— José Mariano Orozco Tenorio 03/07/2026
Mucho se ha escrito y dicho que estamos en la era de la información y es cierto, aunque ya estamos cayendo en la era del desorden de la información. Basta ver el ejemplo de la creación de Granjas de checks, que comprenden almacenes con computadoras operadas por gente contratada para dar click en “me gusta” de algún producto o servicio de manera artificial para inflar las estadísticas, así como el manejo automatizado de Bots que consisten en teléfonos celulares dirigidos por un software para incrementar en cientos o miles de seguidores a algún personaje. ¿En realidad podemos imaginar a 10 o 15 millones de “seguidores” de un artista o persona famosa? ¿De verdad alguien cree que haya 10 millones o más de personas que no tienen nada que hacer más que admirar a otras? En el mundo real existen las Granjas de checks. En otras palabras, la Infodemia que estamos ya viviendo nos está mostrando el lado negativo del exceso de información. Recordemos que el término de Infodemia se deriva de la combinación de “información” y “epidemia”, que se le atribuye al norteamericano David Rothkopf, publicado en su artículo en The Washington Post en el 2003, para referirse al SARS, donde alertaba de falsos y numerosos rumores de la enfermedad, que estaban provocando pánico entre la población. Su uso se generalizó a partir de la crisis del COVID 19, en el 2020, cuya difusión aprovechó las redes sociales para infundir gran temor. Dichas redes sociales se saturaron de datos falsos que esparcían las fake news. Hay la necesidad de hacer la distinción entre fake news y la Misinformación; está última contiene rumores infundados que se comparten pero sin intención de crear daño. Los primeros pretenden generar la incertidumbre y temor. La infodemia se desenvuelve en un amplio espectro de datos donde la característica principal es el abuso de la información y su visibilidad. Puede haber algo de cierto en el contenido pero también datos equivocados. El ejemplo más claro lo tenemos en la epidemia del COVID 19, donde se difundió- entre muchos otros- que el dióxido de cloro (blanqueadores u otros productos químicos) representaba soluciones milagrosas. Aparecieron también gran cantidad de recetas caseras como realizar gárgaras con sal y vinagre para matar el virus maldito. Quizás lo más delicado fue la información tendiente a atribuir la culpa al Gobierno Ruso o Chino de diseminar la enfermedad porque trataban de apoderarse del control del mundo, mediante la creación y esparcimiento de armas biológicas. Muchos mitos circularon por doquier, ante el poco conocimiento que tenían los sistemas de salud pública, la gente practicaba de todo, como el de no entrar a la casa con los zapatos o bañarse 3-4 veces diariamente.
Algunos comunicólogos están en contra del uso del término de “fake news” argumentando que se trata de una contradicción, ya que si es falso no puede ser noticia y se suman al reclamo de una parte de la población para legislar al respecto. De hecho, hay pocos países con normatividad específica. Tales expertos proponen utilizar la técnica de las 4D’s para catalogar más apropiadamente las noticias. De esta manera ahora se debe de hablar de los siguientes elementos atribuídos al investigador y analista británico Ben Nimmo:
Desestimar (Dismiss). Cuando la noticia se centra atacando al mensajero para influir en la credibilidad, como sería el caso de calificar al periodista de corrupto para hacer que el público ignore sus comentarios. Distorsionar (Distort). Se presenta cuando se distorsionan los hechos para adaptarlos a otra circunstancia. Cuando se toma un dato real y se altera su contexto (accidente del ferrocarril interoceánico). Se inventan evidencias y se aprovechan las imágenes. Distraer (Distract). Se trata de desviar la atención del público de un tema importante a otro banal (la estampita para alejar el virus del COVID 19). También, filtrar una información falsa de corrupción de un personaje en el mismo día en que circula otra importante noticia. Desanimar o Desconcertar (Dismay). Con el fin de crear un ambiente de temor; llegar a amenazar que vienen crisis extremas para la población. Se saturan las redes con notas contradictorias. Se puede llegar hasta generar la pérdida de confianza en las instituciones gubernamentales tanto nacionales como internacionales.
