— Agencias 15/06/2026
La dermatóloga Leisa Molinari advirtió que los casos de cáncer de piel han aumentado de manera considerable entre personas menores de 40 años.
Durante una entrevista, explicó que cada vez es más frecuente encontrar pacientes jóvenes con este diagnóstico, una situación que atribuye principalmente a la escasa conciencia preventiva y a la falta de políticas de educación sobre el cuidado de la piel.
Según la especialista, años atrás el cáncer de piel se asociaba principalmente con adultos mayores, pero actualmente los consultorios registran un número creciente de casos en personas de 30 y hasta menos de 40 años. Molinari señaló que factores como una mayor exposición al sol, el incremento de actividades al aire libre y el uso insuficiente de medidas de protección han contribuido a esta tendencia.
La médica destacó que los efectos del sol sobre la piel son evidentes y acumulativos. Como ejemplo, mencionó que basta comparar la piel del rostro con la del abdomen para notar las consecuencias de años de exposición solar. Asimismo, aclaró que muchas manchas y signos visibles de envejecimiento no son consecuencia de la edad, sino del daño provocado por la radiación ultravioleta.
Respecto a la prevención, reconoció que existe una mayor concienciación que en años anteriores, aunque considera que todavía queda mucho trabajo por hacer. Citó campañas internacionales que promueven hábitos simples pero efectivos, como permanecer en la sombra durante las horas de mayor radiación solar o programar actividades al aire libre fuera de los horarios de mayor intensidad del sol.
Molinari resumió las principales medidas preventivas en cuatro acciones fundamentales: buscar sombra, utilizar ropa protectora y sombreros, aplicar protector solar de manera adecuada y evitar las camas de bronceado artificial. Recordó que varios países ya han prohibido estos dispositivos debido a los riesgos que representan para la salud.
La especialista también enfatizó que prevenir resulta mucho más económico y efectivo que tratar un cáncer de piel. Además, desmintió la creencia de que el bronceado es un signo de salud, explicando que en realidad es una respuesta de defensa de la piel ante una agresión solar. Con el tiempo, ese daño puede provocar alteraciones en el ADN celular y favorecer la aparición de tumores cutáneos.
Otro aspecto importante es que el daño solar se acumula a lo largo de los años. Molinari indicó que pueden transcurrir décadas entre una quemadura solar y el desarrollo de un melanoma. Por esta razón, insistió en la importancia de proteger especialmente a los niños, ya que una quemadura durante la infancia puede duplicar el riesgo de padecer melanoma en la vida adulta. Entre las medidas más recomendadas para ellos se encuentran las prendas con protección solar, especialmente para quienes pasan mucho tiempo en el agua.
La dermatóloga también se refirió a la influencia cultural del bronceado, recordando que esta tendencia se popularizó durante el siglo XX y que, aunque ha perdido fuerza en algunos sectores, todavía persisten conductas de riesgo. Incluso mencionó la existencia de la tanorexia, una conducta caracterizada por la necesidad compulsiva de broncearse, reconocida como un problema de salud por sus efectos perjudiciales.
Finalmente, desmontó algunos mitos frecuentes. Subrayó que todo bronceado implica daño cutáneo y que no existe un supuesto “callo solar” capaz de proteger la piel. Asimismo, explicó que para producir vitamina D no es necesario exponerse prolongadamente al sol, ya que unos pocos minutos diarios de exposición incidental suelen ser suficientes para estimular su síntesis.
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