Ciclo menstrual: cómo adaptar la alimentación y el ejercicio a cada fase

— Agencias 29/06/2026

José Manuel Zubeldia, jefe del Servicio de Alergología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, explicó que no todas las reacciones adversas a un medicamento corresponden a una alergia verdadera. Por ello, recomendó realizar una evaluación especializada antes de descartar un tratamiento, ya que una falsa etiqueta de alergia puede impedir el uso de medicamentos de primera elección y obligar a recurrir a alternativas menos eficaces.

Se estima que entre el 15% y el 25% de la población cree ser alérgica a algún medicamento, aunque únicamente entre el 5% y el 10% de esos casos se confirma como una alergia real.

La diferencia entre una reacción adversa y una alergia medicamentosa radica en el mecanismo que la provoca y en las manifestaciones clínicas. Entre los efectos adversos que no corresponden a una alergia se encuentran las molestias estomacales ocasionadas por los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), la intolerancia digestiva a estos medicamentos, así como los mareos y las náuseas asociados al uso de opioides.

En cambio, una alergia medicamentosa solo puede confirmarse cuando se demuestra que existe una respuesta del sistema inmunológico frente al fármaco sospechoso. Para ello es indispensable realizar una valoración especializada tras una reacción compatible con alergia.

Los síntomas varían según el momento en que aparece la reacción

Las reacciones alérgicas inmediatas suelen presentarse dentro de la primera hora después de administrar el medicamento.

Los síntomas más frecuentes incluyen picazón, urticaria y angioedema, mientras que en los casos más graves pueden aparecer dificultad para respirar, mareos, disminución de la presión arterial e incluso anafilaxia.

Las reacciones no inmediatas aparecen después de la primera hora e incluso varios días más tarde.

La manifestación más común es una erupción cutánea, aunque en casos poco frecuentes pueden desarrollarse vesículas y ampollas extensas que provocan lesiones graves de la piel, como ocurre en el síndrome de Stevens-Johnson y la necrólisis epidérmica tóxica.

Estas reacciones tardías también pueden afectar otros órganos y ocasionar fiebre, inflamación de ganglios linfáticos, hepatitis, nefritis y otras complicaciones sistémicas, como sucede en el síndrome DRESS. No obstante, los especialistas destacan que este tipo de cuadros graves son poco frecuentes.

Medicamentos que con mayor frecuencia producen alergias

Los fármacos más asociados con reacciones alérgicas son los antiinflamatorios no esteroideos, entre ellos el ibuprofeno y el ácido acetilsalicílico (aspirina), así como los antibióticos beta-lactámicos, incluida la penicilina.

Además, los expertos señalan que también han aumentado las reacciones alérgicas relacionadas con los medios de contraste yodados utilizados en estudios radiológicos y con algunos medicamentos empleados en tratamientos de quimioterapia.

Cómo se establece el diagnóstico

El médico y profesor de Pediatría Matthew Robson explicó que el diagnóstico comienza con una historia clínica detallada y una evaluación alergológica completa.

Durante la consulta se recopila información sobre los síntomas, el tiempo transcurrido entre la administración del medicamento y la aparición de la reacción, la necesidad de recibir atención médica o acudir a urgencias, así como la evolución del episodio.

Con base en estos datos, el alergólogo determina qué estudios son los más apropiados según el tipo de reacción.

En las reacciones inmediatas suelen emplearse pruebas cutáneas de lectura inmediata, mientras que en las reacciones tardías pueden utilizarse pruebas por punción (prick), pruebas intradérmicas con lectura diferida y pruebas epicutáneas.

En determinadas situaciones también es necesario realizar pruebas de provocación o exposición controlada con el medicamento sospechoso. Estos procedimientos se efectúan bajo estrictas medidas de seguridad y tras valorar cuidadosamente los riesgos y beneficios para el paciente.

Qué sucede si se confirma la alergia

Cuando el diagnóstico confirma una alergia, el paciente debe evitar tanto el medicamento responsable como aquellos con los que exista reactividad cruzada.

Esta situación puede impedir el uso del tratamiento considerado de primera elección y hacer necesario recurrir a otros medicamentos que, en algunos casos, resultan menos eficaces.

Si no existe una alternativa adecuada, puede realizarse un procedimiento de desensibilización para inducir una tolerancia temporal al medicamento y permitir su administración de forma segura.

Los especialistas destacan que esta estrategia es especialmente importante en pacientes con cáncer y en personas con cardiopatía isquémica que presentan alergia a la aspirina y requieren tratamiento antiagregante.

Los riesgos de una falsa alergia

Los expertos advierten que diagnosticar erróneamente una alergia puede tener consecuencias importantes para la salud.

En el caso de los antibióticos beta-lactámicos, incluida la penicilina, una falsa etiqueta de alergia puede llevar al uso de antibióticos más costosos, menos eficaces y con mayor capacidad para favorecer la aparición de resistencia bacteriana.

Además, esta situación se relaciona con un mayor número de complicaciones e incluso con un incremento del riesgo para la vida del paciente.

El problema también afecta al uso de los antiinflamatorios no esteroideos. Considerar equivocadamente que una persona es alérgica a estos medicamentos puede favorecer una prescripción excesiva e innecesaria de opioides para el tratamiento del dolor.

Diversas investigaciones han demostrado que los pacientes etiquetados erróneamente como alérgicos a los AINE presentan un mayor riesgo de desarrollar dependencia a los opioides. Asimismo, esta situación se ha asociado con un incremento de complicaciones cardiovasculares y una mayor mortalidad, debido a que algunos pacientes no pueden recibir tratamientos preventivos con aspirina cuando estos son necesarios.

Por ello, los especialistas insisten en la importancia de confirmar el diagnóstico mediante una evaluación realizada por un alergólogo antes de catalogar definitivamente a una persona como alérgica a un medicamento.

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