— Mario Maldonado 12/06/2026
El Estadio Azteca ocupa ya un lugar único en la historia del futbol. Ningún otro inmueble había inaugurado tres Copas del Mundo. México tiene razones de sobra para presumirlo. La victoria de la Selección Mexicana frente a Sudáfrica terminó de redondear una jornada cargada de simbolismo para un país donde el futbol es mucho más que un deporte. Por unas horas, el viejo ritual volvió a repetirse. Familias enteras frente a las pantallas, aficionados de todos los rincones del país y una ciudad que, pese a sus problemas, volvió a estar en el centro del mapa mundial.
La imagen del Azteca renovado, los recuerdos de Pelé y Maradona, las referencias inevitables a 1970 y 1986, así como el entusiasmo de miles de aficionados que llegaron desde distintas partes de México y del extranjero, le dieron a la inauguración el tono que buscaban la FIFA y Grupo Ollamani, propietario del inmueble encabezado por Emilio Azcárraga. Sin embargo, detrás de la ceremonia comenzaron a aparecer las grietas de una organización que durante meses prometió una experiencia impecable.
Los accesos registraron largas filas, las revisiones fueron lentas y las vialidades caóticas. Hubo reclamos por la ubicación de asientos y por dificultades para acceder a algunas zonas del estadio. La ceremonia salió adelante, pero la experiencia estuvo lejos de los estándares que la FIFA suele exigir y para la que pagaron los aficionados.
La mayor molestia tuvo que ver con los boletos. Los paquetes Hospitality superaron los 100 mil pesos y muchos compradores descubrieron que la experiencia prometida no correspondía con la realidad. Lo que se vendió como ubicación preferencial terminó siendo, en varios casos, un asiento en las zonas más altas del estadio.
La polémica escaló hasta la conferencia de prensa previa al arranque del torneo. Gianni Infantino defendió los precios bajo el argumento de que corresponden al mercado y que cualquier tarifa menor habría alimentado la reventa. Esto, pese a que Donald Trump declaró que no pagaría mil dólares para asistir a un partido del Mundial. La crítica provino de uno de los presidentes anfitriones y de un aliado político de Infantino, lo que volvió más difícil justificar la estrategia comercial de la FIFA. Carlos Slim Helú también criticó recientemente el exorbitante costo de los boletos del Mundial.
Pero el futbol nunca se limita solo al deporte. En las tribunas también se asomó la política. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum optó por no asistir a la inauguración, uno de los personajes que más atención generó fue Ricardo Salinas Pliego. El empresario apareció con una camiseta marcada con el número 2030 y fue recibido por grupos de aficionados con gritos de “presidente, presidente”. Los videos circularon rápidamente en redes sociales y alimentaron las especulaciones que desde hace tiempo acompañan al dueño de TV Azteca.
La ausencia de la jefa del Estado mexicano tampoco pasó inadvertida. Históricamente, las inauguraciones mundialistas suelen convertirse en escaparates para los presidentes, aunque también en espacios de riesgo político. La memoria guarda ejemplos de mandatarios abucheados en grandes eventos deportivos y, en algunos sectores del estadio, también se escucharon consignas de “Fuera Morena”.
Y mientras todo eso ocurría en las tribunas, en la cancha México cumplía sin entusiasmar del todo. El 2-0 dio tranquilidad y permitió arrancar el torneo con tres puntos, pero no despejó las dudas sobre el funcionamiento del equipo de Javier Aguirre. La exigencia crecerá rápidamente y el partido frente a Corea del Sur será una prueba más exigente para una selección que ganó, pero todavía no convence.
Lo que sí es que la inauguración dejó una fotografía precisa del México de 2026: un estadio convertido en símbolo nacional, una afición que sigue respondiendo como pocas en el mundo, empresarios que coquetean con cargos públicos, un gobierno que prefirió observar desde la distancia y la FIFA concentrada en maximizar el negocio del futbol.
Posdata
Quienes sí estuvieron en el Estadio Azteca fueron varios actores de la clase política. Entre ellos el senador panista y exalcalde de Huixquilucan, Enrique Vargas, quien acudió acompañado de su familia para presenciar el debut de la Selección Mexicana. También apareció el coordinador del Partido Verde en el Congreso capitalino, Jesús Sesma, cuya presencia fue difundida en redes sociales desde las inmediaciones del estadio. En contraste, llamó la atención la ausencia pública de otros personajes cercanos al poder como los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, como Jesús Ernesto López o José Ramón López Beltrán, quienes habían sido mencionados en comentarios y especulaciones como invitados al área VIP.
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