— Azucena Uresti 04/06/2026
¿Quién diría que Rubén Rocha Moya sería quien terminaría transformando de verdad a la llamada Cuarta Transformación?
Pocas veces en la historia política reciente se ha visto una demostración de lealtad tan absoluta, disciplinada y dispuesta a ignorar cualquier costo político con tal de proteger a una sola persona.
¿Quién diría que Rubén Rocha Moya, maestro de educación básica hasta doctorado —según él mismo ha contado—, rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), gobernador de ese estado y uno de los hombres más cercanos a Andrés Manuel López Obrador, sería quien terminaría transformando de verdad a la llamada Cuarta Transformación? No fueron los desaparecidos. No fueron los asesinados. No fueron los enfermos que esperan medicamentos o atención médica. Tampoco los millones de mexicanos que siguen viviendo en la pobreza. Mucho menos la violencia que desde hace años mantiene secuestradas regiones enteras del país. Fue Rocha.
El mandatario (con licencia) de 76 años, originario de Badiraguato, logró exhibir las contradicciones de un movimiento que prometió ser diferente. Ante los señalamientos provenientes de Estados Unidos contra él y otros nueve funcionarios y exfuncionarios cercanos al poder político en Sinaloa, la reacción y la orden fueron claras: cerrar filas a favor de todos ellos.
La presidenta Claudia Sheinbaum, que durante meses insistió en la importancia de actuar con prudencia y cabeza fría frente a las tensiones con Washington, terminó colocándose en la posición más radical de Morena. El discurso cambió de tono. Tanto que su mensaje en el evento para celebrar sus dos años de gobierno giró en torno a criticar el "injerencismo estadounidense". La discusión dejó de centrarse en los señalamientos y pasó a convertirse en una batalla patriótica donde cualquiera que cuestione la inacción del gobierno puede ser acusado de atentar contra la soberanía nacional.
La llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia de Morena confirmó el viraje. Su primera gran tarea no será fortalecer al partido ni preparar elecciones. Será encabezar una gira nacional de 2 mil 600 asambleas para defender al movimiento y responder a las acusaciones que rodean a varios de sus integrantes.
Las amenazas de Donald Trump, el riesgo para la relación bilateral, las posibles repercusiones sobre el T-MEC y el impacto económico para millones de mexicanos pesan menos que la necesidad de proteger a un grupo político específico.
Mientras tanto, Rocha, quien desató la tormenta, permanece lejos del reflector. Apeló a su licencia, y a sabiendas de que perdió el fuero, no se le ha vuelto a ver en público. Lo mismo que Andrés Manuel López Obrador —artífice de este mal—, quien sigue escondido, y supimos apenas de él este miércoles por la publicación de una carta, sin firma, en donde sólo aviva más el fuego, acusando a los cercanos al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de mal aconsejarlo. El típico López Obrador y su palabrería llena de calificativos. El que acusa y señala sin una sola prueba de sus dichos. El que sigue creyéndose un ser superior.
En fin, en el capítulo más reciente de la trama de los narcopolíticos, el periódico estadounidense Los Ángeles Times ha puesto sobre la mesa los nombres de dos gobernadores más: los morenistas Américo Villarreal (de Tamaulipas) y Alfonso Durazo (de Sonora), mismos que, según el periodista Steve Fisher, han sido privados ya de su visa y son investigados también por Estados Unidos.
Presidenta, trato de entender su postura, pero no puedo. ¿Qué es lo que la ata a ese lastre?
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX