¿Te falta el aire? Así afecta el asma a los pulmones

— Agencias 10/05/2026

¿Escuchas silbidos al respirar, sientes presión en el pecho o sufres episodios de tos durante la noche? Estos síntomas podrían estar relacionados con el asma, una enfermedad respiratoria crónica que afecta la capacidad de respirar con normalidad y que, aunque no tiene cura definitiva, puede mantenerse bajo control con tratamiento médico adecuado.

El asma transforma una función básica del cuerpo, como respirar, en una dificultad constante que puede ir desde molestias leves hasta crisis graves capaces de poner en riesgo la vida.

Por ello, conocer cómo funciona esta enfermedad, identificar sus síntomas y saber cómo actuar ante una crisis resulta fundamental para reducir complicaciones y llevar una vida lo más normal posible.

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando una persona tiene asma?

El asma afecta directamente al sistema respiratorio, compuesto por estructuras como las fosas nasales, la faringe, la laringe, la tráquea y los pulmones.

La tráquea se divide en bronquios y bronquiolos, conductos que llevan el aire hasta los alvéolos pulmonares, donde ocurre el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono.

En las personas asmáticas, las paredes de los bronquios se inflaman y se vuelven más gruesas. Además, producen una mayor cantidad de moco espeso y difícil de expulsar.

A esto se suma que los músculos alrededor de los bronquios se contraen, reduciendo el espacio por donde pasa el aire y dificultando la respiración.

Especialistas del Hospital Clínic de Barcelona explican que esta combinación de inflamación, moco y contracción muscular es la responsable de los síntomas típicos del asma.

Síntomas más frecuentes del asma

La Organización Mundial de la Salud señala que los síntomas más comunes incluyen:

Tos persistente, especialmente durante la noche. Silbidos o sibilancias al respirar. Sensación de falta de aire. Opresión o presión en el pecho.

La intensidad de estos síntomas puede variar de una persona a otra. En algunos casos aparecen de forma ocasional, mientras que en otros pueden intensificarse y desencadenar una crisis asmática.

¿Cómo identificar una crisis asmática?

Una crisis asmática ocurre cuando los síntomas empeoran considerablemente y la respiración se vuelve más difícil.

Estas crisis suelen clasificarse en:

Leves: permiten continuar con actividades cotidianas. Moderadas: dificultan realizar ciertas actividades. Graves: impiden hablar con normalidad y pueden provocar labios azulados o pérdida del conocimiento.

Ante síntomas severos o dificultad intensa para respirar, es importante acudir de inmediato a urgencias para recibir atención médica.

Tratamientos disponibles para el asma

Aunque el asma no tiene cura, sí existen tratamientos capaces de controlar los síntomas y reducir el riesgo de crisis.

En la mayoría de los casos, los medicamentos se administran mediante inhaladores, ya que permiten que el fármaco llegue directamente a los pulmones.

Los tratamientos principales se dividen en dos grandes grupos:

Antiinflamatorios

Ayudan a disminuir la inflamación de los bronquios. Entre los más utilizados se encuentran:

Corticoides inhalados. Antagonistas de leucotrienos por vía oral. Broncodilatadores

Relajan los músculos de los bronquios para facilitar el paso del aire.

Pueden ser:

De acción corta: alivian rápidamente los síntomas y se usan como medicación de rescate. De acción prolongada: se utilizan de manera continua para mantener el control de la enfermedad.

También existen broncodilatadores anticolinérgicos administrados por inhalación.

El tipo de inhalador y tratamiento depende de las características de cada paciente y de las indicaciones del especialista.

Recomendaciones para personas con asma

Los especialistas recomiendan identificar y evitar los factores que pueden desencadenar síntomas o crisis asmáticas, entre ellos:

Polen. Ácaros del polvo. Pelo o caspa de animales. Humo de tabaco. Contaminación ambiental. Sustancias químicas irritantes. Infecciones respiratorias.

También es importante consultar con el médico qué tipo de actividad física resulta más adecuada según cada caso.

Aunque se trata de una enfermedad crónica, el seguimiento médico adecuado y el uso correcto del tratamiento permiten controlar el asma, reducir las crisis y mantener una buena calidad de vida y función pulmonar.

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