— Agencias 17/06/2026
La anhedonia es una disminución importante de la capacidad para sentir placer o interés por actividades que anteriormente resultaban agradables.
De acuerdo con especialistas de Cleveland Clinic, suele presentarse como un síntoma frecuente de la depresión y de otros trastornos de salud mental. Puede afectar tanto aspectos personales —como la alimentación, la sexualidad o el autocuidado— como la vida social, generando falta de interés por relacionarse o mantener vínculos.
En este contexto, el ejercicio físico puede convertirse en una herramienta de apoyo. No porque elimine automáticamente la anhedonia, sino porque proporciona una estructura basada en rutinas, metas concretas y actividades que pueden mantenerse incluso cuando la motivación es escasa.
¿Cómo se siente la anhedonia?
Muchas personas describen la anhedonia como una especie de “apagón emocional”. No necesariamente implica sentirse triste todo el tiempo, sino experimentar dificultades para percibir entusiasmo, satisfacción o recompensa.
En algunos casos, el problema aparece antes de realizar una actividad: desaparecen las ganas o el deseo de hacer algo. En otros, la persona participa en la actividad, pero no logra experimentar placer durante ella.
Esta diferencia es importante porque muestra que superar la anhedonia no consiste únicamente en mantenerse ocupado, sino en desarrollar estrategias graduales y realistas que permitan recuperar el interés y el bienestar.
¿Por qué es relevante para la salud mental?
La anhedonia no constituye un trastorno independiente, sino un síntoma clínico de gran importancia. De hecho, Mayo Clinic la considera uno de los dos síntomas fundamentales para el diagnóstico del trastorno depresivo mayor.
Cuando se prolonga en el tiempo, puede afectar múltiples áreas de la vida:
Disminuye la energía y la motivación. Reduce el interés por actividades habituales. Favorece el aislamiento social. Afecta la relación con el propio cuerpo y el autocuidado. Puede influir negativamente en el desempeño laboral, académico y personal.
Además, investigaciones recientes han señalado que la anhedonia puede relacionarse con una evolución más compleja de los trastornos afectivos y con un mayor riesgo de conductas autolesivas.
El papel del ejercicio físico
Los especialistas destacan que el ejercicio puede ser especialmente útil porque ofrece actividades concretas, medibles y estructuradas. Caminar, andar en bicicleta, nadar o participar en clases grupales permite mantener cierto nivel de actividad incluso cuando la motivación es baja.
Con el tiempo, estas prácticas pueden ayudar a:
Recuperar parte de la energía física. Mejorar la tolerancia al esfuerzo. Reducir síntomas depresivos y ansiosos. Favorecer la sensación de logro. Incrementar las oportunidades de interacción social.
Diversos estudios han encontrado que la actividad física regular se asocia con mejoras en la salud mental, especialmente cuando se realiza de forma supervisada o en grupo.
Cómo empezar cuando no hay motivación
Uno de los mayores desafíos de la anhedonia es precisamente la falta de ganas. Por ello, los expertos recomiendan:
Comenzar con objetivos muy pequeños y alcanzables. Priorizar la regularidad sobre la intensidad. Elegir actividades sencillas, como caminar algunos minutos al día. Buscar apoyo de familiares, amigos o grupos de ejercicio. Evitar exigir resultados inmediatos.
La meta inicial no es sentir placer de inmediato, sino recuperar gradualmente la capacidad de participar en actividades que favorezcan el bienestar.
La importancia del acompañamiento
Aunque el ejercicio puede ser una herramienta valiosa, no sustituye la atención profesional cuando los síntomas son intensos o persistentes. Los especialistas recomiendan buscar ayuda psicológica o psiquiátrica si la pérdida de interés, la apatía o el aislamiento afectan significativamente la vida diaria.
El apoyo social también desempeña un papel importante. Mantener el contacto con personas de confianza y participar en actividades compartidas puede facilitar la recuperación y reducir la sensación de desconexión.
Un enfoque gradual y realista
Las recomendaciones generales de la Organización Mundial de la Salud sugieren acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana. Sin embargo, en personas con anhedonia, el objetivo principal suele ser comenzar con lo que resulte posible y sostenible.
La recuperación no suele ocurrir de manera inmediata. En muchos casos, el primer paso consiste simplemente en volver a moverse, establecer una rutina y permitir que pequeñas experiencias positivas se acumulen con el tiempo.
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