¿Tienes un adolescente que asume riesgos? Este químico cerebral podría ser el responsable

— Agencias 13/06/2026

Consumir marihuana o alcohol, fumar, involucrarse en peleas, realizar desafíos peligrosos o relacionarse con personas problemáticas son conductas que suelen asociarse con la adolescencia. Pero, ¿qué impulsa a algunos jóvenes a asumir este tipo de riesgos?

Un nuevo estudio sugiere que la respuesta podría estar relacionada con niveles reducidos de dopamina en el cerebro durante esta etapa del desarrollo.

Los investigadores, cuyos hallazgos fueron publicados el 11 de junio en la revista científica Nature Communications, descubrieron que algunos adolescentes podrían recurrir a conductas de riesgo como una forma de compensar una menor actividad de dopamina, una sustancia química fundamental en el sistema de recompensa cerebral.

La dopamina está estrechamente vinculada con las sensaciones de placer, motivación y satisfacción. Cuando se libera en el cerebro, contribuye a reforzar comportamientos que resultan gratificantes.

Ashley Parr, profesora asistente de psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh y autora principal del estudio, explicó que los resultados indican que ciertos adolescentes podrían buscar experiencias intensas para estimular un sistema de recompensa que funciona a un nivel más bajo durante los primeros años de la adolescencia.

Según la investigadora, este hallazgo desafía la idea tradicional de que una mayor actividad de dopamina necesariamente conduce a un mayor consumo de sustancias.

Para realizar el estudio, los científicos analizaron datos de más de 800 adolescentes que participaban en una investigación de largo plazo sobre el consumo de alcohol durante la adolescencia y la adultez temprana.

Los resultados mostraron que aquellos jóvenes con niveles más bajos de dopamina en los circuitos cerebrales de recompensa tenían una mayor tendencia a experimentar con sustancias como el alcohol o la marihuana en comparación con quienes presentaban niveles más elevados.

Sin embargo, a medida que crecían y sus sistemas cerebrales maduraban, el consumo de estas sustancias tendía a disminuir.

Los investigadores identificaron un grupo específico, equivalente a aproximadamente el 26 % de los participantes, que seguía un patrón denominado “pico juvenil”. En estos casos, el uso de sustancias aumentaba durante la adolescencia, alcanzaba su punto máximo en esos años y posteriormente disminuía al llegar a la mitad de la veintena.

Al inicio del estudio, estos adolescentes presentaban niveles de dopamina considerablemente más bajos que los demás participantes. Con el paso del tiempo, sus niveles aumentaron de manera constante, coincidiendo con una reducción gradual del consumo de sustancias.

Parr destacó que la pregunta más importante no es quién experimenta ocasionalmente con conductas de riesgo, sino quién mantiene o intensifica esos comportamientos hasta la edad adulta. El seguimiento prolongado permitió identificar señales tempranas en el cerebro y en la conducta que ayudan a diferenciar una etapa exploratoria normal de patrones que podrían representar riesgos futuros.

Por su parte, la investigadora Beatriz Luna, también profesora de psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh, señaló que asumir riesgos forma parte del desarrollo normal durante la adolescencia.

Explicó que, para la mayoría de los jóvenes, esta tendencia alcanza un punto máximo y luego disminuye de manera natural con la madurez.

Asimismo, recomendó que los padres ayuden a canalizar la búsqueda de nuevas experiencias hacia actividades positivas, como los deportes en equipo u otras actividades sociales saludables, permitiendo que los adolescentes satisfagan su necesidad de recompensa y emoción en entornos más seguros y beneficiosos.

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