— Agencias 15/06/2026
La comprensión científica del autismo podría estar entrando en una nueva etapa. Una investigación internacional encontró indicios de que el trastorno del espectro autista podría dividirse, al menos parcialmente, en dos subtipos biológicos distintos, un hallazgo que podría contribuir a mejorar los métodos de diagnóstico y favorecer el desarrollo de tratamientos más personalizados.
Desde hace años, los especialistas saben que el autismo se manifiesta de formas muy diversas. Algunas personas presentan mayores dificultades en la comunicación y la interacción social, mientras que otras muestran habilidades particulares y perfiles conductuales diferentes. No obstante, demostrar que estas diferencias tienen una base biológica específica ha sido una tarea compleja.
La nueva investigación aporta evidencia de que parte de esa diversidad podría estar relacionada con distintos mecanismos cerebrales. Para llegar a esta conclusión, los científicos combinaron información obtenida tanto en personas como en modelos animales, lo que permitió identificar patrones cerebrales claramente diferenciados.
Un estudio con más de 900 personas dentro del espectro autista
Los investigadores analizaron imágenes cerebrales de 940 niños y jóvenes diagnosticados con autismo, además de 1,036 personas neurotípicas que participaron como grupo de comparación.
De manera paralela, examinaron 20 modelos de ratones diseñados para reproducir características cerebrales asociadas al autismo. La comparación entre ambas especies permitió determinar si los patrones observados compartían una base biológica común.
Según los autores, esta metodología facilitó la identificación de conexiones cerebrales relacionadas con mecanismos genéticos e inmunológicos específicos.
El neurocientífico Alessandro Gozzi explicó que durante años se había observado una gran variabilidad entre las personas con autismo, pero faltaban pruebas directas que demostraran que esas diferencias respondían a procesos biológicos distintos.
Dos patrones cerebrales diferenciados
El estudio identificó dos grandes firmas de conectividad cerebral.
La primera, denominada hipoconectividad, se caracteriza por una menor comunicación entre distintas regiones del cerebro. Los investigadores encontraron que este patrón estaba asociado con genes relacionados con las sinapsis, estructuras fundamentales para la transmisión de información entre neuronas.
Dado que las sinapsis desempeñan un papel clave en el aprendizaje, el procesamiento de información y la comunicación neuronal, las alteraciones en estos mecanismos podrían contribuir a algunas de las características observadas en determinadas personas dentro del espectro autista.
El segundo patrón fue denominado hiperconectividad. En este caso, las distintas áreas cerebrales muestran niveles de comunicación más intensos de lo habitual.
Los científicos descubrieron que este perfil estaba vinculado a genes relacionados con el sistema inmunológico. Además, las personas que presentaban esta firma cerebral tendían a mostrar indicadores asociados con formas ligeramente más severas del trastorno del espectro autista.
El papel clave de los modelos animales
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la coincidencia de los resultados obtenidos en humanos y ratones.
La neurocientífica Adriana Di Martino explicó que los modelos animales actuaron como una especie de “piedra Rosetta” biológica, ayudando a descifrar los procesos responsables de cada patrón de conectividad cerebral.
Gracias a este enfoque, los investigadores lograron rastrear los mecanismos observados en los animales e identificar señales equivalentes en los escáneres cerebrales de las personas.
La consistencia de los resultados en diferentes especies y bases de datos refuerza la hipótesis de que estos subtipos podrían corresponder a categorías biológicas reales y no simplemente a diferencias estadísticas.
Un descubrimiento importante, pero aún parcial
A pesar de la relevancia de los hallazgos, los autores reconocen que todavía quedan numerosos interrogantes por resolver.
Solo cerca de una cuarta parte de las personas con autismo incluidas en el estudio pudo clasificarse dentro de los grupos de hipoconectividad o hiperconectividad. Esto sugiere que podrían existir otros subtipos biológicos que aún no han sido identificados.
Los investigadores consideran que el análisis de bases de datos más extensas y el uso de tecnologías más avanzadas podrían revelar nuevas categorías en los próximos años.
Hacia tratamientos más personalizados
Uno de los aspectos más prometedores del hallazgo se encuentra en el ámbito terapéutico.
Actualmente, muchas intervenciones dirigidas al autismo se diseñan para una población extremadamente diversa. Si estos subtipos se confirman en futuras investigaciones, podría ser posible desarrollar tratamientos enfocados en los mecanismos biológicos específicos de cada grupo.
Esto representaría un cambio importante respecto al enfoque tradicional, que intenta aplicar estrategias similares a personas con perfiles muy diferentes dentro del espectro autista.
Una tendencia creciente en la investigación del autismo
La búsqueda de una clasificación más precisa del autismo no es nueva. En 2025, otra investigación identificó cuatro posibles tipos de autismo tras analizar cerca de 5,000 niños.
Sin embargo, mientras aquel trabajo se basó principalmente en más de 230 características conductuales, el nuevo estudio se centra en la conectividad cerebral y en los mecanismos biológicos subyacentes.
Otras investigaciones también han sugerido que las características del autismo pueden variar según la etapa del desarrollo en la que aparecen, ya sea durante la primera infancia, la adolescencia o la adultez temprana.
Todos estos esfuerzos comparten un mismo objetivo: comprender mejor la enorme diversidad existente dentro del espectro autista.
El próximo paso
Durante décadas, el autismo ha sido definido como un espectro para reflejar la amplia variedad de formas en que las personas aprenden, se comunican y se relacionan con el mundo que las rodea.
Sin embargo, algunos expertos consideran que esta definición no captura completamente la complejidad biológica de la condición. Por ello, cada vez más grupos de investigación buscan identificar subgrupos con características compartidas que permitan comprender mejor sus causas, evolución y necesidades específicas.
Con ese propósito, los autores del estudio decidieron compartir públicamente los datos recopilados y las herramientas de análisis empleadas, con la intención de facilitar nuevas investigaciones y acelerar futuros avances en el conocimiento científico del autismo.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX