— Salvador García Soto 08/06/2026
En la mira del gobierno de Estados Unidos, investigado por temas de narcotráfico, con la visa estadounidense cancelada y en la parte final de su gobierno --en el que se avizora una derrota para Morena en su estado en 2027--, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, es lo que bien podría llamarse uno de esos políticos pragmáticos, conversos y cuyas “convicciones” se acomodan y se alinean siempre al lado de quien tenga el poder.
El gobernante morenista, que dijo casi “sudar agua bendita”, como respuesta a la información del periodista Steve Fisher de Los Angeles Times, que afirma que Durazo está siendo investigado por participación en el tráfico de drogas y que eso habría provocado la cancelación de su visa de turista y el otorgamiento de un permiso especial para ingresar al territorio de Estados Unidos llamado “Significant Public Benefit Parole”, que se otorga solo a personas que “cooperan con el gobierno de Estados Unidos en beneficio del pueblo”, nunca mostró el documento de su visa.
Su respuesta fue rebatida por el periodista angelino, que reafirmó la veracidad de sus fuentes y sostuvo que, sin poder afirmar que el gobernador sonorense esté o no cooperando con el gobierno de Estados Unidos, el permiso “Parole” es generalmente otorgado a extranjeros que “es aprovechado para personas que no tienen visa pero que necesitan entrar al país para cooperar con autoridades estadounidenses, para declarar ante un gran jurado o para proveer evidencias de alguna persona bajo investigación. Incluso, Fisher afirmó en una entrevista con la periodista Azucena Uresti en Radio Formula, que cuando Durazo ha entrado a ese país --donde es tratado de cáncer de tiroides en la clínica Mayo, de Pohenix--, lo hace con ese permiso e incluso “cuando llega a la frontera con Estados Unidos, a veces es escoltado por autoridades desde la frontera hasta que llega a su destino”.
Formado políticamente en el viejo régimen del PRI, en donde su máximo logro fue haber sido secretario particular del asesinado candidato Luis Donaldo Colosio, Durazo abandonó sus convicciones priistas en medio de rumores y leyendas negras, que nunca le fueron probadas, de haberse quedado con un millón de dólares en efectivo que estaban guardados en la oficina del candidato presidencial del PRI y que, según el mito, desparecieron de la caja fuerte tras el magnicidio de Lomas Taurinas.
Para el año 2000, alejado ya del PRI, cambió sus convicciones para sumarse a la ola panista que llevó a Vicente Fox a la Presidencia de la República y fue vocero en la campaña y secretario particular del primer presidente panista en la historia del país. Se convirtió en artífice y consejero del fallido “gobierno del cambio” y su relación con Fox se fracturó cuando, después de haber contraído matrimonio con su vocera Martha Sahagún, el presidente de las botas comenzó a impulsar la alocada idea de postular a su esposa como candidata presidencial por el panismo.
Argumentando un desacuerdo con la pareja presidencial y con su jefe el presidente, Alfonso Durazo renunció a su cargo en la Presidencia con una extensa carta en la que cuestionaba la idea de la sucesión matrimonial en el poder a la que calificaba como “tentaciones dinásticas” que dañarían la democracia en el país. Su publicitada ruptura le valió una respuesta moderada del presidente Fox diciendo que no compartía los puntos de vista ni las razones de su colaborador para dejar su cargo.
Pero su verdadero encontronazo con Fox ocurrió 16 años después, en el 2020, cuando el político sonorense renunció a la Secretaría de Seguridad federal para irse como candidato a gobernador de Sonora por Morena. “Fracasado e inútil”, lo llamó su exjefe y aseguró que “las ratas son las primeras que saltan del barco cuando se hunde”, a lo que Durazo contestó diciendo que “nada de rata. Ni un solo quinto indebido saqué de su gobierno ni de ningún otro” y le recordó al expresidente que “para tener la lengua larga hay que tener la cola corta”.
Hoy, a menos de un año para las elecciones estatales de 2027, el gobernador morenista enfrenta no sólo los señalamientos sobre investigaciones en su contra en Estados Unidos. Su papel como presidente del Consejo Nacional de Morena y su cercanísima relación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, para quien operó personalmente desde su campaña y como titular de seguridad, están en entredicho ante las sospechas de que pueda estar “colaborando” con el gobierno estadounidense, algo que él niega. Y es que fue Durazo quien operó el famoso “Culiacanazo” aquel 17 de octubre de 2019 cuando el Ejército había capturado a Ovidio Guzmán, por una orden de detención de Estados Unidos con fines de extradición, pero al final el entonces líder de Los Chapitos, fue liberado por órdenes del presidente y de su secretario de Seguridad.
Para colmo, a Morena la oposición le pisa los talones en las encuestas rumbo a la elección del próximo año y el alcalde de Hermosillo, Antonio Aztiazarán, postulado por el PAN, aparece como el favorito rumbo a la gubernatura, a partir de los pésimos resultados que ha tenido el gobierno del morenista en materia de seguridad y los señalamientos de protección y auspicio al Cártel de los Salazar, la organización el narcotráfico que controla y domina la mayor parte de la entidad sonorense.
Así que Alfonso Durazo Montaño tiene razones para estar sudando, y no necesariamente agua bendita. Alguna vez le pregunté a un alto funcionario del gabinete de seguridad de la presidenta Sheinbaum qué pensaba sobre Alfonso Durazo, que entonces era el flamante secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno obradorista. Su respuesta me dejó sorprendido: “Durazo no es una buena persona. Es un hombre que no ama a México”, dijo lacónicamente.
Por esas mismas fechas fui invitado a un desayuno con el titular de la SSyPC, al que llegó fuertemente escoltado. Cuando en la reunión le preguntamos qué pasaba con la política de “abrazos, no balazos” y por qué el presidente defendía los “derechos humanos de los narcos”, el hoy gobernador nos respondió con imprecisiones y vaguedades. Y ante la insistencia de que explicara cómo se aplicaba la estrategia de seguridad y por qué no disminuía la violencia de los cárteles en el país, Durazo respondió tajante: “A ver, yo soy el secretario, pero yo no defino ni dirijo la estrategia contra el narco, eso lo hace el Ejército, ellos son los responsables de la seguridad en el país”. ¿Pero usted es el secretario, entonces qué hace? Y su respuesta lo define de cuerpo entero: “Yo solo soy el que lleva las minutas de las reuniones del gabinete de seguridad, soy una especie de secretario técnico para que me entiendan, pero la estrategia no depende de mí”. Ese es el hombre que, según sus detractores, no ama a México, pero sí al poder y al dinero.
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