— Agencias 23/06/2026
Aunque muchas personas asocian la diabetes únicamente con niveles elevados de glucosa en sangre, esta enfermedad también puede afectar directamente al sistema nervioso, provocando síntomas que suelen manifestarse primero en los pies y las piernas.
El problema es que estas señales a menudo se confunden con cansancio, envejecimiento o problemas circulatorios, lo que retrasa su detección.
Uno de los signos más frecuentes es el hormigueo persistente en las extremidades inferiores. Esta sensación, descrita como “alfileres y agujas”, puede aparecer de forma intermitente o constante, especialmente durante la noche. Cuando se vuelve repetitiva, puede estar relacionada con neuropatía periférica, una de las complicaciones más comunes de la diabetes.
El daño ocurre porque la glucosa elevada durante periodos prolongados puede afectar tanto a los nervios como a los pequeños vasos sanguíneos que los alimentan, reduciendo su capacidad de transmitir señales de manera adecuada. Este proceso suele desarrollarse de forma gradual y muchas veces pasa desapercibido en sus etapas iniciales.
Además del hormigueo, algunas personas pueden experimentar sensación de ardor o quemazón en las piernas. Este dolor neuropático puede intensificarse durante la noche e incluso hacer que el contacto con la ropa o las sábanas resulte molesto. Aunque no siempre indica diabetes, su presencia junto con factores de riesgo metabólico requiere atención.
Otro síntoma importante es el adormecimiento progresivo de las extremidades. Esta pérdida de sensibilidad puede ser especialmente peligrosa, ya que impide notar heridas, cortes o ampollas, aumentando el riesgo de infecciones y complicaciones si no se detectan a tiempo.
El dolor nocturno también es frecuente. Muchas personas reportan que el malestar, el hormigueo o las sensaciones eléctricas empeoran al acostarse, lo que puede interferir con el descanso y afectar la calidad de vida.
Aunque el proceso suele comenzar en pies y piernas, el daño nervioso puede extenderse con el tiempo a otras zonas del cuerpo, como manos y brazos. Esto puede provocar debilidad muscular, problemas de equilibrio o dificultades para caminar.
En conjunto, estos síntomas no confirman por sí solos la presencia de diabetes, pero sí pueden ser señales de alerta cuando son persistentes o progresivos. Por ello, los especialistas recomiendan consultar a un profesional de la salud si aparecen molestias continuas, cambios en la sensibilidad o heridas que tardan en cicatrizar.
La detección temprana es clave para evitar complicaciones mayores y mejorar el control de la enfermedad en caso de confirmarse un diagnóstico.
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