— Daniela Cordova 25/06/2026
El rescatista compartió sentirse impresionado pero, no permitió que sus sentimientos nublaran su razón para ayudar al pequeño que se debatía entre la vida y la muerte.
La noticia de que el bebé rescatado de un contenedor de basura llevará su nombre tomó por sorpresa a Elías Antonio Hernández Flores. El joven paramédico de 25 años asegura que jamás esperó un reconocimiento así, pues su labor la realiza "de corazón", sin esperar nada a cambio. Sin embargo, confiesa que saber que el pequeño podría llamarse como él le provoca una profunda emoción y la satisfacción de haber cumplido con su deber: salvar una vida. Aun así, detrás de ese heroico acto permanecen imágenes y sentimientos que difícilmente olvidará.
La impotencia y la tristeza invadieron a Elías en cuanto descubrió que quien lloraba detrás de un contenedor era un recién nacido. Ver a un bebé indefenso, envuelto en una bolsa de plástico y abandonado entre la basura, le estremeció el alma. Padre de dos pequeños, reconoció que el escenario lo golpeó profundamente, pero decidió dejar a un lado sus emociones para actuar con rapidez y profesionalismo. "Sentí el corazón hecho bolita", recordó, convencido de que no podía permitir que el dolor nublara su juicio.

Un llanto entre la basura.
Todo ocurrió la mañana del miércoles en la colonia Independencia Sur, sobre la calle Serapio Rendón, en el municipio de Castaños. Elías explicó que una mujer se acercó para alertarlo sobre extraños ruidos que provenían de la parte posterior de un contenedor de basura. Sin imaginar lo que encontraría, se dirigió al lugar y comenzó a inspeccionar la zona.
Entre ramas y desperdicios localizó una bolsa negra de plástico.
Al acercarse descubrió que en su interior se encontraba un recién nacido con vida. Sin perder tiempo, lo sacó cuidadosamente, limpió sus vías respiratorias y le brindó los primeros auxilios necesarios para estabilizarlo. Minutos después, el menor fue trasladado de emergencia al Hospital Amparo Pape, donde permanece bajo atención médica.

El profesional venció al padre.
Aunque admite que pensó inmediatamente en sus propios hijos, una niña de cinco años y un niño de tres, Elías asegura que en ese momento tuvo que dejar de ser padre para convertirse en el paramédico para el que se preparó durante años.
"Primero que nada era ayudarlo", expresó.
Su objetivo era brindarle el calor humano que le había sido negado y llevarlo sano y salvo a un hospital. Con casi tres años de servicio y experiencia en la atención de cinco partos exitosos, los conocimientos adquiridos durante su formación fueron determinantes para salvar la vida del bebé.

Un futuro lleno de amor.
Lejos de emitir juicios contra la madre del menor, Elías considera que nadie conoce las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. No obstante, espera que algún día reflexione y encuentre arrepentimiento.
Para el pequeño, el paramédico sólo desea una cosa: que encuentre una familia que le abra los brazos y el corazón, y que pueda crecer rodeado del amor que todo niño merece. "Me trajo una felicidad inesperada", confesó Elías, el joven que, entre la basura, decidió aferrarse a la vida y regalarle una nueva oportunidad a un recién nacido.
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