— Daniela Cordova 09/06/2026
Cada vez más adolescentes de apenas 12, 13 y 14 años caen en las drogas, arrastrando a sus seres queridos a una lucha desesperada entre la rehabilitación, el miedo y la incertidumbre.
La problemática de las adicciones entre menores de edad se ha convertido en una de las mayores preocupaciones para las familias de Monclova. Casos de adolescentes de apenas 13, 14 y 15 años involucrados en el consumo de drogas, alcohol o conductas de riesgo reflejan una realidad que golpea cada vez con más fuerza a los hogares, donde padres desesperados buscan alternativas para rescatar a sus hijos antes de que la situación termine en tragedia.
La preocupación se intensificó recientemente tras la clausura del centro de rehabilitación “Un Paso a la Vez”, donde fueron localizadas cinco adolescentes de entre 13 y 16 años. Además, un interno murió en el anexo Centro de Fe, Esperanza y Amor a principios de mayo, lugar donde también se encontraban más de una decena de menores. Ambos casos reavivaron el debate sobre las opciones que tienen las familias para enfrentar una problemática que continúa creciendo.
Jóvenes atrapados en una espiral de dolor
Detrás de cada adolescente que consume drogas existe una historia marcada por conflictos familiares, abandono emocional o experiencias traumáticas. Así lo observa diariamente Luis Alvarado, colaborador voluntario de la iglesia Cristo Vive, donde actualmente atienden a jóvenes desde los 13 años de edad.
El propio Alvarado llegó al lugar cuando tenía 16 años y enfrentaba problemas de adicción derivados de resentimientos hacia su padre. Recordó que durante una actividad de la iglesia logró reconocer heridas emocionales que lo habían acompañado durante años y que influyeron en su comportamiento. Su experiencia, asegura, es similar a la de muchos adolescentes que llegan buscando ayuda. A diferencia de los anexos tradicionales, en Cristo Vive los menores ingresan de manera voluntaria y con autorización de sus padres. El programa tiene una duración aproximada de tres meses, durante los cuales permanecen en las instalaciones recibiendo acompañamiento espiritual y orientación personal. Durante ese tiempo participan en estudios bíblicos, actividades grupales, proyección de películas con mensajes de reflexión y reuniones enfocadas en fortalecer valores y relaciones familiares. Alvarado explicó que ningún joven permanece contra su voluntad y que puede abandonar el programa si así lo decide. Además, conforme avanza el proceso, recuperan el contacto con sus familias para favorecer su reintegración.
Heridas que comienzan en casa
De acuerdo con el voluntario, la mayoría de los jóvenes que reciben presentan antecedentes de hogares disfuncionales, ausencia de figuras paternas, violencia intrafamiliar o falta de atención emocional. “Muchos creen que el problema es la droga, pero cuando empiezas a hablar con ellos descubres heridas muy profundas relacionadas con su infancia”, explicó. Incluso señaló que han atendido a personas adultas que, décadas después, continúan afectadas por situaciones vividas durante su niñez, demostrando que el daño emocional puede prolongarse durante toda la vida si no es atendido.
Uno de los fenómenos que más preocupa es la disminución en la edad de inicio del consumo. En Cristo Vive reciben adolescentes desde los 13 años, aunque existen casos de jóvenes que tuvieron contacto con sustancias desde los 12 años. Alvarado relató que algunos menores han crecido en ambientes donde el consumo de drogas forma parte de la dinámica familiar. Incluso recordó el caso de un adolescente cuyo propio padre le dejaba marihuana para consumir cuando apenas tenía entre 12 y 14 años. Estos escenarios muestran cómo algunos jóvenes quedan atrapados en círculos donde las adicciones se normalizan desde edades tempranas, dificultando que identifiquen los riesgos de sus conductas.
El sufrimiento alcanza a toda la familia
Cuando un menor desarrolla una adicción, las consecuencias suelen extenderse a todo su entorno. Los padres enfrentan sentimientos de culpa, impotencia y desesperación al ver cómo sus hijos abandonan la escuela, cambian de amistades o se involucran en conductas peligrosas.
Alvarado recordó casos de padres que han buscado ayuda llorando y suplicando por una oportunidad para rescatar a sus hijos. Sin embargo, también señaló que la recuperación requiere la participación de toda la familia, ya que muchas veces los conflictos que detonaron el problema continúan presentes en el hogar. Por ello, actualmente Cristo Vive solicita que los padres participen en reuniones y actividades paralelas al tratamiento de sus hijos, con el objetivo de fortalecer la dinámica familiar y evitar recaídas.
Anexos, una alternativa que divide opiniones
En medio de la desesperación, muchas familias recurren a centros de rehabilitación convencidas de que representan la única oportunidad para salvar a sus hijos.
La titular de la Procuraduría de los Niños, las Niñas y la Familia, Martha Herrera, sostuvo que la legislación vigente no permite mantener internados a menores de edad en anexos, aun cuando exista autorización de los padres. La funcionaria indicó que los adolescentes pueden recibir tratamientos ambulatorios y acompañamiento especializado, pero no permanecer recluidos en establecimientos no autorizados.
Por su parte, el abogado Miguel Reyna declaro que no es ilegal anexar a un menor y los padres tienen la posibilidad de buscar ayuda especializada para sus hijos cuando enfrentan problemas graves de adicción. Desde su trinchera legal dijo que, el consentimiento de los tutores permite el ingreso de menores a centros que cumplan con los requisitos necesarios para su atención y supervisión. No obstante, también advirtió sobre la necesidad de una vigilancia estricta por parte de las autoridades para evitar abusos, garantizar condiciones dignas y asegurar que los menores reciban atención diferenciada respecto a los adultos.
El riesgo de los centros irregulares
La polémica también ha puesto atención sobre los anexos clandestinos o con deficiencias operativas. Durante este año, dos centros en Monclova fueron objeto de investigaciones y clausuras tras denuncias por presunto maltrato y una muerte registrada al interior de uno de ellos, en ambos permanecían menores de edad.
Estos antecedentes han evidenciado los peligros que enfrentan los adolescentes cuando son ingresados a establecimientos que carecen de supervisión, personal capacitado o protocolos adecuados para atender a menores de edad.
Mientras autoridades, especialistas y organizaciones buscan alternativas para atender el fenómeno, la realidad es que cada vez más adolescentes llegan a edades tempranas al consumo de drogas. Las historias recopiladas en centros de atención muestran que detrás de la adicción suele existir una combinación de abandono emocional, conflictos familiares y falta de apoyo. Factores que, lejos de limitarse al consumo de sustancias, terminan afectando el desarrollo, la salud mental y el futuro de cientos de jóvenes que hoy luchan por salir adelante.
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