Además de estos elemento de las 4D’s, encontramos otra técnica que aparentemente han dado buenos resultados al gobierno, conocida como la Inoculación Psicológica, que consiste en exponer a una persona ante la amenaza de difundir los ilícitos que ha hecho. Por ejemplo, la auditoría a la que te someterá el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Asimismo, los gobiernos tienen el Prebunking (anticipación al mito), que consiste en difundir microdosis de datos falsos en campañas de creación de infundios, comúnmente utilizados en los llamados “chivos expiatorios”.
Ya que estamos hablando del Prebunking, vamos a entrar a la difusión del proceso completo, el cual se inicia con establecer un hecho real, con una redacción clara y sencilla; surge la advertencia del mito, donde se alerta de una u otra manera al lector de la mentira; se explica la falacia y se detalla como se generó el engaño, usualmente acompañado de fotos y finaliza con la imputación del supuesto delito.
No todo son noticias pesimistas; siempre habrá medios alternos para contrarrestar las actividades mal intencionadas. El Institute of fact Checking Network, es una sólida organización internacional integrada por expertos cibernéticos que se dedica a la verificación de datos, bajo pedido. Este Instituto se centra en lo que es verificable, como: 1. Datos históricos. 2. Estadísticas. 3. Comparaciones. 4. Afirmaciones. 5. Legislación aplicable. 6. Fuentes. Y lo que no es verificable: 1. Opiniones personales. 2. Conceptos generales. 3. Predicciones. 4. Tendencias. Así como existe una organización para verificar la veracidad de la información, también está la herramienta del Deepfake para verificar la falsificación de videos y audios realizados por inteligencia artificial. Por medio del Cheapfake se puede detectar la brusquedad en su elaboración que facilita identificar imágenes descontextualizadas, memes o imágenes manipuladas. La plataforma para analizar si los videos son reales se conoce como Real Time Deepfake Detector.
Dependiendo de la fuente, el orden de importancia de los motores de búsqueda de programas informáticos que rastrean, indexan, organizan y presentan la información en formato de respuestas importantes son los siguientes: 1. Google, para consultas generales que actualmente registra el 90% de consultas mundiales. 2. Bing, motor de Microsoft que integra la Inteligencia artificial con búsquedas visuales. 3. Yahoo, que utiliza tecnología compartida. 4. Ecosia, utiliza imágenes publicitarias. 5. Yandex, recomendable para información relacionada con Rusia, China y países de Europa del Este. 6. DuckGo, prioriza el anonimato completo y no almacena historial de búsquedas. 7. Baidu, buscador líder en China. Todos ellos funcionan a través de bots (arañas) que se dedican a leer la web y procesan la información en microsegundos.
Es muy recomendable utilizar varias herramientas diferentes de inteligencia artificial. Algunas son mejores en los datos estadísticos, otras por los resúmenes que proporcionan; otras por identificar las fuentes que utiliza; en fin, es normal que las personas van adquiriendo confianza en el uso. La mayoría son gratuitas para consultas generales, pero hay versiones bajo algún cobro cuando se necesita profundizar en los temas. En la actualidad, las más comunes son: ChatGPT, Gemini (de Google), Claude (Anthropic), y DeepSeek (China). De todas maneras, hay que tener cuidado con el uso de las mismas porque para ciertos temas no necesariamente están actualizadas; la información que proporcionan no está filtrada, es decir, no es verificada por lo que puede “arrastrar” basura tecnológica. En conclusión, la inteligencia artificial se puede equivocar y la infodemia puede provocar desviaciones para causar daño intencional. Como hemos visto, hay herramientas y recursos tecnológicos para verificar la información. Muy comúnmente la gente utiliza la inteligencia artificial para hacer consultas hasta de la salud, pero ¿si se llega a equivocar algún algoritmo proporcionado, quién es el culpable? ¿Procede una demanda civil o penal? Es la decisión personal de cada uno creer o no creer.
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