— Mario Maldonado 18/06/2026
Donald Trump lleva más de un año y medio construyendo una narrativa contradictoria sobre Claudia Sheinbaum y México. Por un lado, ha elogiado a la Presidenta mexicana con una frecuencia poco común para un mandatario estadounidense. La ha llamado una mujer inteligente, valiente, respetable, buena negociadora y hasta destacó su voz, su carácter y su liderazgo. Por el otro, ha convertido a México en uno de los principales objetivos de su discurso de seguridad nacional, al grado de describir al país como una nación controlada por los cárteles, con un gobierno incapaz de recuperar el control de su territorio.
La declaración de esta semana en el G7, en Francia, resume esa dualidad. Trump aseguró que Sheinbaum es “una muy buena mujer”, pero inmediatamente después afirmó que es “una mujer muy asustada” y que los cárteles “controlan totalmente México”. Es la culminación de una línea discursiva que ha venido construyendo desde el inicio de su segundo mandato.
Desde enero de 2025 Trump ha emitido al menos una decena de elogios directos hacia la Presidenta mexicana. En febrero de ese año, durante una conversación telefónica relacionada con la amenaza de aranceles, le dijo “You’re tough”. Un mes después la describió como una “wonderful woman” y sostuvo que mantenían una relación muy positiva. En distintos discursos posteriores la llamó “a very brave woman”, “a tremendous woman”, “a highly intelligent leader” y aseguró que estaba haciendo un “muy buen trabajo” al frente del gobierno mexicano.
Incluso cuando la presión política sobre México aumentó, Trump mantuvo los elogios personales. En octubre de 2025 afirmó que tenía “gran respeto” por la mandataria. En enero de este año la calificó como una líder “maravillosa y altamente inteligente”. En marzo reiteró que le agradaba mucho, que era una buena persona y una mujer admirable. Las críticas nunca han estado dirigidas directamente a Sheinbaum como figura política, sino al Estado mexicano y a su capacidad para enfrentar al crimen organizado.
La otra parte del discurso de Trump ha sido mucho más agresiva y tiene consecuencias prácticas. Desde el primer día de su administración, Trump firmó la orden ejecutiva que puso en marcha la designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. A partir de entonces comenzaron las referencias a la supuesta infiltración criminal en las instituciones mexicanas. El 1 de febrero de 2025, la Casa Blanca acusó al gobierno de México de mantener una “alianza intolerable” con las organizaciones del narcotráfico. La expresión provocó una reacción inmediata de Palacio Nacional y marcó el tono de la relación bilateral.
La escalada continuó. En marzo de ese mismo año, durante su mensaje ante el Congreso estadounidense, Trump aseguró que el territorio al sur de la frontera estaba dominado por organizaciones criminales y sostuvo que los cárteles ejercían “control total sobre toda una nación”. Meses después afirmó que Sheinbaum tenía miedo de enfrentarlos. En marzo de 2026 fue más lejos al señalar que “los cárteles están dirigiendo México”. Esta semana elevó nuevamente el nivel al declarar que el país había perdido el control de sí mismo.
La aparente contradicción entre elogiar a la Presidenta y cuestionar al país no es accidental. Trump ha encontrado una fórmula política eficaz. Reconoce públicamente a Sheinbaum para mantener abiertos los canales de interlocución, mientras construye un expediente político y narrativo sobre México que le permite justificar medidas cada vez más agresivas en materia de seguridad, inteligencia, migración, comercio y cooperación fronteriza.
Detrás de cada elogio ha venido una exigencia. Esa narrativa es consistente con su intención de rebalancear la relación comercial en el contexto de la revisión del T-MEC, así como con las investigaciones abiertas en Estados Unidos contra políticos mexicanos y con el endurecimiento de la estrategia de seguridad de la Casa Blanca. Los elogios a Sheinbaum han servido para suavizar el tono diplomático y las acusaciones para justificar las presiones.
La declaración en el G7 es la síntesis de una estrategia que Trump ha repetido durante casi año y medio. La Presidenta mexicana es, según sus palabras, una mujer inteligente, respetable y capaz que gobierna un territorio controlado por los cárteles. ¿La defensa de la soberanía es evitar que Estados Unidos intervenga en operaciones contra los criminales mexicanos o que los criminales controlen amplias porciones del territorio nacional?
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