— Agencias 24/05/2026
Imagina que, antes de salir de casa, además de revisar el tráfico o el clima, tuvieras que planear tu ruta según la ubicación de baños públicos, porque en cualquier momento podrías experimentar dolor, urgencia o ansiedad a causa de una enfermedad como la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que incluye la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.
Aunque suele considerarse un problema digestivo, la EII puede afectar mucho más que el intestino. No se limita al dolor abdominal o la diarrea: en etapas avanzadas puede interferir con la vida social, el desempeño laboral, la alimentación, provocar anemia e incluso derivar en cirugías.
Cristian Barajas, responsable del área de gastroenterología en Takeda México, señala que el tratamiento no debe enfocarse únicamente en aliviar síntomas, sino en devolverle al paciente su calidad de vida. Es decir, más allá de lograr remisión clínica, el objetivo es que la persona pueda retomar sus actividades cotidianas.
Uno de los ejemplos más claros del impacto de esta enfermedad es cómo algunos pacientes organizan sus desplazamientos. En casos severos, salir implica ubicar previamente sanitarios disponibles. Incluso existen aplicaciones que permiten trazar rutas considerando baños públicos, ya que muchos pacientes no pueden completar trayectos sin hacer paradas.
La EII también puede alterar profundamente la rutina diaria. Sin diagnóstico o tratamiento adecuado, puede causar un deterioro físico y emocional significativo. Hay personas que, debido a episodios constantes de diarrea, prácticamente no pueden salir de casa.
Además, algunos pacientes comienzan a asociar la comida con el dolor, lo que los lleva a reducir su ingesta. Esto puede desencadenar pérdida de peso, episodios de desnutrición o anemia. En situaciones más graves, pueden requerirse cirugías como la extirpación de parte del intestino y el uso de una bolsa de colostomía.
Un problema importante es que muchos de estos síntomas se normalizan. En México y América Latina, es común que personas con diarrea crónica recurran a remedios o medicamentos sin recibir un diagnóstico oportuno, lo que retrasa el tratamiento adecuado.
Sin embargo, hay un mensaje alentador: cuando se identifica la enfermedad a tiempo y se administra el tratamiento correcto, es posible controlar la inflamación y recuperar la vida cotidiana. Esto no solo implica disminuir síntomas, sino volver a realizar actividades simples como salir sin preocupación, comer sin miedo, trabajar con normalidad y convivir socialmente sin depender de un baño cercano.
En ese sentido, hablar de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal también es hablar de recuperar la libertad. El tratamiento no solo busca controlar la enfermedad, sino permitir que la vida deje de girar en torno a ella.
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