— José Mariano Orozco Tenorio 12/06/2026
Cada día que transcurre se escuchan más voces de reproche por el país que tenemos. Ya sabemos que tenemos el gobierno que merecemos, pero la frustración ciudadana crece por los inumerables conflictos que hay. Empieza a haber una desesperación y frustración peligrosa de la ciudadanía. Es cierto que el pueblo es bueno y el pueblo manda pero es una realidad que este mismo pueblo ha perdido el control.
Primero fue el Poder Ejecutivo, luego el legislativo y después el Judicial; le siguieron instituciones cuya construcción había costado enorme esfuerzo, como: Banco de México, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Comisión Reguladora de Energía, Comisión Federal de Competencia Económica, Instituto Federal de Telecomunicaciones, Comisión Nacional Antimonopolios, Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, entre muchos otros organismos descentralizados y desconcentrados.
Se ha modificado la Constitución, se han reformado leyes secundarias al modo de adaptarlas a conveniencia del gobierno en turno; se han roto los principios democráticos como la no reelección y la doctrina Monroe (de no intervención en política extranjera), se han realizado y aprobado “al vapor” cantidad de reformas en materia fiscal, educativa, agraria, y tecnológica; limitaciones sobre los montos de las pensiones, la extinción de más de 100 fideicomisos que apoyaban la educación e investigación; en fin, los cambios han sido tan acelerados que prácticamente en los últimos 8 años tenemos otro México.
Sin que haya una encuesta que avale la siguiente información, resulta obvio el cansancio de la población por la inseguridad que prevalece en más de la mitad de los estados de la República; en cualquier entidad de la República hay grandes riesgos de asaltos y secuestros, los mismos transportistas trabajan bajo la presión de ser detenidos y asaltados. Es difícil asimilar las amenazas que han hecho diversos actores ante la inauguración del torneo mundial de Futbol: grupos de transportistas, organizaciones campesinas, agricultores, docentes del CNTE, colectivos de madres buscadoras, pensionados de PEMEX, trabajadores de la salud y colectivos en general, son algunos representantes de sectores inconformes con diversas condiciones que hay en su relación con el Gobierno Federal. Para rematar y para reforzar los focos amarillos que se han prendido, está la reciente declaración del Presidente Donald Trump de intervenir por tierra en nuestro país para combatir a los cárteles.
No cabe duda que la situación ha subido de tono y es preocupante. Para donde se mire, hay problemas e inconformidades. Nadie quiere que a México le vaya mal; ni la prensa ni el sector privado; sin embargo, permea en el ambiente una nube gris con presagios nada positivos. ¿Cómo hemos llegado a esto? Hay que reconocer la gran habilidad de algunos dirigentes para ir tomando el control del país a tal grado que ahora la población no sabe qué hacer ni como detener, ni mucho menos regresar al punto que teníamos de democracia.
Es cierto que en la alternancia partidista había corrupción y saqueo de las finanzas públicas, pero había desarrollo, estabilidad económica y cierta seguridad. Hoy en día es difícil circular por las carreteras, incluyendo las de cuota; ahora salir de vacaciones con la familia implica asumir riesgos por la inseguridad. Aquellos mensajes sobre la felicidad del pueblo no son del todo ciertos. No solo no se ha podido combatir la corrupción, sino que lamentablemente ha aumentado, a tal grado que el derecho de piso es ya parte de los gastos fijos mensuales que tienen que planear los comerciantes.
Aquellas clases de Santiago Creel sobre la posibilidad de implementar la resistencia civil eran contempladas como una utopía. Difícilmente podíamos aceptar que se llegara a pensar acudir a la misma estrategia en México. Nos parecía natural en países africanos y algunos en centro y sudamérica pero no en México. Que tristeza que hemos llegado a la necesidad de invocarla y difundirla en la población.
