— Agencias 10/06/2026
Un estudio reciente indica que un medicamento ya autorizado para tratar la esclerosis múltiple podría retrasar de manera importante el avance de la discapacidad en personas con esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP).
Los investigadores informaron en la revista científica The Lancet que los pacientes que recibieron infusiones intravenosas de Ocrevus presentaron una menor probabilidad de empeoramiento de su discapacidad en comparación con quienes no recibieron el tratamiento.
Entre los beneficios observados, los pacientes conservaron una mejor función de las manos y los brazos, además de mostrar una menor necesidad de utilizar silla de ruedas a medida que avanzaba la enfermedad.
Gavin Giovannoni, profesor de neurología de la Queen Mary University of London y autor principal de la investigación, destacó que los resultados demuestran que incluso las personas con formas más avanzadas de esclerosis múltiple pueden obtener beneficios relevantes, especialmente en la preservación de la movilidad y destreza de las extremidades superiores, aspectos esenciales para mantener la autonomía y la calidad de vida.
La esclerosis múltiple primaria progresiva representa entre el 10% y el 15% de todos los casos de esclerosis múltiple. A diferencia de otras variantes de la enfermedad, esta forma se caracteriza por un deterioro continuo de la función neurológica, lo que limita las alternativas terapéuticas disponibles.
Durante años ha existido incertidumbre sobre si los pacientes con estadios más avanzados de la enfermedad podrían beneficiarse de tratamientos como el ocrelizumab. Actualmente, este medicamento se utiliza para tratar formas recurrentes de esclerosis múltiple y actúa eliminando determinadas células del sistema inmunitario implicadas en los procesos inflamatorios asociados a la enfermedad.
Para llevar a cabo el ensayo, los investigadores incluyeron a más de mil pacientes de 22 países. Aproximadamente la mitad recibió infusiones de ocrelizumab cada seis meses durante casi tres años, mientras que el resto recibió un placebo administrado de la misma manera.
Los resultados mostraron que quienes fueron tratados con el medicamento experimentaron una reducción del 30% en el riesgo de progresión de la discapacidad.
Asimismo, el tratamiento disminuyó en un 41% el deterioro de la función de manos y brazos a las 12 semanas y redujo en un 52% la probabilidad de que los pacientes necesitaran una silla de ruedas.
Los beneficios fueron aún más notables entre quienes presentaban signos de inflamación activa en las resonancias magnéticas realizadas al inicio del estudio. En este grupo, el riesgo de progresión de la enfermedad fue un 55% menor.
Catherine Godbold, directora sénior de comunicación científica de la MS Society, señaló que la conservación de la función de las manos y los brazos es fundamental para que las personas con esclerosis múltiple mantengan su independencia.
También destacó que muchos estudios previos han evaluado principalmente la capacidad para caminar como indicador de eficacia, por lo que investigaciones como esta amplían la comprensión sobre otros aspectos importantes de la enfermedad.
Según Godbold, estos hallazgos podrían contribuir a que más personas con esclerosis múltiple primaria progresiva tengan acceso a opciones terapéuticas, especialmente aquellos pacientes que actualmente cuentan con alternativas limitadas de tratamiento.
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