— Daniela Cordova 01/07/2026
Con gratitud y esperanza, celebra un camino sacerdotal iniciado desde la adolescencia entre fe y servicio comunitario.
A los 13 años, cuando cursaba el segundo grado en la Secundaria Número 1 de Monclova, una invitación cambió para siempre el rumbo de la vida de Héctor Raciel de León López. Lo que comenzó como un acercamiento al preseminario terminó convirtiéndose en un llamado que, según recuerda, sintió "como amor a primera vista". Hoy, al celebrar 25 años de ministerio sacerdotal, el párroco del Santuario de Guadalupe mira hacia atrás con gratitud por un camino marcado por la fe, el servicio y el acompañamiento de quienes creyeron en él desde el principio.
Originario de la comunidad donde hoy sirve como sacerdote en la parroquia Santuario de Guadalupe, De León López reconoce que su historia comenzó entre las mismas calles y bancas de la parroquia que ahora guía. Recuerda con especial cariño al entonces párroco, el padre Héctor Jorge García, quien respaldó su ingreso al seminario y lo acompañó durante todo su proceso de formación, convirtiéndose en una figura clave para fortalecer aquella vocación que apenas comenzaba.
El respaldo que fortaleció una vocación
Aunque su decisión llegó a una edad temprana, asegura que nunca estuvo solo. Sus padres apoyaron desde el primer momento su deseo de ingresar al seminario, un gesto que, con el paso de los años, considera determinante para mantenerse firme. Sin embargo, reconoce que el primer gran desafío fue dejar atrás el hogar y adaptarse a una nueva vida lejos de su familia.
Durante los 13 años que duró su formación, el joven seminarista fue madurando una decisión que, admite, no podía comprender completamente cuando era apenas un adolescente. La vida comunitaria, el crecimiento espiritual y las experiencias vividas dentro del seminario fueron confirmando, poco a poco, que ese era el camino al que Dios lo llamaba. Incluso en la etapa final enfrentó momentos de duda, pero logró superar aquella crisis antes de ser ordenado sacerdote a los 26 años.
Un ministerio marcado por el servicio
En un cuarto de siglo de sacerdocio ha desempeñado distintas responsabilidades: promotor vocacional, maestro y director espiritual del seminario, además de párroco en diversas comunidades. Permaneció 15 años en Saltillo y posteriormente fue enviado durante ocho años a Cuatro Ciénegas, experiencias que, afirma, le enseñaron el valor de la obediencia y la disposición para servir donde la Iglesia lo necesitara.
Más allá de los lugares o los cargos, asegura que la mayor satisfacción ha sido acompañar a las personas en sus momentos más importantes. A través de los sacramentos y de la cercanía pastoral ha encontrado una profunda alegría al brindar consuelo, paz y esperanza a quienes buscan fortalecer su relación con Dios.
Regresar a casa con una nueva misión
Volver al Santuario de Guadalupe, la parroquia donde nació su vocación, representa para el sacerdote una mezcla de alegría y compromiso. Reconoce que llega después de grandes pastores y que conducir a una comunidad madura y participativa exige humildad, sabiduría y disposición para caminar junto a los fieles.
Al celebrar sus 25 años de sacerdocio, De León López asegura que su misión sigue siendo la misma que descubrió cuando era un adolescente: caminar con el pueblo de Dios. A los jóvenes que hoy sienten inquietud por el seminario les envía un mensaje sencillo, pero convencido: escuchar el llamado de Dios vale la pena, porque dedicar la vida al servicio de los demás es una de las formas más profundas de transformar corazones y sembrar esperanza.

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