— Enrique Irazoqui Morales 05/06/2026
El próximo domingo 7 de junio, Coahuila vivirá una elección que, aunque no pone en juego la gubernatura ni las alcaldías, será determinante para el futuro político inmediato del estado. Los ciudadanos elegirán a los 25 integrantes de la próxima Legislatura local: 16 diputaciones de mayoría relativa y 9 de representación proporcional. El resultado definirá si el gobernador priista Manolo Jiménez Salinas conserva una mayoría cómoda en el Congreso o si Morena y su aliado el Partido del Trabajo, logran consolidar una oposición con capacidad de influir en la agenda estatal.
La elección ocurre en un contexto particularmente interesante. Coahuila sigue siendo el bastión del PRI, donde Morena en la circunscripción local no ha crecido ni remotamente como lo ha hecho nacionalmente, aunque gobierna municipios estratégicos, como Piedras Negras. Para este domingo, la ruptura de las alianzas tradicionales y la fragmentación partidista han provocado que varios distritos aparezcan hoy como auténticos campos de batalla. Uno de esos sin duda es el distrito 9, ubicado en la mancha urbana de Torreón.
Ahí se enfrentan dos figuras con alto perfil mediático: Verónica Martínez García, exsenadora y una de las principales cartas del priismo lagunero, y Antonio Attolini Murra, uno de los políticos más visibles de Morena en la entidad.
La campaña estuvo marcada menos por las propuestas legislativas y más por el intercambio de señalamientos. Attolini centró buena parte de su discurso en cuestionar los años de dominio priista en Coahuila, señalando presuntas redes de privilegios políticos y exigiendo una mayor rendición de cuentas. Del lado priista, Verónica Martínez respondió acusando a Morena de privilegiar la confrontación y la polarización por encima de los resultados concretos.
La intensidad del choque refleja la importancia estratégica del distrito. Torreón representa uno de los espacios urbanos donde Morena ha mostrado mayor capacidad para competir seriamente contra la estructura tradicional del PRI. Una victoria de Attolini sería interpretada como una señal de avance morenista en La Laguna; una victoria de Martínez reforzaría la narrativa de que el PRI mantiene su fortaleza en las zonas metropolitanas del estado.
No solamente en Torreón hay distritos interesantes en términos de competencia. En la Región Carbonífera, el Distrito 6 ofrece quizá la historia política más personal de toda la elección.
Por la alianza PRI-UDC compite Héctor Miguel García Falcón, mientras que Morena apuesta por Antonio Flores Guerra.
Sin embargo, la disputa tiene raíces más profundas.
En 2021, García Falcón perdió la alcaldía de Múzquiz frente a Tania Flores Guerra, hermana de Tony Flores. Aquella victoria convirtió a los Flores en una de las familias políticas más influyentes de la Región Carbonífera. Su cercanía con las altas esferas de Morena le permitió ganar multimillonarios contratos para venderle carbón a la Comisión Federal de Electricidad, incrementando exponencialmente su fortuna y por lo tanto, su capacidad de movilización.
Tres años después llegó la revancha. En la elección municipal de 2024, la esposa de García Falcón, Laura Jiménez Gutiérrez, derrotó precisamente a Tania Flores cuando ésta buscaba la reelección como alcaldesa de Múzquiz.
Así, la elección del Distrito 6 aparece como el tercer capítulo de una rivalidad familiar y política que ha marcado la vida pública de Múzquiz durante el último lustro.
Más allá de los partidos, el resultado permitirá medir cuál de los dos grupos conserva actualmente mayor influencia regional: el proyecto encabezado por los hermanos Flores o el bloque político construido alrededor de Héctor García Falcón y la alcaldesa Laura Jiménez.
Otro foco rojo para los estrategas de todos los partidos es el Distrito 2, con cabecera en Piedras Negras. La elección tiene una lectura que rebasa el ámbito legislativo. En los hechos, funcionará como un referéndum sobre la fuerza política del gobierno municipal morenista frente al liderazgo estatal del gobernador Manolo Jiménez.
Desde que Morena conquistó la alcaldía nigropetense, la ciudad se convirtió en uno de los principales laboratorios políticos del partido en Coahuila. Un triunfo de Morena en el distrito fortalecería la posición del alcalde y confirmaría que la frontera norte del estado se mantiene como uno de los territorios más competitivos – si no que él único relevante- para la llamada Cuarta Transformación.
Por el contrario, si el PRI recupera la ventaja en las urnas, el resultado sería presentado como una demostración de la capacidad de movilización del aparato estatal y de la vigencia de la estructura territorial priista. Además de las torpezas en el ámbito meramente político con el suele desempeñarse el alcalde Jacobo Rodríguez.
A dos días de la jornada electoral, la mayoría de los análisis y sondeos difundidos durante la campaña coinciden en un escenario relativamente favorable para la alianza encabezada por el PRI.
Las proyecciones más recurrentes apuntan a que el oficialismo estatal podría ganar entre 10 y 13 de los 16 distritos de mayoría relativa, mientras Morena tendría posibilidades reales de triunfo en varios distritos urbanos y fronterizos considerados competitivos.
Los distritos 2 y 9 aparecen de manera constante entre los más cerrados, mientras que el Distrito 6 es visto como una contienda de pronóstico reservado debido al peso específico de los liderazgos locales involucrados.
La expectativa general es que el PRI conserve el control del Congreso, habrá que verse si Morena logra crecer un poco. El verdadero interrogante no parece ser quién tendrá mayoría, sino qué tan amplia será esa mayoría y si Morena logrará convertir algunos de estos distritos emblemáticos en plataformas rumbo a las elecciones de 2027.
El domingo por la noche comenzará a despejarse la incógnita. Entonces se sabrá si Coahuila ratifica su tradición priista o si la oposición destartalada da un paso más en la disputa por el último gran bastión electoral del PRI en México, lo cual parece improbable.
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