— Edith Gámez 26/06/2026
La prioridad de Canelo es simple: no perder nunca de vista a su dueño.
Cada domingo, en la parroquia Santiago Apóstol de Monclova, un adulto mayor y su perro se convierten en una escena que detiene miradas. No es la dificultad para caminar lo que más llama la atención: es la forma en que Canelo lo acompaña, lo vigila y parece entender cada uno de sus movimientos sin necesidad de una sola orden.

Un vínculo que conmueve
Sergio Hernández, de 76 años, llega cada domingo a la parroquia Santiago Apóstol apoyado en un aparato para caminar. Vive solo en la zona Centro de la ciudad y acude a escuchar misa y a solicitar el apoyo de la comunidad. A su lado siempre va Canelo, un perro mestizo de alrededor de 4 años que se ha convertido en su único compañero constante.La historia de Sergio podría parecer una más entre las muchas que se escuchan en los atrios de las iglesias. Hace una década sufrió una fractura que soldó mal y hoy necesita una prótesis cuyo costo ronda los 60 mil pesos. No tuvo hijos ni pareja y depende de pequeños apoyos y despensas para sostenerse. Sin embargo, quienes lo conocen suelen hablar primero del perro y después de la necesidad económica.

El perro que no necesita correa
Lo extraordinario de Canelo es que camina sin correa y sin recibir instrucciones visibles. Cuando Sergio entra a la parroquia, el perro se queda afuera. Busca una sombra, se acomoda cerca de la puerta y mantiene la mirada fija en el lugar por donde su dueño volverá a salir. No ladra, no corre detrás de otras personas y rara vez se desvía de la banqueta.En las calles del centro, la escena se repite. Canelo avanza unos pasos, se detiene en las esquinas y observa el tráfico. Sergio asegura que el animal vigila los carros y espera el momento para cruzar. Lo describe como un perro “abusado”, haciendo referencia al término norteño para alguien especialmente listo. La inteligencia del animal no parece aprendida con entrenamiento profesional; nació de la convivencia diaria con un hombre que depende de él para no sentirse solo.

Nunca perderlo de vista
Quienes coinciden con ellos frente a Santiago Apóstol observan detalles que suelen pasar desapercibidos. Si Sergio se detiene, Canelo se detiene. Si tarda en salir de un establecimiento, el perro cambia de lugar para conservarlo dentro de su campo de visión. Si el sol se mueve, busca otra sombra desde donde pueda seguir vigilándolo. La prioridad del animal es simple: no perder nunca de vista a su dueño.Ese comportamiento tiene una explicación emocional. Sergio cuenta que recogió a Canelo cuando era apenas un cachorro. Eran dos perros, pero el otro murió atropellado. Desde entonces, el sobreviviente se convirtió en una presencia inseparable. Para un hombre que vive solo desde hace años, el perro dejó de ser una mascota y pasó a ocupar el lugar de compañero, cuidador y testigo de su rutina.

Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX