— Agencias 17/06/2026
La llamada sentadilla asiática o sentadilla profunda consiste en agacharse completamente con los pies apoyados en el suelo y los glúteos cerca de los talones. Aunque es una postura cotidiana en muchas regiones de Asia Oriental, también forma parte de tradiciones de otras zonas del mundo y ha despertado interés por sus posibles beneficios para la movilidad y la independencia funcional.
¿Por qué llama tanto la atención?
En muchas sociedades occidentales, el uso constante de sillas, sofás e inodoros elevados ha reducido la necesidad de adoptar esta posición. Como resultado, muchas personas pierden progresivamente la movilidad necesaria para realizarla cómodamente.
En cambio, en diversos países asiáticos, esta postura sigue utilizándose para descansar, esperar transporte, comer o realizar actividades cotidianas, lo que ayuda a conservar la flexibilidad y el rango de movimiento.
Beneficios potenciales
Los especialistas señalan que la sentadilla profunda puede contribuir a:
Mejorar la movilidad de caderas, rodillas y tobillos. Incrementar la flexibilidad y el rango articular. Fortalecer músculos de las piernas y la zona media del cuerpo. Facilitar movimientos cotidianos como sentarse, levantarse o recoger objetos del suelo. Favorecer la autonomía y la funcionalidad durante el envejecimiento.
Además, algunos expertos consideran que mantener una buena capacidad para realizar sentadillas puede ser un indicador de movilidad general y calidad funcional.
¿Por qué algunas personas no pueden hacerla?
No siempre se debe a falta de condición física. Existen varios factores que influyen:
Rigidez en tobillos, caderas o rodillas. Sedentarismo prolongado. Lesiones previas. Diferencias anatómicas, como la longitud del fémur o la forma de la articulación de la cadera. Problemas de espalda o limitaciones articulares.
Por ello, la incapacidad para realizar una sentadilla profunda no necesariamente indica mala salud.
Cómo practicarla de forma segura
Si quieres desarrollar esta habilidad, los especialistas recomiendan avanzar gradualmente:
Sujetarte de una silla, mesa o barandal para mantener el equilibrio. Descender lentamente sin forzar las articulaciones. Mantener los talones apoyados en el suelo en la medida de lo posible. Permanecer unos segundos en la posición y regresar con control. Repetir varias veces por semana, aumentando progresivamente el tiempo.
La constancia suele ser más importante que la intensidad. Muchas personas observan mejoras en la movilidad después de varias semanas de práctica regular.
¿Quiénes deben tener precaución?
Conviene consultar a un profesional de la salud o fisioterapeuta antes de practicarla si existen:
Dolor en rodillas, caderas o espalda. Artrosis avanzada. Lesiones recientes. Problemas importantes de equilibrio. Cirugías ortopédicas previas.
Lo más importante
La sentadilla asiática no es una prueba definitiva de salud ni una postura obligatoria para todos. Sin embargo, mantener una buena movilidad en caderas, rodillas y tobillos puede facilitar muchas actividades cotidianas y ayudar a conservar la independencia física con el paso de los años. La clave está en trabajar la movilidad de forma progresiva, respetando las limitaciones y características individuales de cada persona.
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