Cómo reducir el riesgo de lesiones por sobreesfuerzo en atletas jóvenes

— Agencias 28/06/2026

Las lesiones por sobreesfuerzo representan más de la mitad de las consultas médicas entre atletas jóvenes, de acuerdo con especialistas de Cleveland Clinic.

La institución advierte que la práctica intensiva de un mismo deporte durante todo el año incrementa el riesgo de daños físicos y destaca que los periodos regulares de descanso son esenciales para prevenir problemas a largo plazo, como artritis y tendinitis crónica.

La principal recomendación de los expertos es que los niños y adolescentes que practican una sola disciplina deportiva tomen al menos tres meses de descanso de esa actividad cada año. Esto no significa dejar de hacer ejercicio, sino cambiar de deporte o realizar actividades diferentes que permitan recuperar músculos, articulaciones y huesos sometidos a un esfuerzo constante.

La especialización temprana aumenta el riesgo

Según Cleveland Clinic, enfocarse en un solo deporte desde edades tempranas expone a los jóvenes a repetir los mismos movimientos miles de veces durante meses o incluso años. Este patrón favorece el desgaste progresivo de tendones, músculos y huesos.

El especialista en medicina deportiva Paul Saluan explicó que, además de la repetición de movimientos, factores como la alta intensidad de los entrenamientos, una técnica inadecuada y el deseo de alcanzar rápidamente un alto nivel de rendimiento incrementan la probabilidad de sufrir lesiones.

Por su parte, la médica especialista Molly McDermott subrayó que aprender la técnica correcta antes de aumentar la carga de entrenamiento es fundamental para reducir el riesgo de lesiones. Asimismo, señaló que cualquier regreso a la actividad física después de un periodo de descanso debe realizarse de manera gradual.

Lesiones más frecuentes

Entre las lesiones por sobreuso más comunes en deportistas jóvenes se encuentran la tendinitis de Aquiles, la espondilólisis, las lesiones de los flexores de la cadera y el síndrome de la banda iliotibial.

También son frecuentes el codo y el hombro de las ligas infantiles, la enfermedad de Osgood-Schlatter, la tendinitis rotuliana, la fascitis plantar, la tendinitis del manguito rotador, la enfermedad de Sever, las fracturas por estrés y las lesiones de muñeca.

Los especialistas señalan que estas lesiones pueden afectar prácticamente cualquier parte del cuerpo, aunque las fracturas por estrés suelen presentarse con mayor frecuencia en los huesos que soportan el peso corporal, especialmente en las extremidades inferiores.

Señales de alerta que no deben ignorarse

Los expertos indican que un atleta joven podría estar entrenando por encima de su capacidad si experimenta dolor muscular o articular durante la actividad física, así como rigidez, inflamación o pérdida de movilidad después de los entrenamientos.

Otros signos de advertencia incluyen alteraciones del sueño provocadas por el dolor, cambios en el estado de ánimo sin causa aparente y una disminución en el rendimiento deportivo o incluso académico.

McDermott explicó que muchos niños y adolescentes prefieren ocultar sus molestias por miedo a que les impidan seguir compitiendo. Sin embargo, Saluan enfatizó que el dolor nunca debe considerarse una parte normal del deporte en edades tempranas.

La recuperación también forma parte del entrenamiento

Para disminuir el riesgo de lesiones, Cleveland Clinic recomienda incorporar hábitos de recuperación durante toda la temporada deportiva. Entre las principales medidas destacan:

Reservar al menos un día completo de descanso cada semana.

Dormir entre siete y ocho horas por noche.

Mantener una alimentación equilibrada.

Beber suficiente agua para conservar una adecuada hidratación.

El descanso prolongado que proponen los especialistas tampoco implica abandonar toda actividad física. Por ejemplo, un corredor puede practicar natación para reducir el impacto sobre las rodillas y los tobillos, mientras que otros deportistas pueden aprovechar ese periodo para realizar ejercicios de fortalecimiento muscular.

Los expertos recuerdan que, en el pasado, muchos jóvenes alternaban diferentes deportes según la temporada, lo que permitía distribuir mejor las cargas físicas y disminuir el desgaste asociado a la práctica exclusiva de una sola disciplina.

Los niños son más vulnerables

McDermott explicó que los menores presentan un mayor riesgo de sufrir lesiones por sobreesfuerzo porque sus huesos aún están en desarrollo. Antes de alcanzar la madurez esquelética, los centros de crecimiento son especialmente sensibles al estrés repetitivo.

Ignorar el dolor y continuar entrenando puede tener consecuencias duraderas. El daño articular precoz puede favorecer la aparición de artritis y tendinitis crónica años después.

"Si comenzamos a considerar la recuperación y el descanso como una parte esencial del entrenamiento deportivo, podremos reducir las lesiones por sobreesfuerzo y ayudar a que los niños y adolescentes se mantengan sanos y activos", concluyó McDermott.

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