— Mario Maldonado 20/06/2026
La próxima semana concluirá formalmente uno de los conflictos diplomáticos más simbólicos que marcó la relación entre México y España, principalmente durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Este 25 de junio, el rey Felipe VI será recibido por la presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, en una reunión que representa mucho más que una visita protocolaria asociada al Mundial de Futbol. Detrás de ese encuentro hay seis años de desencuentros y reclamos históricos que está a punto de reconciliación.
Fue López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller quienes abrieron el diferendo en marzo de 2019 al enviar una carta al rey Felipe VI y al papa Francisco para solicitar una disculpa por los agravios cometidos durante la Conquista. La petición provocó un rechazo inmediato del gobierno español y de la Casa Real. A partir de entonces, la relación bilateral quedó atrapada en una discusión histórica que contaminó buena parte de la agenda política entre ambos países.
A pesar del deterioro político de los últimos años, la relación económica nunca dejó de fortalecerse. España se mantiene entre los principales inversionistas extranjeros en México, con un acumulado superior a los 70 mil millones de euros al cierre de 2025, con lo que se convirtió en el segundo destino mundial de la inversión española en el exterior. Además, más de la mitad de las empresas españolas establecidas en México prevé aumentar sus inversiones y contrataciones durante 2026, según el Barómetro sobre el clima y perspectivas de la inversión española en México 2026, elaborado por la Cámara Española de Comercio en México.
Los exabruptos alcanzaron uno de sus momentos más delicados en septiembre de 2024. La decisión del gobierno de Sheinbaum de no invitar al rey Felipe VI a la ceremonia de toma de posesión provocó la ausencia total de la representación oficial española. En España consideraron el gesto como una descortesía diplomática sin precedentes recientes. México sostuvo que la exclusión respondía al contexto heredado de la administración anterior. Lo que parecía el inicio de una nueva etapa de confrontación terminó convirtiéndose en el punto de partida para reconstruir la relación.
Durante los últimos meses se produjo un proceso silencioso de acercamiento. La reunión de Claudia Sheinbaum con Pedro Sánchez en España el 18 de abril de 2026, la visita a México del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, el 29 de abril, y los intercambios diplomáticos fueron generando condiciones para superar el diferendo. Ninguna de las partes podía sostener indefinidamente una confrontación entre dos países con vínculos históricos, económicos y culturales tan profundos.
El momento decisivo llegó este año. En marzo, durante la inauguración de una exposición dedicada a los pueblos originarios de México en Madrid, Felipe VI reconoció públicamente los abusos y excesos cometidos durante la Conquista. No fue la disculpa formal que exigía López Obrador, pero sí el reconocimiento más cercano que la Corona española ha realizado sobre un asunto que durante años evitó abordar públicamente. En Palacio Nacional el mensaje fue interpretado como un buen gesto político.
Y esta semana, Sheinbaum confirmó que durante su encuentro con el Rey Felipe VI volverá a plantear el tema de los pueblos originarios. También destacó la importancia de reconocer la grandeza de las civilizaciones prehispánicas y de mantener vivo ese debate histórico. La diferencia con respecto a los años anteriores es que el objetivo ya no parece ser una disculpa formal. La estrategia cambió. Hoy se busca construir una nueva etapa de entendimiento sin abandonar la narrativa histórica que impulsó López Obrador.
En privado, funcionarios involucrados en la relación bilateral consideran que el encuentro del próximo jueves representa el cierre definitivo del conflicto. Sostienen que España realizó esfuerzos significativos para acercarse a la posición mexicana y que el gobierno de Sheinbaum decidió corresponder esos gestos. La visita del Rey, según esa visión, constituye el punto final de un expediente diplomático que durante años condicionó la relación política entre ambos países.
La reconciliación era inminente. España sigue siendo uno de los principales inversionistas extranjeros en México, con una presencia determinante en sectores como banca, energía, telecomunicaciones, infraestructura y turismo. También es uno de los socios estratégicos de México dentro de la Unión Europea. Durante años, ambos gobiernos mantuvieron una relación económica sólida mientras la conversación política giraba alrededor de agravios ocurridos hace cinco siglos. Esa contradicción resultaba insostenible.
Por eso la reunión entre Sheinbaum y Felipe VI tiene una relevancia que trasciende al Mundial de Futbol y a la agenda ceremonial. Lo que veremos el próximo 25 de junio será la fotografía de una reconciliación política que lleva meses negociándose.
Seis años después de aquella carta enviada por López Obrador a la Corona española, el conflicto parece llegar a su fin para bien de los dos países.
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