La corrupción y extorsión se ha vuelto cotidianas. Es vergonzoso que para que haya justicia se haya tenido que acudir a otro país extranjero quien ha tenido que solicitar la extradición de funcionarios del gobierno mexicano. ¿Esto es una afrenta al pueblo mexicano por el solo hecho que se quiere dictar sentencias penales por diversos ilícitos, ante la incapacidad y/o falta de voluntad de las autoridades correspondientes? Al contrario, más de la mitad de la población aprueba la injerencia extranjera. Se entiende por Resistencia Civil aquellas actividades políticas y sociales que se llevan a cabo de manera pacífica, libre de toda violencia, para manifestar el descontento del pueblo por una ley o una decisión gubernamental. Aplicando la resistencia civil se pretenden conseguir cambios en las políticas, detener abuso de la autoridad o derogar alguna norma jurídica. Usualmente las estrategias que se utilizan pueden consistir en algunas de las siguientes medidas:
1. Boicot. Llamado a la ciudadanía para no consumir algún producto o rechazar servicios.
2. Desobediencia civil. Postura negativa para cumplir con alguna ley o norma o para no acatar órdenes (como el registro de los celulares).
3. Huelga. Movimientos laborales o estudiantiles.
4. Protestas masivas a través de manifestaciones de repudio, marchas o plantones.
Aunque el foco central es la no violencia, de todas maneras el Código Penal Federal, penaliza la resistencia de particulares, en su artículo 178. Mediante las actividades anotadas anteriormente, se intenta convencer al público y poner en entre dicho la credibilidad. En muchas naciones la resistencia civil está prohibida, sin embargo la principal justificación es que la soberanía reside en el pueblo, tal y como lo promulga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 39, “La soberanía nacional reside esencia y originariamente en el pueblo.
Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste.” Al respecto, no se entiende porque supuestamente se está violentando la soberanía nacional cuando han habido declaraciones de gobiernos extranjeros sobre nuestro país. Como podemos apreciar, desde el punto de vista jurídico la soberanía tiene otra connotación diferente respecto al sentido del que se le está últimamente pregonando.
En el siglo XIX Henry David Thoreau publicó su libro “Resistencia del Gobierno Civil”, que se le considera como el primer tratamiento teórico del tema que nos ocupa. El autor fue encarcelado por negarse a pagar impuestos, así como protestar por la esclavitud, argumentando que el individuo no debe ser cómplice de algún gobierno injusto. Ya en el siglo XX surge la gran figura de Mahatma Gandhi, quien utilizó la técnica de la desobediencia civil para protestar contra el imperialismo inglés en Sudáfrica y en la India. A Gandhi se le debe la creación de la “satyagrapha”, la “fuerza de alma” para rechazar la injusticia social pero sin dañar a su opresor.
Varios sociólogos y políticos no están de acuerdo con Erica Chenoweth (S. XXI) quien sostiene que las manifestaciones desarmadas son más efectivas a las luchas armadas para generar cambios políticos. Esto nos recuerda aquel dicho de “abrazos y no balazos”; quizás de ésta teoría proviene el famoso slogan que tanto daño nos ha hecho.
Martin Luther King Jr. Aplicó en Estados Unidos la estrategia de Gandhi para luchar contra la discriminación racial, aunque penosamente no le sirvió para mantener su vida y terminó asesinado.
En México se le atribuye a Anacleto González Flores, el iniciador de movimientos de resistencia civil particularmente en Jalisco donde convocó a la población a realizar un boicot económico para defender los derechos agrarios e indígenas. Ha habido otros ejemplos de lucha social de 1910 a la fecha, pero ninguno con repercusiones nacionales. La posición actual del Gobierno mexicano es utilizar primero el diálogo y la negociación antes del uso de la fuerza pública. Sin duda es una posición controvertida en la que muchos no estarán de acuerdo. Quizás deberíamos atenernos a la evaluación seria y a la recopilación del sentir del pueblo pero no alzando la mano, sino utilizando encuestas con metodología científica que soporten con evidencias los resultados.
Sea cual fuese la estrategia a utilizar, es un hecho que prevalece un sentimiento de frustración y enojo por muchos factores como la inseguridad, el desempleo, los pobres sistemas de salud, la baja calidad en la educación, la poca atención al campo, la marginación de la cultura y educación superior, el escaso desarrollo de la investigación; en fin, por una gran lista de tareas pendientes y urgentes. Hay que atender esta problemática a la brevedad porque hay demasiados síntomas de descomposición social que aquejan seriamente al país.
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