— Agencias 25/06/2026
Cada año, cuando bajan las temperaturas, las intoxicaciones por monóxido de carbono vuelven a generar preocupación en Argentina. De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud de la Nación, se estiman alrededor de 200 fallecimientos anuales y unas 40.000 personas afectadas por la inhalación de este gas. A pesar de las campañas de prevención, estos episodios se repiten con frecuencia.
El monóxido de carbono es un gas altamente peligroso porque no tiene olor, color ni sabor, y tampoco provoca irritación, lo que impide que sea detectado por los sentidos. Por ello se le conoce como el “asesino silencioso”. Se produce cuando la combustión de materiales como gas, leña, carbón o kerosene no es completa, lo que puede ocurrir en estufas, calefones, hornos o cualquier artefacto mal instalado o sin mantenimiento.
Aunque el riesgo está presente todo el año, aumenta en invierno, cuando los ambientes permanecen más cerrados y se reduce la ventilación. El uso prolongado de sistemas de calefacción sin revisión adecuada incrementa la probabilidad de accidentes.
En la zona de distribución de Metrogas (Ciudad de Buenos Aires y parte del conurbano bonaerense), se reportaron en 2025 al menos 15 muertes y alrededor de 120 hospitalizaciones relacionadas con este gas. En 2026, se registraron nuevas intervenciones técnicas con decenas de personas afectadas y varios fallecimientos.
Medidas para prevenir intoxicaciones por monóxido de carbono
La prevención se centra en el correcto funcionamiento de los artefactos que usan combustión. Especialistas en seguridad del gas señalan que estufas, calefones, hornallas y termotanques deben ser revisados al menos una vez al año por un gasista matriculado, idealmente antes del invierno. Esta revisión incluye quemadores, ventilación, tirajes y salidas al exterior, ya que cualquier obstrucción puede favorecer la acumulación del gas.
Las rejillas de ventilación también cumplen un papel clave. Mantenerlas bloqueadas, por ejemplo con muebles o coberturas, impide la circulación de aire y aumenta el riesgo de intoxicación. Si no es posible asegurar una ventilación adecuada, se recomienda dejar una ventana ligeramente abierta.
Otro punto crítico es evitar el uso de la cocina o el horno como fuente de calefacción. Estos equipos no están diseñados para ese fin y su uso en espacios cerrados puede generar concentraciones peligrosas de monóxido de carbono. En dormitorios y baños solo deben utilizarse artefactos de tiro balanceado correctamente instalados y mantenidos.
Señales de posible mala combustión
Aunque el gas no se puede detectar por los sentidos, hay indicios de que un artefacto no está funcionando correctamente. La llama debe ser azul, estable y uniforme. Si cambia a tonos amarillos, naranjas o rojizos, puede indicar combustión incompleta.
También es importante observar la presencia de hollín o manchas negras alrededor de estufas o calefones, ya que esto puede ser señal de mala evacuación de gases. Ante cualquiera de estos signos, se recomienda apagar el equipo y solicitar la revisión de un profesional.
Síntomas de intoxicación
Los primeros síntomas pueden confundirse con enfermedades comunes: dolor de cabeza, náuseas, vómitos, mareos, debilidad, confusión o somnolencia. En casos más graves, puede haber pérdida de conciencia, convulsiones e incluso la muerte si la exposición continúa.
La principal dificultad radica en que la persona afectada puede no reconocer el peligro a tiempo debido a la ausencia de olor o señales visibles. Por ello, ante cualquier sospecha, se recomienda ventilar de inmediato el ambiente, salir del lugar, apagar los artefactos y contactar a los servicios de emergencia.
La prevención, el mantenimiento regular y la ventilación adecuada siguen siendo las medidas más efectivas para reducir este tipo de intoxicaciones.
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