Los hábitos clave para progresar en el running, según entrenadores

— Agencias 20/05/2026

La entrenadora certificada y asesora estadounidense en comunidades de running, Jessie Zapo, señaló que la idea de que entrenar implica realizar actos extraordinarios no coincide con la realidad. Según explicó, el progreso físico se construye principalmente a partir de esfuerzos pequeños pero constantes, repetidos de manera regular.

La constancia como base del running

En este sentido, especialistas recomiendan fijar objetivos alcanzables, como correr al menos tres veces por semana, sin enfocarse demasiado en la velocidad o la distancia. El entrenador de básquetbol escolar Robert Hughes comentó que cualquier actividad adicional a ese mínimo refuerza la identidad como corredor y ayuda a mantener el hábito incluso en semanas difíciles.

El punto clave, según los expertos, es establecer rutinas sostenibles a largo plazo. Aunque cada sesión parezca poco significativa por sí sola, la suma de entrenamientos genera adaptaciones en el cuerpo que se traducen en mejoras progresivas con el tiempo.

Cómo los pequeños hábitos generan progreso

Por su parte, Alex Rothstein, del Instituto Tecnológico de Nueva York, explicó que un solo entrenamiento produce cambios mínimos en el organismo. Para avanzar, el cuerpo necesita estímulos frecuentes, pero también periodos adecuados de descanso que permitan la recuperación y eviten lesiones. Además, advirtió sobre el principio de reversibilidad: cuando no se entrena de forma constante, los avances pueden perderse.

El descanso, especialmente dormir bien, juega un papel fundamental. Diversas investigaciones indican que un sueño de calidad favorece la recuperación, disminuye el riesgo de lesiones y ayuda a mantener la regularidad en el entrenamiento, evitando el agotamiento físico y mental.

Fuerza, movilidad y prevención de lesiones

La evidencia en ciencias del ejercicio también resalta la importancia del fortalecimiento muscular. Una revisión publicada en Translational Sports Medicine indica que incluir entrenamiento de fuerza —ya sea con pesas, ejercicios funcionales o con el propio peso corporal— reduce el riesgo de lesiones y mejora la eficiencia al correr. Con dos sesiones semanales enfocadas en los principales grupos musculares se pueden notar beneficios en la técnica y en la protección de las articulaciones.

Asimismo, trabajar la flexibilidad y la movilidad es fundamental. Actividades como estiramientos, yoga o ejercicios de movilidad ayudan a mantener un buen rango de movimiento y disminuyen la rigidez muscular, preparando al cuerpo para las exigencias del entrenamiento.

Adaptación y planificación flexible

Tanto corredores como entrenadores coinciden en que la capacidad de adaptarse es tan importante como la disciplina. Jamilé Ramírez, fundadora de Waypoint Run Club, explicó que los planes de entrenamiento deben ser lo suficientemente flexibles para ajustarse a imprevistos sin abandonar la rutina. Mantener cierta continuidad permite retomar la actividad sin sentir que se empieza desde cero.

Organizar la semana, anticipar obstáculos y ajustar el entrenamiento según las circunstancias personales ayuda a sostener el hábito sin caer en la frustración o el perfeccionismo excesivo.

Alimentación y hábitos complementarios

Además del ejercicio, la nutrición y la hidratación son fundamentales para el rendimiento. Los especialistas recomiendan priorizar carbohidratos complejos, proteínas magras y una adecuada ingesta de vegetales, lo que contribuye a mantener la energía y favorecer la recuperación muscular. También aconsejan reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, desayunar de forma equilibrada y mantenerse bien hidratado.

Otro aspecto relevante es evitar el sedentarismo fuera del entrenamiento. Permanecer sentado por largos periodos puede disminuir los beneficios del running, por lo que se sugiere incorporar pausas activas durante el día.

Finalmente, contar con la guía de un entrenador o integrarse a grupos de corredores puede facilitar la constancia y mejorar la técnica. El acompañamiento profesional permite ajustar las cargas de trabajo, prevenir lesiones y mantener la motivación, especialmente en etapas más exigentes. Los expertos destacan la importancia de escuchar al propio cuerpo, adaptar la intensidad cuando sea necesario y priorizar la salud por encima del rendimiento inmediato.

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