La velada de los nervios y la fe de aficionados

— Agencias 24/05/2026

La tensión podía sentirse desde antes de llegar a Ciudad Universitaria. Los rostros nerviosos, las manos sudadas y las miradas al cielo, reflejaban lo que estaba en juego.

La final entre los Pumas y el Cruz Azul tenía paralizado al futbol mexicano. El 0-0 en la ida dejó todo abierto y convirtió la vuelta en una auténtica prueba de resistencia emocional.

Desde muy temprano, las inmediaciones del estadio comenzaron a llenarse de color. Familias, grupos de amigos y aficionados solitarios caminaron rumbo al Olímpico Universitario con la ilusión a cuestas. Las playeras auriazules dominaron el paisaje, aunque algunos seguidores celestes también aparecieron.

Mientras unos buscaban techo para cubrirse de la lluvia, otros aprovecharon para comer tacos y hablar del partido. Cada conversación tenía un pronóstico distinto. Algunos aficionados universitarios se mostraban confiados; otros preferían mantener la cautela. Del otro lado, la afición cementera repetía una sola frase: "La décima tiene que llegar. Esperemos que no la cruzazuleen".

Las filas crecieron con el paso de las horas. Las entradas cambiaron de manos y la reventa apareció como protagonista habitual de las grandes noches. Hasta 12 mil pesos para El Palomar.

La llegada de los equipos desató el caos. El autobús de los Pumas recibió aplausos, gritos y cánticos de apoyo. El "¡Sí se puede!" bajó con fuerza desde las tribunas y acompañó a los jugadores hasta el vestuario. La ilusión universitaria tomó fuerza.

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