— Paola Sosa 14/06/2026
Nuevas boyas en Río Bravo reactivan críticas por seguridad y ambiente.
EAGLE PASS, Texas.– La llegada de un nuevo cargamento de boyas flotantes al Río Bravo, frente a Piedras Negras, ha reavivado la controversia en la frontera entre México y Estados Unidos. Activistas ambientales, defensores de derechos humanos y autoridades locales del sur de Texas han expresado su preocupación por los posibles riesgos que representa la ampliación de esta barrera, impulsada originalmente por el gobernador de Texas, Greg Abbott, como parte de las estrategias para frenar la migración irregular.
Desde esta semana fueron observados diversos tráileres transportando enormes cilindros flotantes de color naranja hacia Shelby Park, en Eagle Pass, donde permanecerán antes de ser instalados en el cauce fronterizo. El proyecto forma parte de un plan anunciado desde 2025 para extender una barrera flotante a lo largo de aproximadamente 100 kilómetros del condado de Maverick, frente a Piedras Negras.
América García, integrante de la organización Border Vigil, calificó las nuevas estructuras como “cilindros gigantes inseguros” y aseguró que representan una amenaza tanto para migrantes como para las comunidades de ambos lados de la frontera. Según explicó, las boyas observadas recientemente presentan características que generan dudas sobre su calidad, durabilidad y seguridad.
La activista señaló que aparentemente están fabricadas con espuma expansiva recubierta por una capa protectora de grosor irregular, lo que podría acelerar su deterioro bajo las condiciones extremas del clima texano. Incluso advirtió que algunas podrían no resistir más de un año expuestas al intenso calor y a las corrientes del río.
Además de cuestionar los materiales utilizados, García manifestó preocupación por los efectos que podrían producirse durante tormentas, crecidas repentinas o liberaciones de agua desde la presa La Amistad. Debido a su aparente ligereza, las estructuras podrían desplazarse dentro del cauce, alterando el flujo natural del Río Bravo y aumentando el riesgo de inundaciones en comunidades ubicadas aguas abajo.
La activista recordó que estudios previos sobre barreras similares han advertido posibles afectaciones ambientales y daños a infraestructura crítica. Entre las principales preocupaciones se encuentra la posibilidad de que las boyas sean arrastradas por la corriente y golpeen estructuras de los puentes internacionales utilizados para el comercio entre México y Estados Unidos.
Por su parte, el sheriff del condado de Maverick, Tom Schmerber, también expresó reservas respecto al proyecto. Aunque aclaró que la instalación corresponde a decisiones tomadas por autoridades estatales y federales, consideró que la medida podría resultar innecesaria dadas las condiciones actuales de la frontera.
Schmerber señaló que el nivel del Río Bravo permanece relativamente bajo y que la zona ya cuenta con una fuerte presencia de agentes de la Patrulla Fronteriza. Asimismo, advirtió que existe el riesgo de que personas que intenten cruzar el río sufran lesiones graves o incluso pierdan la vida al entrar en contacto con las estructuras flotantes, las cuales incluirían alambre de púas y sistemas de detección de movimiento.
El funcionario agregó que, de registrarse accidentes, daños ambientales o afectaciones a propiedades cercanas al río, podrían surgir protestas de residentes, propietarios de ranchos y autoridades locales. También cuestionó si la inversión destinada a la ampliación de la barrera está plenamente justificada.
La instalación de estas nuevas boyas vuelve a colocar en el centro del debate las políticas de seguridad fronteriza impulsadas por Texas. Mientras organizaciones civiles mantienen sus críticas y el gobierno mexicano continúa cuestionando la legalidad y los efectos de este tipo de medidas, la discusión sobre el equilibrio entre control migratorio, seguridad y protección ambiental continúa escalando en la región fronteriza.
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