— Agencias 16/05/2026
Ante las altas temperaturas que se han registrado en gran parte de México y en el contexto del Día Mundial de la Hipertensión, expertos en salud cardiovascular alertan sobre los riesgos que el calor extremo puede representar para personas con presión arterial elevada. Aunque muchas veces se percibe como una simple incomodidad, el aumento de la temperatura ambiental puede convertirse en un factor de riesgo relevante para quienes padecen hipertensión.
Según la Secretaría de Salud, uno de cada cuatro mexicanos vive con hipertensión, una condición clave en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Además, cerca del 46% de quienes la padecen no lo saben, ya que suele avanzar sin síntomas evidentes durante años.
Cuando el organismo se expone al calor, activa mecanismos como la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos para regular su temperatura. Estos procesos obligan al corazón a trabajar más intensamente para mantener la circulación y el equilibrio de líquidos, lo que puede provocar deshidratación, variaciones en la presión arterial y posibles complicaciones cardiovasculares.
El especialista Hugo Palafox señaló que las personas hipertensas deben extremar precauciones durante las olas de calor, ya que la pérdida de líquidos y electrolitos puede dificultar el control de la presión arterial. Por ello, es fundamental adoptar medidas preventivas y reconocer señales de alerta.
Uno de los errores más comunes en esta temporada es el uso excesivo del aire acondicionado. Aunque ayuda a refrescar el ambiente, los cambios bruscos de temperatura entre el exterior y el interior pueden provocar contracciones repentinas de los vasos sanguíneos y afectar la presión. Por esta razón, se recomienda mantener el hogar entre 24 y 26 °C para evitar impactos cardiovasculares.
La alimentación también juega un papel importante. Durante el calor, suele aumentar el consumo de alimentos procesados, botanas saladas y bebidas deportivas, lo cual puede ser perjudicial para personas con hipertensión debido al exceso de sodio y azúcar. El especialista advirtió que las bebidas isotónicas no siempre son necesarias, sobre todo si no se realiza ejercicio intenso.
En cuanto a la hidratación, es esencial consumir agua de manera constante y no esperar a sentir sed, ya que esto indica que el cuerpo ya comenzó a deshidratarse. También se recomienda evitar bebidas alcohólicas o azucaradas, pues favorecen la pérdida o retención inadecuada de líquidos.
La actividad física no debe suspenderse por completo, pero sí adaptarse. Lo ideal es realizar ejercicio en horarios más frescos, como temprano por la mañana o al anochecer, y optar por actividades de menor exigencia cardiovascular, como caminatas en espacios ventilados o natación.
Entre las estrategias menos conocidas para combatir el calor se encuentra el enfriamiento periférico, que consiste en aplicar compresas frías en zonas como muñecas, cuello o detrás de las rodillas, ayudando a disminuir la temperatura corporal sin sobrecargar al corazón.
Asimismo, es importante identificar síntomas que podrían indicar complicaciones y no deben ignorarse, como dolor de cabeza persistente, hinchazón en las piernas, fatiga intensa, dolor en el pecho con sudoración fría o visión borrosa, los cuales requieren atención médica inmediata.
El especialista destacó que el Día Mundial de la Hipertensión es una oportunidad para fomentar la prevención y el cuidado del corazón, subrayando que, aunque el calor aumenta los riesgos, mantener hábitos saludables puede ayudar a controlar la presión arterial incluso en condiciones extremas.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que más de 1,280 millones de adultos entre 30 y 79 años padecen hipertensión, y casi la mitad lo desconoce. En México, datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) muestran que la prevalencia sigue en aumento, afectando a cerca de uno de cada tres adultos.
Esta situación se vuelve más preocupante durante las olas de calor, ya que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte asociada a altas temperaturas, incluso por encima de los golpes de calor, debido a la carga adicional que el cuerpo impone al corazón al intentar regular su temperatura.
La Organización Meteorológica Mundial ha advertido que los años 2025 y 2026 han registrado temperaturas récord a nivel global, impulsadas por el cambio climático, lo que ha hecho que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y prolongadas. Esto representa un reto importante para los sistemas de salud, ya que el estrés térmico se ha convertido en un factor que agrava enfermedades crónicas.
En este contexto, Jean-Luc Eiselé señaló que la crisis climática también es una crisis de salud cardiovascular, ya que cada aumento de temperatura puede elevar el riesgo de muerte por problemas cardíacos. Por ello, la Federación Mundial del Corazón ha pedido incluir la salud cardiovascular en las estrategias de adaptación al cambio climático.
Investigaciones publicadas en The Lancet Planetary Health indican que las noches calurosas son especialmente peligrosas, ya que impiden que el cuerpo reduzca adecuadamente la frecuencia cardiaca y la presión arterial, lo que favorece inflamación y aumenta el riesgo de infartos, especialmente por la mañana.
Finalmente, el uso de dispositivos portátiles o “wearables” ha comenzado a transformar la prevención, ya que permiten monitorear en tiempo real la temperatura corporal y la presión arterial. La American Heart Association ha empezado a recomendar estas tecnologías para personas de alto riesgo durante olas de calor, ya que ayudan a detectar signos tempranos de deshidratación o estrés térmico y facilitan intervenciones oportunas para evitar complicaciones graves.
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