Sheinbaum, las visas y el dilema del Verde

— Mario Maldonado 03/06/2026

En una reunión reciente con integrantes del primer círculo político de Morena, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió a los principales cuadros del movimiento prepararse para disputar todas las posiciones posibles rumbo a las elecciones de 2027. No importó que algunas de esas plazas estuvieran consideradas dentro de los acuerdos históricos con el Partido Verde Ecologista de México o con el Partido del Trabajo. El mensaje fue “ir por todo”.

Entre los asistentes estuvieron figuras con peso dentro de la estructura territorial y electoral del partido, como Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, además de algunos de los coordinadores de circunscripción. La conclusión fue que Morena no puede depender de aliados cuya lealtad se ha vuelto cada vez más relativa y circunstancial. En Palacio Nacional existe la percepción de que tanto el Verde como el PT han empezado a actuar más como socios con agenda propia que como integrantes de un mismo proyecto político.

La molestia no surgió de la nada. La Presidenta aún resiente la forma en que sus aliados se comportaron durante la discusión de la reforma electoral y de otras iniciativas estratégicas impulsadas desde el Ejecutivo. El diagnóstico que circula entre los principales operadores de la Presidenta es que varios dirigentes del PVEM han comenzado a calcular escenarios de supervivencia política frente a un eventual deterioro de la relación entre México y Estados Unidos y ante las investigaciones que avanzan en aquel país sobre personajes ligados a Morena y contra el propio partido.

Ese cálculo tiene además una variable electoral que preocupa a los aliados de Morena. Aunque el partido gobernante conserva una posición dominante en el escenario nacional, diversas mediciones recientes muestran una erosión de la marca Morena. No se trata de un desplome, pero sí de una pérdida de atractivo asociada a factores como la desaceleración económica, la inseguridad persistente y, más recientemente, los señalamientos provenientes de agencias e instituciones estadounidenses sobre vínculos con las organizaciones criminales. En el Verde y el PT crece la percepción de que esa tendencia podría profundizarse conforme se acerquen las elecciones intermedias de 2027.

Por eso la decisión de disputar incluso estados que parecían reservados para el Verde. Quintana Roo es el caso más visible, aunque no el único. También aparecen en el radar entidades como la CDMX, el Edomex, San Luis Potosí, Nayarit y Querétaro.

El senador Luis Armando Melgar ha expresado en distintos momentos posiciones que no coinciden con las de Morena. En la Ciudad de México, Jesús Sesma ha impulsado una agenda distinta a Morena y ha esbozado una posible ruptura, mientras que el Estado de México, José Alberto Couttolenc también ha dejado ver que el Verde buscará sus propias posiciones en 2027.

De acuerdo con fuentes empresariales y políticas consultadas para esta columna, durante las últimas semanas varios empresarios de alto nivel vinculados al partido, así como dirigentes y legisladores ecologistas, han buscado a Jorge Emilio González para plantearle su preocupación. Quieren conocer cuál es la estrategia del partido frente al deterioro de la relación entre Morena y Estados Unidos.

Algunos le han pedido autorización para comenzar a tomar distancia política de Morena. Otros han ido más lejos y han planteado la necesidad de diseñar una ruta de separación gradual antes de que los costos sean mayores.

No es solamente una discusión ideológica o electoral. Hay intereses patrimoniales de por medio. Una parte importante de la dirigencia verde tiene propiedades en Estados Unidos, inversiones familiares, hijos estudiando en escuelas estadounidenses o actividades empresariales que dependen de una relación fluida con ese país. También están quienes viajan constantemente a Florida, Texas o California y observan con preocupación el endurecimiento del discurso político entre ambos gobiernos.

Por eso llamó particularmente la atención una frase pronunciada por Sheinbaum esta semana en torno a que la política requiere valentía y que quienes guardan silencio por temor a perder la visa estadounidense o enfrentar algún tipo de represalia de Estados Unidos prácticamente no tienen cabida en el movimiento.

La observación tenía destinatarios múltiples dentro del oficialismo, pero en el Verde fue interpretada como una advertencia directa, porque si existe una fuerza política dentro de la coalición gobernante cuyos liderazgos mantienen vínculos patrimoniales y personales relevantes con Estados Unidos, esa es precisamente la franquicia del “Niño Verde”.

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