— Agencias 30/06/2026
Durante muchos años, el café estuvo asociado principalmente con el inicio del día y era habitual que la primera taza se consumiera por la mañana. En la actualidad, su papel ha evolucionado y forma parte de distintos momentos de la rutina diaria. Se toma al comenzar la jornada laboral, durante el trabajo, antes de realizar ejercicio, en reuniones de negocios o como una opción para convivir con familiares y amigos.
Al mismo tiempo, las cafeterías han experimentado una transformación. Han dejado de ser únicamente lugares donde se venden bebidas para convertirse en espacios destinados al estudio, el trabajo remoto, las reuniones sociales y diversas actividades culturales. Para muchas personas, funcionan como oficinas temporales o puntos de encuentro.
Incluso han surgido nuevas tendencias, como las coffee parties, reuniones en las que el café y otras bebidas con cafeína sustituyen al alcohol, promoviendo un ambiente de convivencia más relajado sin la presencia de bebidas alcohólicas.
Parte de esta popularidad se explica por los efectos de la cafeína, considerada el estimulante psicoactivo más consumido en el mundo. Esta sustancia ayuda a aumentar el estado de alerta, favorece la concentración y disminuye la sensación de fatiga, por lo que suele ser utilizada por estudiantes, profesionistas y trabajadores que enfrentan jornadas prolongadas.
En el ámbito deportivo, el café también ha adquirido un papel importante. Muchas personas lo consumen antes de entrenar porque la cafeína puede reducir la percepción del esfuerzo físico, mejorar el rendimiento tanto en ejercicios de resistencia como de fuerza y permitir mantener una mayor intensidad durante la actividad física. Debido a estas propiedades, también forma parte de diversos suplementos utilizados como preentrenamiento.
Desde la perspectiva médica, el consumo moderado de café se ha asociado con distintos beneficios para la salud. Diversos estudios indican que puede favorecer el funcionamiento cognitivo, mejorar la atención y contribuir a disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el Parkinson y el Alzheimer.
Asimismo, algunas investigaciones sugieren que el consumo habitual de café podría reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y determinadas enfermedades del hígado. También se ha observado que ingerir entre una y dos tazas al día, preferentemente antes de la una de la tarde, puede aportar beneficios para la salud cardiovascular y ósea, además de proporcionar compuestos antioxidantes.
No obstante, los especialistas destacan que estos efectos positivos dependen de una ingesta moderada. Consumir cantidades excesivas de cafeína puede provocar ansiedad, nerviosismo, temblores, irritabilidad, insomnio, aumento de la frecuencia cardiaca y molestias digestivas. En personas especialmente sensibles, incluso dosis menores pueden desencadenar estos síntomas.
Aunque la cafeína rara vez ocasiona una adicción en términos clínicos, sí puede generar dependencia. Cuando el organismo se acostumbra a recibirla diariamente, suspender su consumo de manera repentina puede ocasionar dolor de cabeza, cansancio, dificultad para concentrarse, somnolencia e irritabilidad durante las primeras horas o días.
En términos generales, los expertos consideran que una ingesta de hasta 300 miligramos de cafeína al día suele ser segura para la mayoría de los adultos sanos. Sin embargo, la cantidad presente varía según el tipo de café y su preparación, por lo que también deben considerarse otras fuentes de cafeína, como las bebidas energéticas, los refrescos, el té, el chocolate y algunos medicamentos.
En personas con hipertensión arterial no controlada, enfermedades cardiovasculares, trastornos de ansiedad o durante el embarazo, la cantidad adecuada de cafeína debe evaluarse de manera individual con un profesional de la salud.
Posibles efectos del consumo excesivo de café
Cuando la ingesta de cafeína supera las cantidades recomendadas, pueden presentarse diversas consecuencias para la salud, entre ellas:
Incremento de la ansiedad y del nerviosismo.Aparición de taquicardia o sensación de palpitaciones.Dificultad para iniciar o mantener el sueño, favoreciendo el insomnio.Alteraciones del ciclo normal de sueño y vigilia, así como cambios en la actividad cerebral relacionados con el descanso.Irritabilidad y variaciones en el estado de ánimo.Molestias digestivas, especialmente acidez o reflujo.Disminución del control de los movimientos finos en algunas personas.
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