— Agencias 10/05/2026
Aunque muchas personas usan los términos “ataque de ansiedad” y “ataque de pánico” como si significaran lo mismo, especialistas en salud mental aclaran que existen diferencias importantes entre ambos, especialmente en la intensidad de los síntomas, la duración y la manera en que se presentan. Identificar estas características puede facilitar la búsqueda de apoyo profesional y ayudar a prevenir complicaciones emocionales.
¿Qué es un ataque de ansiedad?
Un ataque de ansiedad suele manifestarse como un periodo de preocupación intensa, tensión emocional o miedo que se desarrolla de manera progresiva. Este tipo de episodio generalmente aparece después de días o semanas de estrés relacionado con problemas laborales, situaciones económicas, conflictos personales o presión académica.
Entre los síntomas más comunes se encuentran pensamientos acelerados, irritabilidad, nerviosismo, sudoración, molestias digestivas, dificultad para dormir y pérdida de apetito. Algunas personas también experimentan palpitaciones o sensación constante de inquietud.
Especialistas explican que el término “ataque de ansiedad” no figura oficialmente como diagnóstico clínico, aunque se utiliza con frecuencia para describir episodios de ansiedad intensa relacionados con la anticipación de situaciones estresantes, como exámenes, entrevistas o presentaciones importantes.
La experiencia puede variar entre personas. Mientras algunas tienden al aislamiento y los pensamientos repetitivos, otras reaccionan con agitación, temblores o enojo.
Ataque de pánico: aparición repentina e intensa
A diferencia de la ansiedad, un ataque de pánico aparece de forma súbita y puede ocurrir incluso sin un motivo evidente. Durante el episodio, el miedo o malestar alcanza niveles muy intensos en pocos minutos.
Las personas pueden sentir aceleración del ritmo cardíaco, presión en el pecho, dificultad para respirar, mareos, sudoración o sensación de pérdida de control. En muchos casos, quienes atraviesan un ataque de pánico creen que están sufriendo un infarto o que podrían desmayarse.
Otra característica importante es su duración. Aunque generalmente dura entre 10 y 30 minutos, los síntomas pueden resultar muy abrumadores y dejar cansancio o miedo a que el episodio vuelva a repetirse.
Los ataques de pánico sí están reconocidos en los manuales clínicos de salud mental. Cuando aparecen de forma frecuente e inesperada, pueden derivar en un diagnóstico de trastorno de pánico.
Diferencias principales entre ansiedad y pánico
La ansiedad suele desarrollarse gradualmente y está relacionada con preocupaciones futuras o acumulación de estrés. En cambio, el ataque de pánico surge de manera repentina y, en ocasiones, sin una causa clara.
Otra diferencia importante es la intensidad de los síntomas. Aunque la ansiedad puede generar malestar físico y emocional, el pánico produce una sensación de peligro mucho más intensa y repentina.
Además, la ansiedad puede mantenerse durante horas o incluso días, mientras que el ataque de pánico suele ser más breve, aunque emocionalmente impactante.
El psiquiatra Petros Levounis, ex presidente de la American Psychiatric Association, explicó que la ansiedad mantiene al cuerpo en un estado prolongado de alerta frente a amenazas percibidas, mientras que el ataque de pánico representa una activación súbita y extrema del mecanismo de “lucha o huida”.
Estrategias para controlar la ansiedad
Especialistas recomiendan disminuir los niveles generales de estrés para reducir la frecuencia de los episodios de ansiedad. Entre las técnicas más utilizadas destacan la meditación, la respiración consciente y la relajación muscular progresiva.
También sugieren fortalecer hábitos de autocuidado, como dormir adecuadamente, reducir el consumo de cafeína, mantener actividad física y seguir una alimentación equilibrada.
Uno de los ejercicios de respiración más recomendados consiste en:
Inhalar durante cuatro segundos llevando el aire al abdomen. Mantener la respiración durante cuatro segundos. Exhalar lentamente durante ocho segundos. Repetir varias veces hasta recuperar la calma.
Qué hacer durante un ataque de pánico
Durante un ataque de pánico, los especialistas aconsejan concentrarse en la respiración para disminuir la sensación de ahogo y recuperar estabilidad física.
Otra estrategia utilizada es la técnica DARE, que propone aceptar temporalmente los síntomas en lugar de luchar contra ellos, recordando que el episodio no representa un peligro real y que desaparecerá en pocos minutos.
También puede ser útil dirigir la atención hacia otra actividad una vez que disminuye el miedo, como caminar, hablar con alguien de confianza o enfocarse en elementos del entorno.
Cuándo buscar ayuda profesional
La ayuda psicológica resulta importante cuando los episodios de ansiedad o pánico afectan la vida diaria, las relaciones personales o el desempeño laboral y académico.
Entre los tratamientos más utilizados se encuentran la terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición, enfocadas en identificar pensamientos negativos y reducir las respuestas de miedo.
En algunos casos, los médicos pueden indicar medicamentos para controlar síntomas intensos, siempre bajo supervisión profesional.
Datos recientes sobre ansiedad y pánico
La Organización Mundial de la Salud estima que los trastornos de ansiedad continúan siendo una de las condiciones de salud mental más frecuentes en el mundo, afectando a más de 310 millones de personas.
Además, estudios internacionales indican que cerca del 30% de los adultos experimentará al menos un ataque de pánico a lo largo de su vida.
Investigaciones recientes de la Harvard Medical School señalan que, durante un ataque de pánico, la amígdala —región cerebral relacionada con el miedo— presenta una hiperactividad que reduce temporalmente la capacidad de razonamiento lógico de la corteza prefrontal. Esto ayuda a explicar por qué resulta tan difícil “pensar con claridad” durante el episodio.
Por otro lado, estudios publicados en The Lancet Psychiatry muestran que la realidad virtual comienza a utilizarse como herramienta complementaria en terapias para trastorno de pánico, ayudando a las personas a enfrentar de manera controlada síntomas como mareos o sensación de asfixia.
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