas erróneas más comunes sobre el envejecimiento.

Aunque con la edad el sueño suele volverse más ligero y los despertares nocturnos son más frecuentes, las necesidades de descanso continúan siendo muy similares a las de otros adultos.

Organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con expertos en medicina del sueño, destacan que dormir bien es fundamental para conservar la memoria, fortalecer el sistema inmunológico y disminuir el riesgo de enfermedades crónicas.

¿Cuántas horas deben dormir los adultos mayores?

La mayoría de las personas mayores de 60 años necesita entre siete y ocho horas de sueño por noche para mantener una buena salud física y mental.

Aunque la OMS reconoce al sueño como uno de los pilares del envejecimiento saludable, las recomendaciones sobre la duración del descanso provienen de instituciones como la National Sleep Foundation y la American Academy of Sleep Medicine, las cuales coinciden en ese rango.

Dormir menos de siete horas de manera habitual no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento. El organismo sigue necesitando tiempo suficiente para reparar tejidos, consolidar la memoria, regular diversas hormonas y fortalecer las defensas del cuerpo.

La principal diferencia es que, con el paso de los años, el sueño suele ser más superficial y fragmentado, lo que puede generar la sensación de haber descansado menos.

El mito de que las personas mayores necesitan dormir menos

Una creencia muy extendida es que las necesidades de sueño disminuyen con la edad.

Sin embargo, los especialistas explican que lo que realmente cambia no es la cantidad de horas necesarias, sino la facilidad para mantener un sueño continuo.

Con los años disminuye la proporción de sueño profundo y aumentan los despertares durante la noche. Además, muchas personas tienden a acostarse y levantarse más temprano.

Estos cambios pueden hacer pensar que el organismo necesita menos descanso, cuando en realidad sigue requiriendo una cantidad similar de horas para funcionar adecuadamente.

Normalizar estas alteraciones puede retrasar el diagnóstico y tratamiento de trastornos del sueño que sí tienen solución.

Consecuencias de dormir poco

Dormir de forma insuficiente durante largos periodos puede afectar mucho más que el estado de ánimo.

Mientras dormimos, el cerebro elimina sustancias de desecho, fortalece la memoria y participa en procesos relacionados con el aprendizaje. Al mismo tiempo, el organismo regula hormonas que influyen en el apetito, la presión arterial y los niveles de glucosa.

La falta de descanso adecuada puede aumentar el riesgo de:

Hipertensión arterial. Diabetes tipo 2. Enfermedades cardiovasculares. Obesidad. Deterioro cognitivo.

Además, puede favorecer la irritabilidad, la ansiedad y las dificultades para mantener la atención y la concentración.

Dormir mal aumenta el riesgo de caídas

Diversas investigaciones han demostrado que los adultos mayores que duermen pocas horas o presentan un sueño de mala calidad tienen mayor probabilidad de sufrir caídas.

Esto ocurre porque la falta de descanso puede disminuir los reflejos, alterar el equilibrio y reducir la capacidad de reaccionar rápidamente ante situaciones inesperadas.

Las caídas representan una de las principales causas de lesiones y hospitalización en esta etapa de la vida, por lo que mejorar la calidad del sueño también contribuye a preservar la movilidad y la independencia.

¿Es normal despertarse varias veces durante la noche?

Despertarse ocasionalmente para ir al baño o cambiar de posición puede formar parte de un patrón normal de sueño.

No obstante, cuando los despertares son frecuentes y dificultan volver a dormir, conviene buscar la causa.

Entre las posibles razones se encuentran:

Apnea del sueño. Síndrome de piernas inquietas. Dolor crónico. Problemas prostáticos. Ansiedad. Efectos secundarios de algunos medicamentos.

Los especialistas recomiendan no asumir que estos despertares son una consecuencia inevitable del envejecimiento.

¿Las siestas son recomendables?

Las siestas pueden ser beneficiosas cuando se realizan de forma adecuada.

Se recomienda que duren entre 20 y 30 minutos y que se tomen durante las primeras horas de la tarde.

Este tipo de descanso puede mejorar el estado de alerta y disminuir la fatiga sin afectar el sueño nocturno.

En cambio, las siestas prolongadas o muy cercanas a la hora de dormir pueden dificultar conciliar el sueño durante la noche.

Hábitos que favorecen un mejor descanso

Pequeños cambios en la rutina diaria pueden mejorar considerablemente la calidad del sueño.

Los especialistas aconsejan:

Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse. Evitar la cafeína, el alcohol y las comidas abundantes antes de dormir. Reducir el uso de pantallas durante la noche. Dormir en una habitación oscura, silenciosa y con una temperatura agradable. Realizar actividad física de manera regular durante el día.

Señales de un posible trastorno del sueño

No solo importa la cantidad de horas dormidas, sino también la calidad del descanso.

Algunos signos que pueden indicar un trastorno del sueño son:

Ronquidos intensos acompañados de pausas respiratorias. Somnolencia excesiva durante el día. Dificultad persistente para conciliar el sueño. Movimientos involuntarios de las piernas durante la noche.

Detectar estas alteraciones de forma temprana permite iniciar tratamientos que pueden mejorar el descanso, la salud cardiovascular, la memoria y el bienestar general.

¿Cuándo consultar a un médico?

Es recomendable acudir a un profesional de la salud cuando los problemas para dormir persisten durante varias semanas, afectan las actividades diarias o se acompañan de cansancio extremo, problemas de memoria, cambios importantes en el estado de ánimo o episodios de somnolencia al conducir o realizar otras actividades cotidianas.

Dormir bien después de los 60 años no es un lujo, sino una necesidad para mantener un envejecimiento saludable. Aunque los patrones de sueño cambian con la edad, la mayoría de los adultos mayores continúa necesitando entre siete y ocho horas de descanso cada noche. Mantener hábitos saludables, prestar atención a las señales del organismo y buscar ayuda cuando aparecen dificultades para dormir puede contribuir de manera importante a preservar la salud y la calidad de vida.

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