— Agencias 11/05/2026
Los microplásticos ya no representan únicamente un problema ambiental presente en océanos o basureros; actualmente también se encuentran dentro del cuerpo humano, convirtiéndose en una preocupación creciente para la salud pública. Así lo advirtió Axel Reyes Zavala, especialista en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
El investigador explicó que estas diminutas partículas plásticas han sido detectadas en diversas partes del organismo, incluyendo sangre, pulmones, placenta y orina. Según indicó, la contaminación se origina principalmente por el uso masivo de plásticos y por la degradación continua de productos cotidianos.
Producción mundial de plástico sigue aumentando
Reyes Zavala señaló que el problema está estrechamente ligado a la enorme producción global de plástico. Actualmente se generan cerca de 430 millones de toneladas al año en todo el mundo, reflejando la alta dependencia de este material.
El especialista destacó que cada segundo se producen alrededor de 13 toneladas de plástico, lo que provoca que enormes cantidades terminen fragmentándose en partículas microscópicas que contaminan el medio ambiente.
Estas partículas ya se encuentran presentes en el agua, el aire y el suelo, llegando incluso a zonas extremas como el fondo marino y la cima del Monte Everest.
Posibles riesgos para la salud
Aunque las investigaciones continúan, ya existen indicios importantes sobre los posibles efectos negativos de los microplásticos en el organismo.
Entre las afectaciones que más preocupan a los científicos se encuentran problemas relacionados con los sistemas digestivo, respiratorio y reproductivo. Además del daño físico que pueden causar las partículas, también preocupa la presencia de sustancias químicas utilizadas durante la fabricación de plásticos.
Muchas de estas sustancias son consideradas potencialmente tóxicas y podrían representar riesgos para la salud a largo plazo debido a la exposición constante.
Microplásticos en la vida cotidiana
El investigador explicó que los microplásticos no provienen únicamente de bolsas o envases desechables. La ropa fabricada con fibras sintéticas también libera pequeñas partículas que terminan dispersándose en el ambiente y posteriormente ingresan al cuerpo humano.
Asimismo, advirtió que acciones comunes como calentar alimentos en recipientes plásticos podrían aumentar la exposición a estas partículas contaminantes.
Ante esta situación, recomendó reducir el uso de plásticos desechables y adoptar hábitos que disminuyan la liberación de microplásticos.
Necesidad de cambios estructurales
Para Reyes Zavala, el problema supera las acciones individuales y requiere transformaciones profundas en los modelos de producción y consumo.
El especialista considera que avanzar hacia una economía circular —basada en reciclaje, reutilización y reducción de residuos— será fundamental para disminuir la contaminación plástica.
Mientras continúan las investigaciones, el científico subrayó que los microplásticos ya forman parte tanto del entorno como del cuerpo humano, por lo que comprender sus efectos y replantear el consumo de plástico se ha vuelto urgente.
Datos respaldados por organismos internacionales
Las cifras mencionadas coinciden con reportes recientes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Según el organismo, cada año se producen más de 430 millones de toneladas de plástico a nivel mundial y aproximadamente dos tercios corresponden a productos de corta duración o de un solo uso que rápidamente terminan como residuos.
Además, se estima que cerca de 11 millones de toneladas de desechos plásticos llegan anualmente a ríos, lagos y océanos.
De mantenerse las tendencias actuales, la generación de residuos plásticos podría casi triplicarse para 2060.
Impacto climático y contaminación global
La producción de plástico también contribuye al cambio climático, ya que depende principalmente de combustibles fósiles.
Esta situación no solo incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también garantiza que millones de fragmentos continúen degradándose hasta convertirse en microplásticos que terminan ingresando a la cadena alimentaria y al organismo humano.
Evidencia científica reciente
Diversos estudios recientes han reforzado la preocupación sobre la presencia de microplásticos en el cuerpo humano.
En 2024, una investigación publicada en el New England Journal of Medicine detectó microplásticos y nanoplásticos en placas arteriales de pacientes con enfermedades cardiovasculares.
Los resultados mostraron que las personas con acumulación de partículas plásticas en las arterias presentaban un riesgo hasta 4.5 veces mayor de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares o fallecer en los años posteriores.
En el ámbito reproductivo, otro estudio publicado en Toxicological Sciences encontró microplásticos en todas las muestras de placenta humana analizadas.
Entre los materiales más detectados estuvieron el polietileno y el PVC. Los investigadores expresaron preocupación por el posible impacto de estas partículas y de los compuestos químicos asociados sobre el desarrollo fetal.
Investigaciones más recientes, publicadas entre 2025 y 2026, también documentaron acumulación de microplásticos en tejido cerebral humano, con concentraciones que han aumentado notablemente durante la última década.
Los especialistas advierten que la exposición crónica a estas partículas puede provocar estrés oxidativo y daño celular, consolidando a los microplásticos como una de las amenazas emergentes más importantes para la salud pública mundial.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX