La zancada de un perro podría ser un signo temprano de demencia

— Agencias 30/06/2026

La forma en que un perro de edad avanzada camina podría ofrecer pistas tempranas sobre la presencia de deterioro cognitivo o demencia canina, según los hallazgos de una investigación reciente.

El estudio, publicado el 24 de junio en la revista Frontiers in Veterinary Science, encontró que la longitud de la zancada de las patas delanteras disminuye conforme los perros envejecen, pero esta reducción es aún más marcada cuando presentan alteraciones en su función cognitiva.

La investigadora principal, la doctora Natasha Olby, profesora de neurología veterinaria y neurocirugía de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, explicó que la disminución de la longitud de la zancada de las patas delanteras está estrechamente relacionada con el deterioro del cerebro. Incluso, señaló que el impacto del deterioro cognitivo sobre la forma de caminar resulta mayor que el efecto del envejecimiento por sí solo.

Los investigadores destacaron que este fenómeno guarda similitudes con lo que ocurre en las personas, ya que algunos adultos mayores comienzan a caminar más lentamente y con pasos más cortos o irregulares varios años antes de desarrollar problemas evidentes de memoria.

Para realizar el estudio, el equipo evaluó a 88 perros de edad avanzada que participaban en un proyecto de investigación sobre el envejecimiento cerebral canino. Todos los animales fueron incorporados al estudio una vez que habían alcanzado aproximadamente el 75 % de la esperanza de vida esperada para su tamaño y raza, lo que equivalía a una edad promedio cercana a los 13 años.

Cada perro fue sometido a una evaluación física y neurológica completa. Además, sus propietarios respondieron cuestionarios destinados a valorar el estado cognitivo de sus mascotas mediante la Escala de Demencia Canina (CADES).

Como parte del protocolo, los investigadores también registraron en video la forma de caminar de los perros. Para ello, los animales recorrieron un pasillo de aproximadamente cinco metros con la correa floja y avanzando a un ritmo natural, mientras se analizaban parámetros como la velocidad y la longitud de sus zancadas.

Los resultados mostraron que la longitud relativa de la zancada de las patas delanteras tendía a reducirse conforme avanzaban las evaluaciones de seguimiento.

Además, esta disminución se relacionó directamente con un empeoramiento de las puntuaciones obtenidas en la escala de demencia. En promedio, por cada incremento de 10 puntos en la puntuación de CADES, la longitud relativa de la zancada de las patas delanteras disminuía alrededor de un 1 %.

En contraste, la longitud de la zancada de las patas traseras permaneció prácticamente sin cambios a lo largo del estudio.

Según Olby, este hallazgo resulta especialmente interesante porque sugiere que el deterioro cognitivo afecta de manera diferente las extremidades delanteras y traseras de los perros.

La especialista explicó que las patas traseras desempeñan principalmente la función de impulsar el movimiento hacia adelante, mientras que las delanteras intervienen además en los cambios de dirección y en el inicio del frenado durante la marcha.

Añadió que la corteza cerebral participa en la integración de información sensorial compleja necesaria para controlar los movimientos de las patas delanteras, por lo que la pérdida de esta capacidad de procesamiento afecta de forma más evidente la coordinación de estas extremidades.

El estudio también encontró que los perros con mayores niveles de dolor presentaban zancadas delanteras más cortas, lo que indica que este cambio en la marcha no siempre se debe exclusivamente al deterioro cognitivo.

Por ello, los investigadores recomiendan que, si los propietarios observan que su perro comienza a dar pasos más cortos con las patas delanteras, acudan a una valoración veterinaria. Este cambio también puede estar relacionado con problemas tratables, como la artritis o enfermedades de la columna cervical.

En caso de confirmarse un diagnóstico de deterioro cognitivo, la doctora Olby señaló que, aunque actualmente no existe una cura para la demencia canina, sí pueden implementarse diversas estrategias relacionadas con el estilo de vida que contribuyan a mejorar la calidad de vida del animal y a retrasar la progresión de la enfermedad.

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